Falso dilema del despojo: Referendos locales y el «Bien de la Nación»

La nación es el tejido de territorios que se defiende protegiendo tierras, producción local, culturas e historias que se recrean y se reproducen desde cada uno. Muerta la tierra y los pueblos, no queda nación ni hay otro bien común. Es esto lo que deciden los referendos de Piedras, Tauramena y los muchos que, sin duda vendrán hasta tejer esa nación otra de los pueblos.

 
Ante los referendos locales o regionales de pueblos y comunidades que habitan territorios que serán afectados por Megaproyectos diversos, particularmente extractivos como minería, petróleo e hidrocarburos, pero también agronegocio y monocultivos, proyectos hoteleros y turísticos, privatización y patentes de bienes comunes, entre muchos otros, el «debate» que se plantea es, en el mejor de los casos, que se debe buscar la forma de mediar entre el beneficio de la nación y las decisiones colectivas de comunidades locales que se oponen a las mismas. Pura Democracia, el texto anexo, ilustra este argumento. La posición de los gobiernos, siempre a favor de las transnacionales y en contra de las comunidades es señalar que los referendos y las decisiones democráticas locales son ilegales porque los bienes de esos territorios a ser explotados son de «La Nación» y el beneficio de esta prima sobre el de las comunidades. Ni quienes pretenden negar decisiones comunitarias locales a nombre de esa «nación» abstracta y remota, cuyo bienestar está por encima de los pueblos afectados, ni quienes pretenden mediar entre decisiones democráticas populares colectivas y el bien superior, representan posiciones distintas. Son dos maneras de presentar la misma perspectiva: los Megaproyectos van, se hacen. Los intereses empresariales y transnacionales priman sobre los locales. A lo sumo, se puede «razonar» con quienes los rechazan y los realizan para que lleguen a un acuerdo y control de daños.
 
En realidad, no hay control de daños posible. Lo que puede haber es un compartir de mínimos «beneficios» económicos o laborales temporales a cambio de permitir que se realicen los proyectos. Es decir que una comunidad «razonable» se vende por un «precio justo» a cambio del cual destruyen sus fuentes de agua, sus territorios, su cultura e historia y la comunidad misma. Es decir que se pone precio a su despojo y destrucción. El resultado es más desplazamiento eventual a centros urbanos en condiciones de miseria para las comunidades, aunque algunos, muy pocos, consigan algún dinero que pronto se evapora. Mientras tanto, donde había territorios, producción, reproducción de la vida, convivencia, historia y apego, queda destrucción, un recurso extraído a expensas de tierras fértiles transformadas en desiertos tóxicos e improductivas. No hay necesidad de insistir en esta verdad. La evidencia es exhaustiva e indiscutible. Quienes defienden estos proyectos no presentan argumentos sino, simple y llanamente propaganda que falsea la verdad.
 
En realidad se trata de confrontar, a nombre del beneficio de la nación presentado como un bien superior al egoísmo irracional de los locales, un negocio que permite la acumulación de capital a unas pocas empresas ligadas al capital especulativo y a la extracción destructiva y selectiva de recursos. La suma de proyecto tras proyecto ocupa la mayor parte y afecta la totalidad del territorio nacional. En otras palabras, La Nación es aquello que queda luego de que la mayor parte de los territorios del país y del continente y el mundo han sido concedidos a este tipo de Megaproyectos. La nación, comunidad por comunidad, ciudad por ciudad ha sido sacrificada por el bien de la Nación!! Parte a parte se destruye la totalidad, pero ninguna de las partes puede legalmente defender su territorio porque va en contra del todo! ¿Cómo resolver este asunto? Sencillamente reconociendo que no hay el beneficio general que el Estado y los gobiernos defienden del lado de la acumulación extractivista de las transnacionales. La nación es el tejido de territorios que se defiende protegiendo tierras, producción local, culturas e historias que se recrean y se reproducen desde cada uno. Muerta la tierra y los pueblos, no queda nación ni hay otro bien común.
 
Seamos razonables. El argumento que invalida los referendos locales, en realidad niega la democracia al supeditarla a intereses del «mercado global», una abstracción que se concreta en acceder a recursos y territorios, donde quiera que se encuentren para satisfacer necesidades de acumulación incompatibles con los ritmos de producción de la vida de comunidades y territorios. No puede supeditarse la vida a la acumulación y «ser razonables». Pero es esto lo que se argumenta a través de promesas de inversión externa, empleo y el «fortalecimiento de la economía». La destrucción, el despojo, la imposibilidad de pervivir, son la vida y el propósito de la economía. No hay economía sin vida. Existe, en curso, un proyecto global que pretende acceder a los recursos que el mercado requiera de cualquier territorio. El estorbo para este proyecto, son pueblos y comunidades arraigados en territorios y dedicados a reproducir la vida. No puede negarse que hace falta extraer recursos, esa no es la discusión. Lo que se discute, y es lo que los referendos locales expresan, es que la economía debe supeditarse a la vida y las necesidades responder no a las distorsiones de un mercado establecido a base de inequidades y privilegios de unos pocos a expensas de la reproducción de la vida. En síntesis, que los referendos locales recuperan para la perpetuación de las sociedades en armonía con los ritmos y capacidades de la naturaleza, lo que el capital extractivo amenaza y elimina.
 
No hay pues, un dilema entre las decisiones locales de los referendos y el beneficio de la nación. La Pura Democracia es el beneficio de la Nación, entendida como el tejido de comunidades y territorios. Que esto aparezca para muchos como poco práctico y difícil de realizar es síntoma de la profundidad de la confusión que nos amenaza y que ha convertido en razonable lo que amenaza la vida y en ilegal a quienes la protegen. Se trata de que en Piedras como en Tauramena, las comunidades han decidido de manera contundente y definitiva que el exterminio no es una alternativa. Lo es proteger fuentes de agua, producción de alimentos y tejerse en comunidad.
 
 
Pura democracia (Editorial de El Espectador de ayer 22 de diciembre de 2013)
 
Cero y van dos: a la población de Piedras (Tolima), que se opuso este año, a través de una consulta popular, a que se desarrollara un proyecto de minería de oro en su territorio, se le sumó la semana pasada la de Tauramena (Casanare): sus habitantes le dieron un no rotundo al petróleo.
 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.