Presidente Santos Nobel de paz: ¡No en nuestro nombre!

La estirpe de la familia Santos, el propio Juan Manuel, hace apenas 4 años, empezó a hablar de esta paz amañada y pobre comparada con la de los pueblos que han sometido. Antes y siempre hizo la guerra y promovió sus intocadas causas. Hoy, mientras se esfuerza por responder a quienes desde el odio fascista, clasista y patriarcal quieren a los pueblos de rodillas a nombre de la paz del desprecio perpetuada, angustiado por concederles más, no se atreve a ratificar lo que ya está negociado que es lo que debe hacer. La paz la merecen los negados que la siguen construyendo y exigiendo y que no fueron reconocidas y reconocidos con el Nobel. Por contraste y en su nombre, la recibe quien insulta su dignidad y aprovecha su dolor y la historia de nuestra soledad si no ratifica los acuerdos. Paz ya hay en Colombia, no la que reconoce con el Nobel a Santos sino la que siguen negando con la guerra y la codicia. Presidente Santos, asuma su responsabilidad y a nombre de las víctimas ratifique este acuerdo para que los pueblos puedan seguir construyendo su paz sin esa guerra.
Columna para el Correo Canadiense de Toronto
Así No! Pueblos en Camino

Acabo de escuchar al vocero del Comité Nobel de la Paz y al Presidente Juan Manuel Santos en la grabación de la conversación en la que le anuncian que le ha sido otorgado el Premio Nobel de la Paz 2016. Santos lo recibe “a nombre de las víctimas” y asevera que la paz está muy cerca de concretarse. Otro Colombiano recibió el Nobel antes: Gabriel García Márquez. Su palabra al recibir este reconocimiento retumban hoy en contraste con las de Santos. Empezó recordando el despojo; la codicia insaciable que los trajo en busca de El Dorado y las masacres de entonces hasta ahora por el oro. La soledad de América Latina, la de Colombia, especialmente, justamente porque unos no pueden dejar de saquear estas tierras que han destinado a la soledad del extractivismo y del terror y la guerra para la acumulación asesina. Dijo Gabo:

En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego.”

Europa, mejor dicho, el capitalismo y la modernidad domesticada al servicio de una secta minoritaria y arrogante cuya sed insaciable y cuya vanidad sangrienta han sometido a la humanidad toda al desprecio, a la explotación, a la servidumbre y a la muerte, ha hecho del curso de la historia un proceso eternamente expansivo de exploración, explotación, exclusión y exterminio. Hoy, convertidos en excedente de trabajo, los pueblos son exterminados, el excedente de capital genera la guerra entre ellos matando pueblos para concentrar riquezas y recuperar ganancias. Hoy el déficit de vida que ellos consideran recursos, agua, oxígeno, petróleo y fuentes de energía, biodiversidad, minería, les generan ganancias exorbitantes mientras más escasea la vida y la posibilidad de que la Madre Tierra y sus criaturas pervivamos. Por eso y para eso hay guerra en Colombia.

bojaya

Pero también paz. Hace 20 años la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, por ejemplo, dijo NO! a los actores armados y declaró la vida en medio del terror. Persisten, perseveran, los están matando, pero ni se arrepienten, ni abandonan el camino. Dicen que vale la pena la paz y actúan en consecuencia. Las comunidades indígenas han recuperado tierras, consolidado autonomía, construido gobiernos autónomos, creado tejidos de vida y también su guardia indígena. 525 años construyendo paz a pesar del odio y en medio de la guerra. Esclavizaron a África y las y los desterrados, trajeron su alegría, su fuerza, su canto, su persistencia. Son renacientes. Donde quiera que los arrojen, se tejen a ríos y territorios, resisten el abuso innombrable y construyen paz. Las y los campesinos del Carare, pobladores urbanos, mujeres luchadoras. Colombia es un país de paz y por eso mismo, porque la paz es la defensa del territorio y de la dignidad, les han declarado la guerra. Se las declaran hoy los empresarios, los enemigos, los egoístas que controlan un régimen criminal encadenado al capital transnacional del despojo.

El Discurso Nobel de Paz que no escucharán desde Estocolmo!!

La estirpe de la familia Santos, el propio Juan Manuel, hace apenas 4 años, empezó a hablar de esta paz amañada y pobre comparada con la de los pueblos que han sometido. Antes y siempre hizo la guerra y promovió sus intocadas causas. Hoy, mientras se esfuerza por responder a quienes desde el odio fascista, clasista y patriarcal quieren a los pueblos de rodillas a nombre de la paz del desprecio perpetuada, angustiado por concederles más, no se atreve a ratificar lo que ya está negociado que es lo que debe hacer. La paz la merecen los negados que la siguen construyendo y exigiendo y que no fueron reconocidas y reconocidos con el Nobel. Por contraste y en su nombre, la recibe quien insulta su dignidad y aprovecha su dolor y la historia de nuestra soledad si no ratifica los acuerdos. Paz ya hay en Colombia, no la que reconoce con el Nobel a Santos sino la que siguen negando con la guerra y la codicia. Presidente Santos, asuma su responsabilidad y a nombre de las víctimas ratifique este acuerdo para que los pueblos puedan seguir construyendo su paz sin esa guerra.

Emmanuel Rozental
Puebla, México
Para el Correo Canadiense
Toronto
2016-10-07

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