Los funerales de Anaime – Cajamarca

Tras el asesinato de César García para beneficio de Anglo Gold Ashanti y su proyecto minero La Colosa, estas palabras recogen y reclaman el dolor y el camino: En estos momentos de dolor e incertidumbre hay una plegaria indígena anónima, que expresa la esperanza de victoria frente a la muerte “No te acerques a mi tumba sollozando. No estoy  allí. No duermo ahí. Soy como mil vientos soplando. Soy como un diamante en la nieve, brillando. Soy la luz del sol sobre el grano dorado. Soy la lluvia gentil del otoño esperado. Cuando despiertes en la tranquila mañana soy la bandada de pájaros que trina. Soy también las estrellas que titilan mientras cae la noche en tu ventana. Por eso no te acerques a mi tumba sollozando. No estoy allí. Yo no morí.

 
 
Pedro César García era un campesino oriundo de allí, Presidente de la Junta de Acción Comunal y miembro de Conciencia Campesina, un movimiento que crearon hace tres años para defender su territorio de los efectos y problemas que genera la megaminería. Fue asesinado delante de su esposa y una hija de 9 años el pasado sábado 4 de noviembre y acompañado por más de 2.000 personas  a su última morada el pasado lunes..
 
Ayer martes 5 fue también enterrado José Antonio Ramírez, llamado cariñosamente  El Boyaco. Era un humilde conductor de Cotracaime, la única empresa que se moviliza por estas montañas y veredas. El 25 de Octubre cuando llevaba en su jeep una comisión del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, fue atacado con artefacto incendiario que lo mató a él y dejó herido a un funcionario. Estaban trabajando en las delimitaciones de las zonas de páramos con el Instituto Von Humboldt.
 
Ellos son las mártires anónimos de una confrontación que se está gestando en el país de grandes proporciones y cuyas consecuencias no se terminan por visibilizar en el país. La de unos campesinos arraigados a su vocación y terruño que se resisten a ser desplazados y abandonar la labor que les enseñaron sus ancestros: la agricultura. No quieren la megaminería en sus fincas, se niegan a ver desaparecer los ríos y las montañas y a cambiar sus vidas.
 
A este valiente pueblo de Anaime y Cajamarca que hoy lloran sus muertos se le deben dar plenas garantías para vivir, para expresar sus desacuerdos y para continuar sus cultivos de arracacha y frutales.
 
En estos momentos de dolor e incertidumbre hay una plegaria indígena anónima, que expresa la esperanza de victoria frente a la muerte “No te acerques a mi tumba sollozando. No estoy  allí. No duermo ahí. Soy como mil vientos soplando. Soy como un diamante en la nieve, brillando. Soy la luz del sol sobre el grano dorado. Soy la lluvia gentil del otoño esperado. Cuando despiertes en la tranquila mañana soy la bandada de pájaros que trina. Soy también las estrellas que titilan mientras cae la noche en tu ventana. Por eso no te acerques a mi tumba sollozando. No estoy allí. Yo no morí.”
 
Por: Rodrigo Rojas

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