Tiempo de autonomías en Brasil

“… La situación de los pueblos indígenas es, en este sentido, emblemática. Grupos de la Amazonia- región que representa el 98,5% de las tierras indígenas demarcadas en el país – sufren, por un lado, las invasiones de madereros y mineros, y, por el otro, el acoso de los grandes proyectos de desarrollo – especialmente plantas hidroeléctricas. ¿Qué capacidad tendría el gobierno para garantizar un estudio serio y la mitigación consistente de los impactos si, como ha salido a la luz pública en los últimos meses, muchas de las principales empresas contratistas responsables de estas obras fueron parte de un poderoso cartel que manipuló por muchos años los precios como quiso, al mismo tiempo en que hacía la distribución de donaciones generosas a un grupo inmenso de políticos?
¿Lo que queda ante el abandono y la incredulidad? Resistir, poniendo en riesgo la vida misma. En el norte del país, en las tierras indígenas entre Pará y Maranhão, varios grupos están organizando iniciativas de autodefensa para proteger sus áreas forestales de los codiciosos taladores de madera, abundantes debido a la complicidad de las autoridades locales, la falta de recursos para la inspección ambiental por parte del gobierno federal y la situación aún más precaria de los organismos de ayuda a los pueblos indígenas. En abril, fue asesinado Eusebio Ka’apor, lider de la Tierra Indígena Alto Turiaçu, una de las que viene organizando el proceso de autodefensa y vigilancia territorial en la región…”
 
Tiempo de autonomías en Brasil
 
De manera cabalística, Brasil vive en su 13º año de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) – cuyo número en las boletas electorales es 13 – una situación tan fatídica que no pocos analistas temen la posibilidad de un golpe de carácter similar (legal, pero espurio) al de los que recientemente derrocaron a presidentes en países de América Latina con tradiciones democráticas frágiles como Paraguay y Honduras.
 
Una vez más – y ahora después de un período excepcionalmente breve, ya que en las elecciones de 2014, el llamado a la izquierda del electorado tenía un tono similar, dada la inminente victoria del oponente PSDB – el coro petista ortodoxo de nuevo canta su mantra: “apoyenos de manera incondicional, porque somos la única alternativa a la amenaza que ofrece la derecha”.
 
 
Es un hecho que los sectores que buscan derrocar al gobierno aportan perspectivas aterradoras: en varios episodios de este año, la coalición parlamentaria que une evangélicos, grandes terratenientes (llamados ruralistas), viudas de la dictadura (gente que pide intervención de los militares) y mafiosos en busca de una cortina de humo para salir del centro de atención (por los recientes escándalos de corrupción) ha evidenciado que su proyecto para el país incluye graves retrocesos, que acabarían con los logros de la Constitución de 1988, alcanzando a sectores tan diversos como los quilombolas (cimarrones o palenques) o homosexuales.
 
Pero el gobierno, por su lado, no demuestra capacidad – y muchas veces ni siquiera el deseo – para atender las demandas de los diversos segmentos cuyo apoyo la militancia del PT busca desesperadamente recuperar. No se percibe cualquier convicción de la necesidad de hacer una reforma agraria, demarcar tierras indígenas o imponer normas más estrictas a sectores como el agronegocio o los grandes oligopolios de la comunicación.
 
 
Muchos sectores que han reconocido históricamente en el proyecto del PT la esperanza de finalmente ser atendidos por el Estado, se sienten frustrados y sin perspectivas para dialogar con el gobierno y, lo que es peor, se encuentran expuestos a todo tipo de ataques.
 
La situación de los pueblos indígenas es, en este sentido, emblemática. Grupos de la Amazonia- región que representa el 98,5% de las tierras indígenas demarcadas en el país – sufren, por un lado, las invasiones de madereros y mineros, y, por el otro, el acoso de los grandes proyectos de desarrollo – especialmente plantas hidroeléctricas. ¿Qué capacidad tendría el gobierno para garantizar un estudio serio y la mitigación consistente de los impactos si, como ha salido a la luz pública en los últimos meses, muchas de las principales empresas contratistas responsables de estas obras fueron parte de un poderoso cartel que manipuló por muchos años los precios como quiso, al mismo tiempo en que hacía la distribución de donaciones generosas a un grupo inmenso de políticos?
 
¿Lo que queda ante el abandono y la incredulidad? Resistir, poniendo en riesgo la vida misma. En el norte del país, en las tierras indígenas entre Pará y Maranhão, varios grupos están organizando iniciativas de autodefensa para proteger sus áreas forestales de los codiciosos taladores de madera, abundantes debido a la complicidad de las autoridades locales, la falta de recursos para la inspección ambiental por parte del gobierno federal y la situación aún más precaria de los organismos de ayuda a los pueblos indígenas. En abril, fue asesinado Eusebio Ka’apor, lider de la Tierra Indígena Alto Turiaçu, una de las que viene organizando el proceso de autodefensa y vigilancia territorial en la región.
 
Como el famoso dicho popular brasileño “é tempo de murici – cada um cuida de si” (en tiempo de nanche – que cada quien se planche): la ausencia de gobierno impulsa los procesos autonómicos. En otras regiones fuera de la Amazonia – donde la tónica para los indígenas es de absoluta falta de tierra, ya que en estas zonas la colonización ha sido mucho más intensa y los procesos de demarcación de tierra normalmente son frenados en las cortes – la parálisis del poder federal motiva ocupaciones, exponiendo a las comunidades a conflictos con terratenientes empoderados por la bonanza económica que el agribusiness ha experimentado (paradójicamente) en los últimos 13 años.
 
 
Sobre todo, en Mato Grosso do Sul, en el sur de Bahía, en el oeste de Paraná los conflictos se han vuelto cada vez más frecuentes y violentos. Desde finales de agosto, en una sola región, el sur de Mato Grosso do Sul (frontera con Paraguay), al menos cinco ataques ocurrieron en cuestión de semanas. A finales de agosto los Guarani Kaiowá de la comunidad de Nhanderu Marangatu (municipio de Antônio João) han ocupado las sedes de las fincas que están en un área de 9300 hectáreas cuya demarcación se encuentra en discusión en los tribunales desde hace diez años.
 
En 29/8, los terratenientes, con el apoyo de parlamentarios e incluso de un grupo de élite de la policía local, se enfrentaron con los nativos, tratando de recuperar la tierra. En la confusión, fue asesinado el joven Simeão Vilhalva. Tras el episodio, nuevos ataques se registraron en las comunidades de Guyra Kambyi (Douradina), Pyelito y Mbarakay (Iguatemi) y Potrero Guasu (Paranhos). El balance es de decenas de heridos en estos conflictos. En todas estas áreas, la motivación de los indígenas a la ocupación es la misma: los procesos de demarcación de tierras son detenidos durante años, y las comunidades, como una vez escuché en México de un indígena guerrerense, “están cansadas de estar cansadas”.
 
 
Las perspectivas para el futuro próximo son de más problemas y riesgos para las comunidades de todo el país. Animados por el fortalecimiento de los conservadores en el escenario político nacional, sectores protofascistas están cada vez más agresivos. Es tiempo de murici, tiempo de cuidarnos unos a los otros.
 
 
Autor: Spensy Pimentel
Periodista y Antropólogo brasileño. Ha Colaborado con publicaciones independientes de Brasil como Caros Amigos, Brasil de Fato, Carta Capital, Retrato do Brasil, entre otras. Acompaña a los Guarani Kaiowa, de Mato Grosso do Sul, divulga su problemática y su proceso autónomo
Publicado el 21 de octubre de 2015
 
* murici es el nombre brasileño de la Byrsonima crassifolia, conocida en Mexico y la America Central como nance, nanche o changunga
Gracias a Ernenek Mejía, por la ayuda con la traducción de las expresiones sobre el nanche y la revisión del texto.
 

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