«Yo estoy de paso … si no cuidamos el territorio vamos a terminar mendigando en Cali”. Cristina Bautista, hermana mayor y vuelo

Hoy 12 de noviembre en su cumpleaños, queremos compartir otras puntadas del tejido de lucha de nuestra compañera Cristina Bautista Taquinás. En palabras de su hermana menor, Amalfi Taquinás Bautista y de sus compañeras Yoly Astrid Chantre Salazar y Claribel Musicue Casso, nos sumergiremos en pequeñas e impactantes circunstancias que marcaron su compromiso territorial y su vocación comunal. 

Cada acto de digna rebeldía desde el silencio y la palabra debería convocar la crítica y la autocrítica frente al sistema patriarcal, colonial, estatal, capitalista que nos habita. Cada tristeza y alegría tendría que contagiar de valentía para abordar contradicciones desde nuestro ser/hacer/liberar como mujeres que somos en territorios recuperados. Cada incomodidad y desafío debería develar las formas de dominación que reproducimos a nombre de la “autoridad” para empezar a sanarnxs con la comunidad. Reconocer y nombrar nuestras heridas tendría que servir para curarnos y no para señalarnos. Esto es lo que nos inspira “la resistencia dentro de la resistencia” que tanto nombró Cristina Bautista Taquinás y que su hermana y sus compañeras apenas alcanzan a esbozar contándonos de su vocación y trayectoria comunitaria, de sus logros en medio de las adversidades y de los desafíos que siguen pendientes para que las mujeres podamos seguir en movimiento.  

Cristina Bautista Taquinás, una mujer de incontenible fuerza espiritual, marcó el camino para empezar a liberarnos del machismo y del autoritarismo; ofrendó su vida junto a Asdrúbal Cayapu, Eliodoro Finscué, José Gerardo Soto y James Wilfredo Soto por defender y cuidar su territorio; dejó un legado que sólo será olvidado cuando aceptemos inermes las relaciones de poder que nos someten para que a nombre de la” inclusión de género” nos den la vocería permitida por todos los sistemas de dominación. 

Las y los invitamos a con-movernxs con las luchas de Cristina, que sin duda nombran otras resistencias y rebeldías que ahora mismo estarán irrumpiendo en otras partes del “mundo mundial”. Las y los invitamos a dejarse impregnar de su memoria, de su camino y de su espíritu para que en comunidad y desde las mujeres, jóvenes y guardias, desde el territorio y para siempre, sigamos cumpliendo con Cristina y que esto nos haga sonreír mientras enfrentamos tejiéndonos en lucha…viviendo como el pueblo que podemos y tenemos que ser.

I. Testimonio de Amalfi Bautista Taquinás, Resguardo Indígena de Tacueyó

Palabra dulce

Le gustaba hacer de todo, no se complicaba. Le encantaba leer, ella tiene muchos libros. Nos dejó muchos libros para leer. Lo que más compartía con nosotros era su sonrisa, su alegría, las ganas de vivir, de soñar, de luchar. Ella tenía muchos sueños, siempre pensaba en grande, decía que si uno tenía un sueño debía pensar en algo grande así le costara. Ella siempre estaba sonriente. Al lado malo le buscaba el lado bueno. Yo nunca la llegué a ver enojada. Cuando ella lo veía a uno enojado, ella buscaba la forma de hacerlo reír para hacerlo olvidar. Ella era de un carácter único. Para todo buscaba solución, nunca la llegamos a ver enojada. 

En su trabajo le tocó asumir un carácter fuerte para hacerse respetar de algunxs que la irrespetaron como autoridad. Y así mismo con las decisiones que se tomaban en colectivo, así mismo debían cumplirse. A pesar de ese carácter fuerte que le tocó asumir, nunca la llegamos a ver brava o de mal genio. 

Siempre tuvo buena relación con sus vecinxs, amigxs y familia. Ella siempre fue un ejemplo, nos dejó muchas enseñanzas. Siempre estaba allí para aconsejarnos, para hablarnos, para abrazarnos. Ella era muy amorosa. Es una persona que nos deja muchos vacíos en nuestras vidas. Uno no encuentra palabras para describir como era ella como hermana. Era única, siempre nos preguntaba cómo estábamos: ¿hola hermanita, por qué está triste, por qué está contenta?. Era como esa forma.

Amarguras que perduran

Tuvo muchas dificultades porque habían compañeros que no la dejaban trabajar como a ella le gustaría trabajar con la comunidad, pero no hablábamos mucho de su trabajo. Ella vivía bastante estresada. Llegaba triste y llorando, pero decía que no podía contarnos lo que estaba pasando. Entonces cuando llegaba a la casa tratábamos de no preguntarle del trabajo y más bien ayudábamos a `desestresarla`, a hacerla reír. Ella tenía muchos problemas y dificultades en su cargo pese a que ella hacía bien su trabajo.

Lo que le molestaba en la organización era la hipocresía, ella decía que había mucha gente que por delante le decía una cosa y por detrás decía otra. Había gente que jalaba para un lado y para el otro. Ella le ponía mucho empeño al trabajo pero siempre habían personas hipócritas y eso siempre la afectaba. Uno la veía llorando o a veces pensativa por esa dificultad en su comunidad. Ella decía que a su comunidad le faltaba mucha conciencia con los cultivos de uso ilícito, porque la mayoría de los problemas que habían en los territorios era por culpa de esos cultivos. 

Ella aquí en nuestra vereda quiso hacer conciencia, pero a veces la trataban mal. Una vez le dijeron que por qué se metía si ella no sabía, que mejor porqué no se callaba y tiraba ese palo, así le dieron en una reunión cuando ella estaba con su chonta (bastón de autoridad). A uno eso le dolía porque la comunidad era inconsciente y ella aconsejaba con mucho amor, pero recibía malos tratos cuando hablaba de ese tema. 

Hasta hoy en día a mi me duele porque ella dio la vida y la mayoría de problemas que aún tenemos es por los cultivos de uso ilícito y aún así la comunidad no toma consciencia y sigue sembrando como si no hubiera pasado nada. Uno se pregunta ¿cuántos muertos más tienen que haber para que la comunidad tome consciencia acerca de esos cultivos?. Esto es algo que no se puede tapar, no se puede ocultar. Uno quisiera que la gente piense de otra manera y entienda que uno puede salir delante de otra manera, pero a veces es como imposible decirle a la comunidad que hay otras salidas, cuando ellos no lo ven así. 

Sueños en camino

Defender su territorio era uno de sus sueños, pero a veces yo no entendía. Yo le decía: Cristina ¿usted por qué lucha?, salgase de allá, usted está arriesgando su vida. Ella me decía: de aquí a mañana nos sacan de este territorio y tenemos que ir a vivir a las calles de Cali o de Santander a pedir limosna. Por eso hay que luchar por nuestro territorio. Ella tenía muy claro eso, la lucha por el territorio. Ella quería sacar la comunidad adelante, ella decía que se podían cambiar los ´cultivos ilícitos´, que se podría hacer y que teníamos que luchar por una comunidad. 

A ella le gustaba mucho viajar. Ella decía que no se veía en un hogar ni con niños. La vida para ella era viajar. Ella conoció muchas partes de Colombia, le gustaba la aventura. Ella se iba en motos, semanas a conocer y voltear. Incluso una vez se llevó a mis papás a Santa Marta, Barranquilla, Cartagena, conocieron diversas ciudades. Ella decía que esa era la vida de ella, también luchar por las mujeres maltratadas. Soñaba con sacar adelante a sus sobrinos, ella decía que el papá de los niños no estaba (murió en un accidente) pero que ella les iba a llevar a la Universidad. 

Ella también quería crear una empresa de costura, pensando en las mujeres víctimas del conflicto armado. Tuvimos dos profesores enseñándonos trazo y corte de ropa para mujeres. Kiwe Ate, así le puso el nombre a la empresa, teniendo en cuenta mujeres cabeza de hogar y a sus hermanas. Nosotros empezamos la construcción, no la terminamos. Allí está pero yo no me siento capaz de sacar adelante ese sueño. Cuando yo cojo esa máquina me pongo a llorar, me acuerdo de ella porque me aconsejaba, me decía que había que luchar, siempre que yo estaba en esas máquinas. 

Es difícil ahora que ella no está, ella era quien nos daba esa fuerza para luchar, para soñar. Es injusto que las personas buenas se vayan. Como me decía un primo: los buenos se van, los buenos no duran, yo prefiero ser malo. Cristina era tan buena, ¿por qué se fue?, a veces uno no entiende los misterios de la vida. Para mí no se ha ido, a veces me siento afuera de la casa para esperar que llegue.

Puntadas femeninas

Ella se tejió con las mujeres del territorio a través de su tesis de grado, pues la hizo sobre el conflicto armado que había dejado familias dolientes. Ella visitó muchas familias, muchas mujeres, decía que allí se dio cuenta que las mujeres sufrían mucho del machismo, del maltrato. Ella soñaba con un futuro mejor para las mujeres, para que no dependiéramos solo de los hombres, porque las mujeres también sabemos trabajar, defendernos solas, tener nuestros propios recursos.  Ella soñaba con capacitar a las mujeres, que estudiaran, que aprendieran música, que no se quedaran allí. 

Muchas eran madres cabeza de familia y a veces les tocaba muy duro trabajar en el campo, entonces ella quería buscar otras formas de conseguir recursos. Soñaba con un cambio en las mujeres. Desde que ella no está el grupo de confección de ropa de nuestra vereda no se ha vuelto a reunir. Yo me siento impotente, me pregunto qué estoy haciendo, era el sueño de mi hermana, pero a veces siento que no soy capaz de sacarlo adelante. Soñaba con lo  mejor para las mujeres. Decía que no debíamos dejarnos maltratar, pegar, que nosotras nacimos para hacer cosas grandes. ¿por qué una mujer no puede llegar a ser presidenta, gobernadora?. Ella siempre abría el espacio, decía que una mujer porqué no podía estar si tenemos la misma capacidad y hasta más. De esa forma se vinculó con las mujeres. 

Ella conoció a muchas mujeres y se dio a conocer. El movimiento de la Mujer Nasa Hilando Pensamiento la postuló en la asamblea donde seleccionaron a quienes representarían a la comunidad. Allá en el polideportivo la escogieron, pero ese día ella ni siquiera fue a la asamblea. Luego hubo otra reunión y le dijeron que si quería participar como candidata para Newesx (autoridad propia). Ella dijo que: si es la voluntad de Dios, yo quedaré. Mi mamá le dijo: Cristina pues es su decisión, nosotros apoyamos lo que usted decida. En esos días que había aceptado la postulación de las mujeres, la llamaron desde España para ofrecerle un trabajo desde Naciones Unidas y le iban a pagar muy bien. Ella le contó a mi mamá y concluyó: si la voluntad de Dios es que yo le sirva a una comunidad pues me van a elegir. Y si no, pues no me elegirán. 

Haceres colectivos 

El día de la elección hubo mucha gente, mucha votación y ella ganó junto a otrxs que se convertirían en autoridades del resguardo de Tacueyó en Toribío Cauca. En la tarde llegó y me dijo: Ay hermanita quedé. Uno sentía esa alegría, pero quién se iba a imaginar que esa alegría se iba a convertir en nuestros peores días. Si ella nunca hubiera ido a ese polideportivo y no hubiera aceptado, seguramente ella estaría aquí con nosotros. Quién se iba a imaginar lo que iba a pasar. Así fue como llegó a ser autoridad. 

Su compromiso con la Guardia Indígena fue constante, ella se preocupaba mucho porque ellxs eran quienes cuidaban día y noche el territorio y a veces no tenían ni para comer. Por eso ella quería que las y los guardias indígenas también tuvieran condiciones y oportunidades para sus familias. Ella fue muy cercana a lxs cuidadores del territorio y les acompañó cada vez que pudo. Incluso la noche anterior a la masacre que cobró la vida de ella y de 4 guardias indígenas, ella estuvo acompañando en el sitio de control de la guardia, aunque no le tocaba turno ese día, ella como autoridad preocupada por el riesgo dadas las amenazas, ella no dudó en amanecer vigilando como siempre lo hace la guardia.

Una vez me llamaron desde Popayán, desde una fundación que se llama Thé Wala, unos jóvenes me contaban que Cristina los había llevado allá para que salieran de las drogas, para que se rehabilitaran. Unos decían: nosotros estábamos amenazados de muerte, pero nunca nadie nos había mirado y nos había dicho: vamos a hacer algo con ustedes los jóvenes.  Ella escogió 24 jóvenes, los que estaban más avanzados y los trajo a esa fundación. Otros decían: ya terminamos el bachillerato, ya tenemos una técnica gracias a Cristina. A pesar de que nosotros éramos lo malo de la comunidad, ella fue quien creyó en nosotros y nos dio una oportunidad porque nosotros podíamos cambiar. Ella venía, se sentaba con nosotros allí en la fundación y nos hablaba de muchas cosas. 

A pesar de que fue muy poco tiempo el que alcanzó a estar en el cargo, yo me encuentro gente que dice: ella me ayudó en eso, me ayudó en lo otro. Pese al poco tiempo, dejó personas marcadas. Ella llegó mirando el lado malo de la comunidad para ir viendo cómo cambiarlo, cómo a las mujeres maltratadas y a los jóvenes que consumían droga. Uno se queda aterrado de escuchar de todo lo que hizo mi hermana en tan poco tiempo.

II. Testimonio de Yoly Astrid Chantre Salazar, Resguardo Indígena de Tacueyó.

Retorno al territorio

Ella salió del resguardo desde niña a trabajar para ayudarle a su familia, para conseguir oportunidades de estudio hasta que logró graduarse como Trabajadora Social en la Universidad del Valle. Cuando regresó al territorio estaba con mucho ánimo de escuchar y vivenciar todo lo bonito que en la academia hablaban de la organización. Estando afuera había escuchado de lo linda y organizada que era la lucha nuestra, pero cuando llega encuentra altos índices de machismo, desigualdad, ausencia de oportunidades para los jóvenes, drogadicción, conflicto armado, reclutamiento de menores, madres solteras, conformación de parejas a temprana edad… Decía que esos problemas debían hablarse desde la escuela, los colegios, que debía haber un pensum que hable de género, de las mujeres y que las oriente. 

Ella inicialmente llega en el 2016 a ser apoyo desde Enlace de Víctimas en la Alcaldía de Toribío y desde allí se  da cuenta de todas esas violencias. Muy preocupada empezó a alentar a las mujeres para que no se quedaran calladas, para que opinaran, para que hablaran, en realidad inició todo un proceso de concientización con las mujeres. En el 2017 ella creía que la iban a tener en cuenta otra vez desde la Alcaldía para continuar ese proceso, incluso presentó un proyecto, pero no fue así. Aunque no le pagaron todo lo que ella usó en los recorridos y le quedaron debiendo hasta gastos de transporte, ella se acercó y reactivó más a las mujeres motivando y caminando. A pesar de que ella andaba sin plata ella no abandonó el proceso con las mujeres y trabajando de la mano con todas logró convocarnos y juntarnos como movimiento pese a todas las adversidades. 

Movimiento de las mujeres

La lucha de nosotras viene desde la Cacica Gaitana, pero no se consolida por falta de apoyo y de oportunidades que nos niegan los mismos líderes, como consecuencia del patriarcado histórico que existe. Las mujeres se habían querido organizar muchas veces, pero siempre habían vivido los mismos señalamientos que hoy enfrentamos y por eso desistieron. El proceso de mujeres nacía y volvía a decaer. Sin embargo, cuando llegó Cristina nos juntamos unas mujeres, varias jóvenes con ideas nuevas. Ella planteó que la idea era reactivarnos. Así entre todas decidimos que el proceso se llamaría Movimiento de la Mujer, porque si  queríamos fortalecer la raíz, debíamos retomar el nombre histórico que le habían dado las mayoras. Además porque la primera organización de mujeres en el Cauca también había nacido en Toribío y desde allí había germinado desde lo  zonal a lo regional. Entonces, en memoria de las mayoras le anexamos al nombre: Hilando Pensamiento, porque en el tejido de la vida necesitamos juntar cada puntada hasta encontrar la verdadera unidad entre mujeres a nivel local, zonal, regional, nacional e internacional.  Para nosotras era una estrategia, pues analizábamos que las mujeres estábamos muy divididas, cada una por su lado y estábamos perdiendo la sensibilidad a los dolores de muchas.

Cristina soñaba en grande, sus sueños volaban muy lejos por un futuro en equilibrio y armonía para las mujeres con igualdad de oportunidades. Ella soñó nuestro plan de acción donde lo más importante era llegar a las mujeres de cada vereda, atraerlas con distintas estrategias, porque parecía no importarles la situación a las mismas mujeres, sobre todo por los señalamientos que en ese entonces le hacían a este movimiento. Muchas nos miraban como las que dividíamos y muchas veces nos tocó escuchar a líderes diciéndonos: “las subversivas”, pero Cristina sólo sonreía.En concreto, nos reactivamos cuando llegó Cristina, pues ella estaba muy preocupada porque ya para el 2016, Toribío estaba ocupando el segundo lugar en violencia sexual a nivel del país. Además anteriormente había una participación de mujeres pero no había esa participación con autonomía, sino que hablaban el mismo idioma de los líderes. Yo conocí a muchas mujeres que decían aquí estamos las mujeres, estamos presentes, pero repetían el mismo discurso machista. Hicimos muchos análisis y Cristina invitaba a las mujeres a no callar más. 

Recuerdo hoy una experiencia desagradable que viví en mi trabajo de ese momento. Yo estaba psicológicamente mal en la oficina, estaba mal de salud y fuera eso me habían pedido la carta de renuncia, aún teniendo un problema de salud pendiente. Pero eso no era lo más duro sino la humillación y desvalorización de lo que yo hacía. En ese momento llegó ella y me preguntó lo que me pasada. Yo no pude y solté en llanto, pues sentía que me ahogaba. Me dijo: “vamos que las mujeres estamos reunidas donde Doña Carmelina. Cuéntele a las mujeres para ver si así entienden realmente la situación de las mujeres”. Me fui con ella, en ese espacio me pude desahogar y ella expuso allí un tema más amplio sobre estas problemáticas. Ella vivía preocupada porque había visto mucho dolor en los recorridos que había hecho. Porque el machismo es todavía muy fuerte en las comunidades y muchas mujeres siguen en silencio. Ella añoraba conocer los territorios autónomos de las zapatistas, ese era otro de sus sueños, pues  había leído mucho sobre ellas y las luchas. “Son grandes sus logros. Nosotras tenemos que unirnos, porque ellas lograron mucho pero unidas”. También decía que nuestro movimiento de mujeres tenía que ser conocido en todo el mundo, más porque nació en Toribío y ésta es la cuna de la resistencia de las mujeres.

Quienes no tienen precio no se venden

Teníamos muchas necesidades. Nos faltaba un espacio propio. Nos reuníamos en el parque, en las esquinas de las tiendas y en algunas casas a veces sin almuerzo. Me comentó que un grupo armado -talvez los mismos que la callaron- la había abordado y le había dicho: “si ustedes necesitan plata digan que nosotros podemos apoyarlas a cumplir todos sus sueños”. Analizamos y concluimos que debemos tener conciencia, porque esa no se negocia con nada.

Ella caminaba el territorio sin quejarse y sin cansarse.Muchas veces la encontré caminando desde Toribío hacia Tacueyó mojada y con hambre. Recorría todo el municipio. Siempre nos decía: “No se cansen de luchar”, como si supiera que nos nos acompañaría mucho tiempo. “Y si algún día yo me bajo de este tren en alguna estación, ustedes continúen el viaje. No sé, pero yo aquí no me quedo mucho tiempo. Yo estoy de paso”. En medio de sus conversas y pensando que desde allá se podrían hacer grandes proyectos por las mujeres, una vez dijo: “quiero llegar al senado, o la cámara o ser embajadora”. Mientras caminaba el territorio se llenaba de tristeza viendo que el pueblo cada día se degradaba más en medio de los llamados cultivos ilícitos y las consecuencias que esto traía a las familias.

El 28 de octubre, un día antes de la masacre, fue la última vez que hablamos. Respondiendo a su llamado fui a verla y cuando llegué ella iba saliendo con su bastón, entonces me dijo: “voy a ver que pasa con esa camioneta que hace más de una hora esta allá abajo”. La tomé del brazo, le dije que no fuera y que llamara a la guardia para que investigara.  Me contestó: “desde hoy en adelante no voy a exponer más a la guardia. No quiero un guardia más muerto, si he de donar mi vida lo hago. Ya lo hablé con Dios, pero ni un guardia más asesinado”. Yo sabía de sus tristezas y sus impulsos, entonces logré detenerla conversándole del tema de mujeres y no la dejé salir. Me comentó lo dura que estaba la situación: “No sé como vaya a terminar esto, pero hay que estar preparados. Hay que rodear más a la guardia indígena porque ellos están poniendo el pecho para defender la vida y el territorio. Y me duele mucho porque ellos aguantan hambre y no tienen un pago. Muchos sacrifican sus familias por la comunidad, pero quienes los amenazan y los asesinan, son los mismos comuneros  a quienes ellos cuidan.” 

Amenazas y presentimientos 

Muy preocupada por toda la situación me dijo que necesitaba un transporte urgente, porque ya le daba pena molestar tanto pidiendo que la llevaran y la trajeran. Le ofrecí llevarla en mi moto cuando yo estuviera desocupada, pero la rechazó para no exponerme: “Hay cosas que yo no he dicho y las prefiero callar. Hasta es delicado que a ustedes los vean conversando con nosotros porque les puede pasar algo. Amenazaron hasta a los domicilios de motos y les han prohibido que nos transporten”. Ese día hicimos la solicitud para que ella sacara una moto a crédito. También me recomendó continuar la lucha y fortalecer al Movimiento de las Mujeres: “Pese a las situaciones que hay que pasar no podemos desfallecer.  Yo sé que usted y Claribel hacen buen equipo, una joven y una mayor pueden hacer escuela. Yo confió en usted”. 

Le dije que ella nos hacía mucha falta en el movimiento, que no nos dejara tan solas, porque desde que había asumido el rol de autoridad, la sentíamos lejos. Ella respondió: “No es fácil, pero así no esté con ustedes, yo las tengo presentes. Inclusive ya he socializado a mis demás compañerxs autoridades y les he solicitado que dejemos un recurso aquí en Tacueyó para el trabajo con las mujeres, porque Toribío y San Francisco los deja. Pero es difícil, yo estoy aquí de paso, no vine para quedarme. Estoy cumpliendo un propósito que Dios me ha encomendado, pero vaya donde vaya siempre estaré con ustedes. A veces pienso que yéndome lejos podré ayudarlas más. Cuando termine el mandato que me delegó la comunidad podré hacer muchas cosas por las mujeres y así algún día veré brillar la luz de las mujeres”. Ella quería reunirse con las mujeres, lo había programado varias veces, pero no la esperaban. Ella tenía mucho que recomendar, pero faltaba también voluntad de entender y comprender su trabajo. 

Tenía mucho por contar. Si hubiera sabido que era la última conversa, me hubiese quedado toda la noche para acompañarla y escucharla más, porque desde que entró como autoridad no habíamos podido hablar. “Lo único que le digo Yoly, es que si la comunidad no reflexiona sobre lo que estamos viviendo después de todo lo que ha pasado, no sé que irá a pasar con esta comunidad, no sé qué están pensando, deben pensar en sus hijos y familias. Mi mamá y mi hermano me dicen entregue el bastón, que no ande cargando esas cosas porque están amenazando a los que porten todo eso, pero yo les dije: ¿por qué?, ¿acaso ando cargando una arma?, ¿acaso con esto que llevo le hago daño a la gente?. Yo sé que ella sufre, pero le he dicho a mi mamá que hay que estar preparados”. Me contó que tres noches atrás ella había tenido una visión mientras se estaba durmiendo. Vio tres hombres vestidos de negro y armados que rodeaban su casa. Estaba tan alerta que llamó al pastor y le comentó de su temor. El pastor llamó al hermano Edwar que vive más cerca para que mirara. El comunero confirmó que había visto tres hombres vestidos de negro y armados rondando su casa. A esa hora se levantaron a orar. También me dijo: “miedo a la muerte no le tengo. Para mí morir es ganancia, pobres los vivos. Yo no tengo hijos y Dios tiene la palabra, lo único que tengo y pienso es en mi madre”.

Como a las 9:30  de ese 28 de octubre, sintió unas señas en el hombro derecho, le dije que era mala seña. También me dijo que le daban señas con dolor en la cabeza y me mostraba. “Parece que me fueran a destapar la cabeza, la siento hueca”. Le pedí que se cuidara, que no anduviera sola,  que no se expusiera porque al final la gente ni agradecía. “Yo me cuido, pero Dios tiene la última palabra, todo está escrito. Lo único que digo es que esta comunidad necesita mucho de Dios”. Además me comentó que desde la Unidad Nacional de Protección (UNP) le habían ofrecido un carro blindado para su protección, pero que ella tenía claro a qué había llegado como autoridad y no era para salir con carro de ese cargo. Le dije acéptelo, mire que en el movimiento mendigamos por un transporte y es necesario. “Eso no va conmigo. No va dentro de mis principios”.

Perseverancia y dignidad

Cuando salió el proceso de la Constituyente Nasa acá en Toribío, ella solicitó cuatro cupos para las mujeres, pero las autoridades se los negaron. Sin embargo, ella estaba tan pendiente que supo cuándo iniciaría y nos invitó a participar diciendo: “no nos dieron el cupo, pero así sea desde afuera participamos. Nos quedamos y así lo hicimos. Cuando llegamos a la tulpa, ella recordó de los cupos solicitados para el movimiento de mujeres y preguntó si se podía o no. Recuerdo tan claro que la única mujer líder que estaba en ese momento en la tulpa nos dijo: “son 30 cupos. Los que estamos aquí estamos avalados por el cabildo y ya estamos completos. Si quieren pueden quedarse como asistentes, pero no entrarían dentro de los 30 ya establecidos, es decir, los gastos corren por su propia cuenta”. Yo me sentí lo más humillada y miré a Cris diciendo: vámonos!!!. Habíamos 4 del movimiento y ella dijo: “yo así sea desde afuera, porque yo vine fue a aprender. Por mí no hay problema, traigo mi portica de comida  y ya”. La verdad es que no volví y pensé que ella tampoco. 

Seis meses después me comentó que los 30 delegados estaban en la discusión de los perfiles para proponer autoridades (Kwekwe). Que habían hablado mucho y habían concluido que ninguno de ellos pasaba. Entonces Fredy Cuchillo había dicho: “aquí ninguno tenemos el perfil ni cumplimos los requisitos. No hay moral, la única es Cristina, así que pásenle el micrófono a ella”. Así lo hicieron y como ya era medio día le preguntaron ¿ahora qué hacemos?, ella dijo en medio de recocha: “vamos al almuerzo”. Desde ese día, seis meses después de escuchar en silencio, porque era asistente sin voz ni voto, ella tuvo vocería. Aunque ya habían mejorado el trato con ella, porque se había hecho amiga de varios líderes y hasta la iban a recoger a la casa de vez en cuando para llevarla a la tulpa. Ella decía que en esa tulpa cuestionaban mucho su  religión y había callado mucho tiempo, hasta cuando llegó su momento y les preguntó: “¿por qué hablan tanto?, ¿acaso nosotros les decimos a los hombres dejen sus mujeres y consíganse otra?, ¿acaso decimos a la gente siembre marihuana?, antes hacemos mucho aporte a la organización y tratamos de poner orden.”

Poco a poco se fue incluyendo hasta que terminó dentro del grupo de la Constituyente. Todo eso fue una lucha y como quedó allí, su nombre empezó a sonar para candidata a autoridad,porque además estaba muy comprometida en aprender más del proceso indígena y del saber de los mayores.  Cuando me contó que allá había surgido su nombre para autoridad. Yo me alegré y dije: sí, usted es la que necesitamos. “Esas no son mis proyecciones, yo estoy de paso, estoy haciendo una gestión para estudiar una maestría en el exterior y ya casi me sale”. Pero su nombre siguió sonando desde las veredas. Luego les tocó recorrer el territorio para socializar la constituyente por grupos. Estando allá me llamó para contarme que el compañero de grupo sólo le había dado un minuto para saludar y además ya le estaba haciendo campaña a una persona como candidata a autoridad. Le dije: Tómese la palabra porque aquí toca así. “Sí, ya estoy aprendiendo”, me contestó. Pasó un tiempo y le pregunté que qué iba a hacer  pues la situación estaba muy delicada y yo consideraba que era mejor no aceptar la postulación a autoridad. Me contestó: “ya lo decidí,  hice un  ayuno de 7 días para que Dios me dijera y él ya me entregó la misión”. No le volví a decir nada al respecto. 

El día de la elección votó mucha gente y la eligieron. El día que ganó yo la abracé y la felicité. Ella me dijo que se había asustado porque cuando la nombraron a ella, vio que toda la comunidad levantó la mano. Muchas mujeres del movimiento la acompañamos y personalmente le brindé todo mi apoyo aún siendo ella la autoridad, porque allí empezó a padecer abusos de poder de parte de algunas autoridades. Fue muy duro ese inicio, ella era señalada porque venía del movimiento de mujeres. Incluso escuché a un líder decir: “ahora que la falduda se fue de neehwesx (autoridad) se acaba el movimiento de mujeres”. Eso era lo que pretendían, pero la lucha continuó. Muchas veces he querido dejar este proceso tirado, pero recuerdo sus recomendaciones y peticiones para seguir apoyando a las mujeres. Cuando siento que desfallezco escucho sus palabras. Cuando veo que no hay salida se me presenta en sueños. Una noche la soñé mostrándome un cultivo de manzanas hermoso, con frutas muy alentadas, diciéndome: “Así será el movimiento de mujeres”. 

III. Testimonio de Claribel Músicue Casso, Resguardo Indígena de San Francisco

Lo que queda de ella

Lo que más recuerdo de Cristina es su sonrisa, pese a que estaban pasando muchas dificultades. Nunca la noté así brava y estresada con nosotras. Su aroma o sería su energía, no sé. Recuerdo que con su cargo de autoridad se alejó bastante, pero cuando llegaba se sentía mucha tranquilidad. A pesar de que no era la coordinadora, siempre nos generaba mucha energía, energías bonitas. Recuerdo de ella la persistencia y esas ganas que le metía a uno. Quizá el aporte más grande de Cris que no se ha aplicado, es aprender a construir en la diferencia. 

Lo que hace falta

Comprender y entender el sistema. Creo que como pueblos siempre hemos estado resistiendo contra el sistema pero no lo sabíamos nombrar: el sistema capitalista. Que las mujeres y los hombres del territorio sean conscientes es fundamental para que aporten a la lucha, no solo del movimiento de mujeres sino al proceso organizativo. Sabemos que hay muchas formas de ver, que diferentes mundos somos cada uno, pero estos pensamientos se tienen que encontrar en esta lucha para transformar. 

Todavía no tenemos como un documento como tal, consolidado como movimiento, donde digamos a qué le apostamos y cómo va a ser nuestra lucha. Hay muchas ideas, pero debemos tener un mismo discurso, no copiado pero sí en pro de una misma visión de una lucha. Al movimiento le hace falta mujeres profesionales pero muy conscientes de la lucha de las mujeres. Una de las cuestiones es el tema de la gestión, pues por no escribir las luchas de las mayoras no avanzaban, porque no había un documento escrito. Entonces hay muchas mayoras que todo lo tienen en sus cabecitas, pero es muy importante aprender a escribir. 

Lo que debemos sanar

Yo tengo recuerdos muy feos de cuando todavía no se había pasado a la estructura de autoridad propiay eran todavía gobernadores. Aunque ahorita parece lo mismo, parece que sólo se cambió fue de nombre, pero esa es sólo mi percepción. Recuerdo que había un hombre, que actuaba muy mal contra todas las mujeres del movimiento. No era sólo contra Cristina, pero más contra ella porque se posicionaba, ella era más clara. Ella hablaba de las mujeres, entonces siempre iba a ser más atacada que las demás. 

Nosotras todavía éramos más sumisas, todavía no estábamos tan adelantadas en ese liderazgo. Ni siquiera había una relación con las autoridades, no se cómo llamar a eso, pues ellxs nos veían, la veían y siempre era ignorándola, alejándose, burlándose. De hecho cuando la asesinaron ese mismo hombre dijo: “ahora sí se va a acabar el movimiento de mujeres porque se murió la falduda”. 

Esas expresiones de ese hombre son dolorosas, que no sé si son personales o porque somos parte del proceso de lucha de las mujeres. Yo siento que son por nuestro movimiento como mujeres, pues yo conozco a ese hombre desde hace tiempo y la relación con él era bien con saludos y todo antes de que él fuera autoridad. Pero cuando ya iniciamos el proceso de las mujeres su trato fue diferente. A Cristina le dieron un trato muy duro las autoridades, no digo todos, pero sí la mayoría. Muy fuerte la agresión de las mujeres que están en estos cargos, pues muchas veces nos sacaron de los espacios. 

Recuerdo, por ejemplo, que en San Francisco no nos daban oficina, pero había un joven que era muy generoso y nos dio una oficina que estaba vacía y que solo usaban los sábados. Entonces ahí me acomodé con una mayora en esa oficina,  llamamos a Cristina y también a todas las mujeres. Llegó todo el equipo y les contamos que por fin nos habíamos ganado un espacio y que nos habían dado por fin una oficina de mujeres.  

Ellas iban a venir a conocer el espacio, instalamos el computador y todo eso, pero llegaron dos mujeres y nos sacaron de allí. No fue ni ese señor, sino ellas, nos cerraron la puerta y no nos querían dejar sacar ni el computador. Que váyanse, que váyanse, como sino fuéramos parte de la estructura ¿no?. Y muchas cosas así que cada una ha vivido y ni siquiera las contaron. Pero siempre con Cristina fueron muy duras y muy duros. Todo el tiempo burlándose, mirando mal, no sé qué les pasaba a estas autoridades, pero yo siento  que era así, pues ella siempre se posicionaba y no le importaba que se le burlaran. A ella le importaba era seguir y hacer un trabajo comunitario.

Camino en disputa

Las mujeres en realidad no hablamos de autonomía, pero sí se han adelantado trabajos y uno de estos, es el proceso con los círculos o tulpas de mujeres. Hay muchas formas de autonomía pero creemos que este es uno de estos espacios donde las mujeres llegan a conversar sobre los cuidados, sobre los valores de la mujer nasa. Desde el movimiento de mujeres, hemos planteado que uno de los pilares para la lucha es la autonomía. 

Dentro de la organización sí se discute mucho cómo generar procesos autónomos, ya hemos visto que es muy complejo por todas estas situaciones, pero en Toribio sí, aunque no todas las mujeres llegan desde los otros resguardos por las distancias. Llevamos en este proceso más de 3 años y si vemos que vamos aumentando. Ahora participan más de 80 mujeres, hablando, reuniéndose, conversando sobre valores Nasa, pero también practicando ellas hicieron un Tull (huerta). También hicieron una tulpa y alrededor sembraron las plantas medicinales. Se discute pero también se hace, no sé si ellas sientan que es autonomía, pero allí van. Y ese es un proceso muy bonito. 

Desafíos pendientes 

Desafortunadamente algo que acá sigue tomando fuerza es la ambición por los recursos. Acá en el territorio de Toribío se ve mucho la plata. Recuerdo que alguien dijo, tal vez el padre Antonio Bonanomi, ¿Qué será de los indios cuando conozcan el dinero?. Por ejemplo, el Plan de Vida, la organización se dedicó a gestionar recursos sin hacer con la comunidad. Se dedicó a rendir informes a las organizaciones de afuera, pero no está con la comunidad. Lo peor es que esto está afectando muchísimo a las mujeres, porque los proyectos deben tener un enfoque de género. Entonces a nombre de las mujeres se gestiona pero poco cambia en la vida de ellas.

Cristina dejó escritos dos proyectos, pero con el propósito de que las mujeres fuéramos autónomas no nos legalizamos. El Proyecto Nasa nos dio un documento, pero todo lo que llega a nombre del movimiento de mujeres se tiene que pasar por ahí. Ellxs son quienes administran y ejecutan pero con poca participamos de nosotras. Duele que nuestro proceso de mujeres y todo lo que dejó Cristina al final termina respondiendo a proyectos que benefician a unos pocos y no hay el impacto esperado en la comunidad. Muchas veces las mujeres quieren organizarse, pero no lo pueden hacer en plena autonomía, porque están bajo unos lineamientos. Así tampoco se puede. 

Después de lo que pasó con Cris han llegado muchos proyectos, pero las mujeres siguen en las mismas. Y si reclamamos nos dicen que somos interesadas y que estamos es por la plata. Finalmente se hacen muchas cosas a nombre de las mujeres, pero no llegan a las mujeres, antes están dividiendo el proceso de las mujeres. Pareciera que no quisieran fortalecer el proceso nuestro. Y aquellas compañeras que se atreven a hablar o denunciar terminan siendo alejadas de la organización o tildadas como contrarias. Esto dificulta mucho, pues lo mismo le pasó a Cristina. Afortunadamente la comunidad confió en ella y por eso llegó a ser autoridad. Esto fue muy importante porque no la eligieron los mismos de siempre sino la comunidad.

Noviembre 12 de 2021

Texto redactado por Vilma Rocío Almendra Quiguanás

Desde la Madre de los Bosques (Kauka), en un territorio llamado Colombia

Noviembre 12 de 2021

Pueblos en Camino

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