“Sólo la Resistencia es la Democracia Verdadera”

Así nombra su palabra Donovan Adrián Hernández Castellanos durante el Seminario “El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista”. Una palabra que se teje a la exigencia de organización y camino: “En La República del silencio, texto de 1944, Jean-Paul Sartre –dirigiéndose al pueblo francés- sostuvo categóricamente: “Jamás fuimos tan libres como bajo la ocupación alemana.” Había libertad, pensaba el filósofo, porque todos los resistentes, desde los combatientes voluntarios hasta quienes supieron decir simplemente “no” a leyes y decretos opresivos, compartían el mismo riesgo; no había generales ni soldados, no había jerarquías en las filas de la tortura erigidas por el invasor y sus colaboradores. Acaso por ello, la Resistencia habría sido una democracia verdadera; todos –bien lo sabían- compartían la misma responsabilidad por la vida del otro, la misma vulnerabilidad, la misma elección. Una palabra y cien detenciones; el silencio y una muerte violenta. Sin embargo, así se construyó “entre las sombras y en medio de la sangre, la más fuerte de las repúblicas”. Sin instituciones, sin ejército, sin policías; únicamente ciudadanos que se debían a todos y que sólo debían contar consigo mismos. “Cada cual acometía, contra los opresores, la empresa de ser sí mismo irremediablemente y, al elegirse a sí mismo en su libertad, elegía la libertad de todos.” 40 años después de la Resistencia contra la ocupación nazi, México se ha convertido en una República del silencio. Ahora, como entonces, el poder silencia a los pueblos, la violencia acalla las voces, las armas del crimen toman a la federación. Pero en México, por debajo de la dictadura de clase que se disfraza de democracia, existe una República soterrada, la otra República que en silencio se articula, con la alegría rebelde de quien defiende la vida. Por momentos, a veces, esa República emerge a la luz, se la ve andar, se la ve caminar, realiza sus Seminarios, nos llama. Esa República de la resistencia volvió a marchar el 1 de enero de 2014 en sus territorios libres, autónomos, orgullosos, enseñándole a los poderes neoliberales que no los necesita; esa República, la otra República del silencio, que se liberó de su sometimiento el 1 de enero de 1994, lanzó el mensaje claro de aquellos que silentes resisten: “¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo. El día que fue el día, será noche. Y noche será el día que será el día.” Entonces, como ayer, los zapatistas nos dijeron: jamás fuimos tan libres como bajo la ocupación de este régimen.” 

Sólo la Resistencia es la democracia verdadera. Así Sí! Pueblos en Camino

Miembros del Maquis Francés

 

El pueblo, la inservidumbre voluntaria, la crítica

 

Estoy sumamente honrado de participar en este seminario, en el marco del homenaje a un filósofo y a un maestro zapatista. Sólo los pueblos que resisten entienden la importancia de la filosofía. El pensamiento es el medio de la filosofía. En él se desenvuelve. El pensamiento está vivo en el habla de los pueblos. Vengo a aprender de ustedes, a conversar, a intercambiar algunas palabras. Vengo a aprender del color de la tierra.

 

Quisiera recordar unas palabras de las, los, loas zapatistas enunciadas en este Seminario por el Subcomandante Galeano, antes Marcos: “Las prácticas deben pensarse a sí mismas para que no las piensen los teóricos.” Principio de reflexividad de las prácticas de resistencia entonces; surgimiento de una epistemología de emergencia que no desliga las formas de saber de las prácticas de resistencia a la dominación. Quien lucha sabe, su experiencia lo avala. Desde hace mucho las movilizaciones, levantamientos y actos civiles han descubierto que no requieren de los teóricos para enunciar la verdad de sus luchas; de igual forma, los intelectuales han descubierto la indignidad de hablar por otros. Necesitamos una nueva articulación entre teoría y práctica. El teórico tiene que luchar, los resistentes piensan; principio de inmanencia que complementa, entonces, la reflexividad de las luchas sociales. Pues todos, luchadores sociales, zapatistas, intelectuales, informadores y ciudadanos nos enfrentamos a la Hidra capitalista, que no crece a ocho kilómetros de la ciudad de Argos, como en el mito griego, sino que se multiplica y destruye todo aquí, ahora. Estamos en una situación de emergencia. 

 

Hoy podemos decir que el capitalismo es una amenaza a nuestro planeta, al mundo, a los muchos mundos, al universo. ¡Crezca el capital, que perezca la Tierra! He ahí la consigna global. Si el capital pudiera prescindir de los Estados para continuar su acumulación desenfrenada, lo haría sin problema; de hecho lo hace mediante el debilitamiento neoliberal de los servicios públicos (agua, información, industria petrolera, incluso la soberanía sobre el territorio nacional) y el reforzamiento del aparato represivo. 

 

No lo dudemos, el capitalismo, luego de la breve pero fundamental contraofensiva de 2011, se prepara para la insurrección de los pueblos que ha victimado durante siglos. 

 

Porque saben que nos vamos a levantar.

 

Las legislaciones cada vez más severas en materia penal son una estrategia que trata de desarticular la lucha por el territorio de pueblos indígenas, campesinos y policías comunitarias. La criminalización de los jóvenes (activistas o graffiteros) es una forma de eliminar ejércitos de reserva de mano de obra que no serán absorbidos por nuestro subordinado mercado laboral, porque el Norte global, con su discriminatoria división internacional del trabajo, así lo quiere. Los feminicidios impunes son la marca de una política de la muerte que ha dividido patriarcalmente a la población entre aquellos que merecen vivir y aquellas que han de morir.

 

Extractivismo, segregación, feminicidio son apenas tres cabezas de la Hidra que nos ataca con más, cientos, miles de colmillos. Nuestras estrategias de resistencia deben luchar contra esos dispositivos de poder y, para ello, tendrán que ser más eficaces y sostenidas.

 

Sé que ustedes esperan centinelas que avizoren. Yo no puedo avisar del incendio que se aproxima, ustedes lo han visto y nos han llamado a conjurarlo juntos. Puedo, en todo caso, esa es mi apuesta, ofrendarles las ideas que he trabajado y lo que he visto de las luchas actuales. Espero ser de utilidad.

 

¿Cuál es el acto fundamental de la política? Muy probablemente, a pesar de nuestras diferencias significativas, muchos, muchas, muchoas, zapatistas y no zapatistas, estaríamos de acuerdo en que el acto más relevante de la política es la articulación del pueblo. No pregunto en este momento, ¿qué es la política? Lo que nos llevaría a la cuestión de sus fundamentos, y muy probablemente a un análisis abstracto. Me parece más oportuno reflexionar sobre actos, desempeños, ejercicios o casos concretos donde este pensamiento toma cuerpo ¿Qué pasa en nosotros, qué pasa en la política, qué pasa en nuestras acciones cuando ponemos a jugar la palabra pueblo

 

El pensamiento crítico llegó a despreciar el concepto de “pueblo”; se lo veía como una falsa conciencia. Pero más allá de la ideología republicana, la palabra “pueblo” se ha vuelto verdaderamente determinante en los esbozos de revoluciones atestiguadas en el Sur global. Para América Latina se ha vuelto, incluso, una especie de destino que obliga a toda política que busca la emancipación a articularse en torno al pueblo.

 

Ernesto Laclau (2005), otro filósofo recientemente fallecido, afirmaba que la articulación del pueblo obedecía siempre a una lógica que denominó populista; Laclau vio en el populismo una suerte de constante que nos informa acerca del modo de ser de la política emancipatoria. Aquí tengo un diferendo con Laclau. Me parece que puede haber articulaciones populares sin que ello implique una necesidad populista. Toda vez que el populismo se fija un líder, un caudillo, una figura que identifique carismáticamente a grandes sectores de la sociedad en torno a su ambigua persona, me parece que obedece a una lógica autoritaria que, invariablemente, generará un aparato de Estado, una burocracia, independiente de las clases sociales a las que dice representar. En lugar de afirmar el fatalismo caudillista latinoamericano, prefiero dirigir la mirada hacia ese conjunto revulsivo que, desde el anonimato o, más aún, desde el silencio de los NADIE, realiza otro tipo de ejercicios políticos igualmente centrados sobre la práctica de construcción del pueblo.

 

Pero, ¿el pueblo se construye? Sí, invariablemente, el pueblo se construye; y no sólo eso, se autoconstituye a sí mismo por medio de un acto reflexivo que consiste en postular: “Nosotros, el pueblo”. ¿Qué tipo de acto es éste?

 

Propongo un análisis pragmático de la soberanía popular. La categoría o significante “pueblo” no es un referente empírico, sino una palabra cuyo significado tiende a desplazarse. En principio ningún concepto puede agotar el sentido de pueblo (raza, población, etnia, etc.), en cambio su significado puede incorporar políticamente conjuntos sociales previamente excluidos de sus articulaciones históricas. La teoría política sostiene que el pueblo es el depositario de la soberanía popular, que legitima a las instituciones mediante una voluntad que nunca está presente en ellas pero que las hace vigentes. Eso lo vuelve un concepto casi místico. En lugar de ello, prefiero pensar en los actos que realizan el poder popular. Esto demostraría que el poder nunca se delega ni permanece potencialmente en un conjunto de relaciones: existe sólo en la medida en que se ejerce. El Gobierno ejerce un poder que constituye a gobernantes y gobernados como sujetos de una relación política; de igual modo, la resistencia popular al mal gobierno conforma un poder sólo en la medida en que se ejerce en zonas de gobierno autónomo, de autogobierno, de una política de los gobernados que no renuncia a la democracia directa (mandar obedeciendo).

 

De esto se desprenden algunas consecuencias generales: 

 

a)que el pueblo no preexiste a la serie de actos que le dan soporte y efecto de sustancia; b) que los actos que dan vigencia a la soberanía popular, la cual sólo puede existir en acción, al reiterarse –en manifestaciones, proclamas, actos colectivos- pueden incorporar nuevas figuras de poder popular no contempladas con anterioridad –lo que introduce una historicidad propia, una apertura de innovación social altamente imaginativa, un acontecimiento en suma-; c) finalmente: no existe ningún pueblo anterior a su autoproclamación, entonces no tenemos un concepto expresivo de la voluntad popular sino uno performativo: el primer acto del poder popular consiste en proclamarse a sí mismo, en proclamar una voluntad popular articulada en torno a una demanda amplia, generalmente ambigua y capaz de sumar nuevas demandas inesperadas en un régimen deslegitimado. Dicho de otro modo: el pueblo no preexiste a la demanda, la demanda articula la voluntad popular.

 

El corolario de todo esto es que si el pueblo legitima instituciones, gobiernos y regímenes, siempre guarda para sí el derecho de deslegitimarlos y derogarlos. Esta es una prerrogativa que ningún régimen puede abatir. Como sostuvo Judith Butler (2013: 56), podríamos hablar de una energía “anarquista” o un principio permanente de revolución al interior del orden democrático. En ese sentido la soberanía popular es una forma autoproducida y reflexiva, un acto enunciativo que hace surgir la pluralidad social de la que habla; una forma de autogénesis lingüística por tanto. Pero si es cierto que el pueblo se construye históricamente, en la temporalidad de las luchas y las resistencias de los de abajo, entonces los actos que lo realizan pueden incrementar su significado e incluso generar nuevas modalidades políticas, como han demostrado las comunidades indígenas en América Latina en defensa de su autonomía. Cuando una comunidad excluida demanda su inclusión dentro del Estado-nación, no deja intocado el marco normativo, sino que a través de su demanda obliga a una transformación del conjunto jurídico e incluso a una transformación radical, como proponían los acuerdos de San Andrés: ellos incluían una transformación radical del Estado sin la necesidad de tomarlo. Aunque los acuerdos no se han cumplido por el mal gobierno, el autogobierno del EZLN transforma nuestras ideas de la nación, la identidad de los pueblos y la soberanía a través de su mero ejercicio.

 

En 2011 vimos surgir varias movilizaciones de este tipo; miles de cuerpos salían a marchar, tomaban las plazas púbicas en Túnez, Egipto, Siria, Bahréin, Libia, Yemen. Una movilización a escala continental que Perry Anderson sólo pudo comparar con el movimiento independentista de América Latina y las luchas socialistas de Europa central en el siglo XIX. Pero no sólo el Magreb entero se levantó, también el sur de Europa lo hizo: España, Portugal, Grecia. En Medio Oriente fueron muchas las oposiciones a gobiernos autócratas, la consigna era una: Al shaab yurih isdah al-niham (“El pueblo quiere que caiga el régimen”). Hemos visto caer regímenes de larga duración, hemos sido testigos de un momento único en la historia: el momento en que los pueblos manifiestan su voluntad, se autoproclaman soberanos y destituyen a los poderes que los tiranizaban. Ben Alí se exilia de Túnez, Mubarak es derrocado por las huelgas generales de los obreros y el pueblo reunido en Plaza Tahrir. En estas escenas, se diría que liturgias cívicas, acontecía algo fundamental. “Hay que entender el término manifestación en sentido estricto: un pueblo hacía manifiesta, incansablemente, su voluntad.” (Foucault, 1980: 15) En las calles se producían actos políticos y jurídicos que obedecían a una figura ceremonial: un acto de destitución del tirano y la manifestación del poder soberano popular.

 

Esta manifestación puede tener diversas formas, puede ser dura (una dictadura popular de transición) o ser efímera y no consolidar el poder destituyente (Occupy Wallstreet). En ambos casos las formas de organización son distintas y variables. 

 

Sabemos que las insurrecciones árabes no consolidaron un proceso revolucionario y que la indignación europea ahora se debate en partidos-movimientos que luchan por sobrevivir en una escena constituida (Podemos) o bien tratan de articular una alternativa a las medidas neoliberales de la Unión Europea (Syriza). En Egipto, por ejemplo, la agitación revolucionaría no dio lugar a una propuesta política sólida y perdió, electoralmente, con el competidor que estaba en mejor forma para ganar: la derecha neoliberal de la Hermandad Musulmana. La épica de los pueblos tiene que dar lugar a la organización popular o asumir su disolución. ¿Hubo aquí un movimiento de la sociedad civil? La llamada “sociedad civil” es siempre una minoría cuya voz y voto sí cuentan: la burguesía. Lo que ocurrió aquí fue que los gobernados se negaron a ser población administrada y gobernada por los mecanismos mixtos del libre mercado y la dictadura militar consolidada en el Estado egipcio. Contra la biopolítica neoliberal, que nos ordena convertirnos en empresa y administrar nuestro capital humano, lo que nos queda es la solidaridad, la auto-organización y la lucha por el control político de nuestras propias vidas. Nos queda la inservidumbre voluntaria. Me pregunto, ¿en qué consisten esos actos que desautorizan una relación de gobierno, que le dicen no a una tecnología de gobierno como la neoliberal? ¿toda resistencia es una desautorización de una autoridad opresiva? En todo caso, esta desautorización, este alto, este ¡Ya basta!, con el que los pueblos marcan un punto de no retorno y a la vez retan a los poderes despóticos del mal gobierno, tiene un secreto parentesco con la virtud. La rebelión está emparentada con la crítica. Si los poderes se preguntan, ¿cómo gobernar a las poblaciones? Los pueblos insubordinados se preguntan más bien: ¿cómo no ser gobernados de esa forma, por ése, en nombre de esos principios, por medio de esos procedimientos, y aún más: no para eso y no por ellos? Foucault definía la actitud crítica como la resistencia al gobierno: “Y si la gubernamentalización es este movimiento por el cual se trataba, en la realidad misma de una práctica social, de sujetar a lo individuos a través de uno mecanismos de poder que invocan una verdad, pues bien, yo diría que la crítica es el movimiento por el cual el sujeto se atribuye el derecho de interrogar la verdad acerca de sus efectos de poder y al poder acerca de sus discursos de verdad; la crítica será el arte de la inservidumbre voluntaria, de la indocilidad reflexiva. La crítica tendría esencialmente como función la desujeción en el juego de lo que se podría denominar, con una palabra, la política de la verdad.” (Foucault, 2003: 10-11)

 

En México, a 7 meses de la desaparición de los 43 normalistas de la escuela rural de Ayotzinapa, se ha formado un tenue “nosotros” que organizó una frágil comunidad resistente, que se desujeta del régimen y las verdades históricas que impone. Esa frágil comunidad ha tenido la fuerza de articular una voluntad popular que las reiteradas llamadas a una Constituyente no han logrado. Sin embargo, no hemos descifrado el enigma de nuestra propia Hidra.

 

México, la otra República del silencio

 

En La República del silencio, texto de 1944, Jean-Paul Sartre –dirigiéndose al pueblo francés- sostuvo categóricamente: “Jamás fuimos tan libres como bajo la ocupación alemana.” Había libertad, pensaba el filósofo, porque todos los resistentes, desde los combatientes voluntarios hasta quienes supieron decir simplemente “no” a leyes y decretos opresivos, compartían el mismo riesgo; no había generales ni soldados, no había jerarquías en las filas de la tortura erigidas por el invasor y sus colaboradores. Acaso por ello, la Resistencia habría sido una democracia verdadera; todos –bien lo sabían- compartían la misma responsabilidad por la vida del otro, la misma vulnerabilidad, la misma elección. Una palabra y cien detenciones; el silencio y una muerte violenta. Sin embargo, así se construyó “entre las sombras y en medio de la sangre, la más fuerte de las repúblicas”. Sin instituciones, sin ejército, sin policías; únicamente ciudadanos que se debían a todos y que sólo debían contar consigo mismos. “Cada cual acometía, contra los opresores, la empresa de ser sí mismo irremediablemente y, al elegirse a sí mismo en su libertad, elegía la libertad de todos.” 40 años después de la Resistencia contra la ocupación nazi, México se ha convertido en una República del silencio. Ahora, como entonces, el poder silencia a los pueblos, la violencia acalla las voces, las armas del crimen toman a la federación. Pero en México, por debajo de la dictadura de clase que se disfraza de democracia, existe una República soterrada, la otra República que en silencio se articula, con la alegría rebelde de quien defiende la vida. Por momentos, a veces, esa República emerge a la luz, se la ve andar, se la ve caminar, realiza sus Seminarios, nos llama. Esa República de la resistencia volvió a marchar el 1 de enero de 2014 en sus territorios libres, autónomos, orgullosos, enseñándole a los poderes neoliberales que no los necesita; esa República, la otra República del silencio, que se liberó de su sometimiento el 1 de enero de 1994, lanzó el mensaje claro de aquellos que silentes resisten: “¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo. El día que fue el día, será noche. Y noche será el día que será el día.” Entonces, como ayer, los zapatistas nos dijeron: jamás fuimos tan libres como bajo la ocupación de este régimen. 

 

El Maquis Francés

 

Sólo la Resistencia es la democracia verdadera.

 

Al EZLN, les digo: los necesitamos, ustedes son luz en medio de esta oscuridad. Pero eso ya lo saben, porque cuando despertó el Dinosaurio ustedes ya estaban ahí.

 

Donovan Adrián Hernández Castellanos

Para escuchar esta y las demás ponencias: http://www.pozol.org

 

 

Bibliografía:

 

Butler, Judith. 2014. “Nous, le peuple” en Badiou, Alain, et. al., Qu’est-ce qu’un peuple ? La fabrique Éditions, París, pp. 53-76.

 

Foucault, Michel. 1980. “El espíritu de un mundo sin espíritu. Entrevista a Michel Foucault” en Briére, Claire y Blanchet, Pierre, Irán. La revolución en nombre de Dios, Terra Nova, México, D. F.,pp. 9-23.

______________. 2003. Sobre la Ilustración, Tecnos, España.

 

Laclau, Ernesto. 2005. La razón populista, Fondo de Cultura Económica, Argentina. 

 

Páginas electrónicas:

Sartre, Jean-Paul: http://confabulacion21-40.blogspot.mx/2008/06/la-repblica-del-silencio.html [Consultada el 6 de mayo de 2015]

 

Enlace Zapatista: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2012/12/21/comunicado-del-comite-clandestino-revolucionario-indigena-comandancia-general-del-ejercito-zapatista-de-liberacion-nacional-del-21-de-diciembre-del-2012/ [Consultado el 6 de mayo de 2015]

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