Bolivia: Indianizar el país

Todas las propuestas políticas multiculturales para indígenas en el mundo, fueron diseñadas para minorías, no se pensaron políticas desde una mayoría demográfica y una hegemonía cultural indígena. En Bolivia, hay que inventar esa política, una política que apunte hacia la indianización del conjunto de la sociedad[1].

Dada la relevancia y la vigencia de las críticas y las propuestas en este sentido, compartimos una entrevista realizada en el 2009 por el compañero Ramiro Balderrama en  diálogo con Silvia Rivera Cusicanqui[2] y señalamos que esta misma propuesta, a partir de los planteamientos de Silvia Rivera para Bolivia, se hizo durante el reciente Seminario de Pensamiento Crítco frente a la Hidra Capitalista, extensiva a todo el continente, entendiendo que indianizar no es un asunto étnico ni racial, sino una relación desde la Madre Tierra entre y de pueblos y territorios por la vida. 

 

 

¿Podría realizar un primer análisis de la actual coyuntura so­bre todo en relación al Gobierno de Evo Morales y al movimiento indígena campesino en Bolivia?

 

En la actual coyuntura se ha eclipsado mucho el tema indígena campesino, porque resulta que el tema del separatismo del oriente y del llamado terrorismo está copando totalmente la atención tanto de los medios como del propio gobierno y eso está marcando, diga­mos, un viraje hacia operaciones de tipo secreto, militar, de cúpulas que, sin duda, afecta al conjunto del comportamiento del gobierno: empieza a ingresar en una lógica conspirativa y ve fantasmas por todo lado. Por ejemplo, ahora, quieren hacer un juicio a Quiroga, que es como disparar a un cadáver. Me parece que su entorno ha definido esto como un elemento básicamente electoral, con un grave riesgo, que ese tipo de movidas tienen poca densidad como propuesta, porque son propuestas basadas en oponerse a algo: nos oponemos al terrorismo ¿pero que queremos? Eso ya no se discute. Entonces, más bien, me parece que en este momento se están usando las mismas armas del enemigo: cualquier momento de crisis que había en los gobiernos neoliberales o en la derecha, siempre se bus­caba como salida buscar un chivo expiatorio, y unir al país frente a un enemigo real o imaginario. Ahora, por otro lado, este enemigo al que hace referencia el gobierno, es real, es torpe, es estúpido, parece inspirado en una película de Hollywood que en una cosa seria, pero es así de descabellada la oposición, sobre todo ciertos sectores del oriente del país. Siempre supimos, por el análisis que se hizo post facto, lo que pasó en Chile, las conspiraciones en Centroamérica, como se terminaron volteando procesos populares desde movidas de sectores reaccionarios a nivel mundial con aliados internos; en­tonces es evidente que no se puede dejar a Bolivia que haga lo que le parezca, porque está cambiando ciertas reglas del orden mundial y por eso hay una reacción, una reacción que tiene en estos sectores de la media luna un puntal. En este momento el panorama electoral se cruza con esta situación, y está mostrando cuanto perdieron le­gitimidad estos prefectos de la denominada media luna y que pocas posibilidades tienen de tener una voz política. Por lo tanto, todo está envuelto en teorías conspirativas y eso es muy lamentable porque deja sin discutir problemas muy de fondo.

Respecto a la segunda parte de la pregunta ¿Cuál es su análisis sobre la situación de los pueblos indígenas y el rol que el gobierno de Evo Morales está jugando en relación a ellos?

En los años 90’ se instala la mentalidad reformista pluricultural, muy desde los marcos del Banco Mundial, que básicamente tiene como meta convertir las mayorías indígenas en minorías. Mayorías indígenas que tenían una gran capacidad de arrastre en sectores me­dios, en sectores mestizos urbanos: El Alto, es una sociedad moderna, urbana que, sin embargo, se siente interpelada por un discurso indígena, así como muchos otros sectores urbanos. La victoria del MAS en La Paz debe entenderse como resultado de este potencial hegemónico de una propuesta indígena. Sin embargo, el gobierno de Evo Morales en lugar de ir más allá de una propuesta multicul­turalista, que consiste en convertir la mayoría indígena en minoría, refuerza ese proceso. El culturalismo de la propuesta indígena del MAS se ve en muchos detalles: por un lado, el Viceministerio de Descolonización, es parte del Ministerio de Cultura. El Ministerio de Cultura sigue siendo un ministerio de folklor y descolonizar es sentirse orgulloso de ser indio, vestirse de indio para ratificar el folklore. Bueno, no necesitábamos un ministerio para eso. No existe una política cultural de descolonización realmente, de intervención en la educación, en las esferas de los ministerios de economía, de salud, para desarrollar una propuesta indígena descolonizadora. Por otro lado, el Ministerio de Agricultura, sigue siendo un ministerio de desarrollo, desarrollista. Entonces, por un lado tienes un desarrollismo campesino basado en la tecnología, en los tractores. Se siguen repartiendo tractores: tanto Felipe Quispe que pedía mil trac­tores, como Genaro Flores que también quería tractores, como Evo Morales siguen y continúan con esta idea que desarrollo es igual a maquinarias, venga o no venga al caso, tenga o no tenga la tierra capacidad para soportar el peso de un tractor, o tenga o no tenga las condiciones agroecológicas para poder hacer ese cambio tecnológi­co. Creo que a mediano plazo la crisis agrícola se va a profundizar. A un ministerio desarrollista y otro culturalista se ha reducido la política para los indígenas.

Por otro lado, los escaños indios ¿quién los ha negociado? No han sido los representantes indígenas, han sido los negociadores gubernamentales, entre ellos García Linera. Entonces la cuestión indígena es un acompañante incómodo, es una ficha que hay que mover y que no interesa en el fondo. Otra prueba de que no se fue más allá del multiculturalismo de los años 90’ es que se encierra a las 36 naciones indígenas o reservas indígenas, como 36 globitos flotando en un espacio vacío, despojándoles de todo ese impulso de mayoría que tuvo en los años 80’ y en los años 90’. Convertir a la mayoría indígena en minoría sigue siendo el objetivo de este gobierno, para que su gabinete, los operadores de políticas públicas, los que toman las decisiones, sigan siendo los mismos de siempre: mestizos despojados de vínculos con los sectores indígenas. De ahí que la visión del pasado que tenía esa izquierda dogmática de que el campesinado es un costal de papas, fue sustituido por 36 costalitos étnicos, donde además no está, en ese mapa étnico, El Alto, no está el Chapare, no está ni siquiera la comunidad donde ha vivido sus últimos años Evo Morales. Supuestamente Evo es indígena pero su comunidad quedó barrida de estos mapas étnicos, me refiero a su sindicato en el Chapare. Entonces, lo indio queda reducido a una especie de aldeas ecoturísticas, que seguramente cada vez más van a ser una performance de lo indio, ya no habrá la posibilidad de pensar lo indio como un futuro, sino siempre como un pasado.

¿Qué implica pensar lo indio como futuro?

Si se piensa lo indio como un futuro, debemos hablar de todos sus conocimientos agroecológicos, sobre la biodiversidad, de la herbolaria, toda esa relación milenaria con las plantas, con el paisaje, además esa filosofía de considerar el mundo como algo vivo, el mundo, la tierra como un ente vivo, que manda señales, que se comunica con los humanos. Eso sí, es una marca epistemológica distinta, de la que pueden emanar toda una serie de políticas públicas diferentes. Por ejemplo, la ciencia no debe ser extraer los principios activos de las plantas, sino usar las plantas enteras, se debe desarrollar una ciencia y una tecnología que se sustente en los conocimientos herbolarios ancestrales, se debe recuperar, por ejemplo, el manejo sustentable de las vicuñas. Desde el siglo XVI las mercancías más modernas que se han gestado, son las mercancías indígenas, comenzando de la coca, la hierba mate, que tuvieron una circulación gigantesca y luego hoy en día son las semillas de las enormes variedades de diferentes plan­tas nativas. Hoy en día, hay un bum de la exportación de la quinua, lo que muestra el potencial del conocimiento indígena, una plantita tan despreciada que, cuando yo era niña, en mi casa se comía mu­cha quinua pero era una comida muy humilde, muy de indios y, sin embargo, hoy en día se exporta la quinua, se la ha revalorizado, al extremo que ya es escaso para el mercado interno. Eso muestra que, si se pudiera diversificar esa oferta basada en tecnologías indígenas, de rotación de cultivos, de recuperación de otros granos como la kañawa, o de tubérculos, la amaca y tanta inmensidad de plantas que desconocemos y que existen en zonas semitropicales y tropicales. Verdaderamente podríamos pensar en un proyecto de sociedad que está basada en una valorización de lo indígena, como un proyecto de futuro y como una base económica nueva. Lo mismo diríamos de la coca, pensar en la coca como un gran producto de exportación, es pues, ser mucho más proactivo. A propósito de la coca, hasta el día de hoy no se ha pedido el retiro de la “Lista 1”, nos han hecho creer que se ha pedido el retiro de la “Lista 1”[3]. Si uno lee la carta que envió Evo Morales a Viena, no pide nada más que se quite un inciso del artículo 49, por el cual se obliga a Bolivia a acabar con el acul­lico en 25 años[4]. Lo único que se hizo es eso, no se ha pedido el re­tiro de la “Lista 1”, aunque nos han hecho creer que es así. Después de tres años apenas se ha podido quitar un inciso de un artículo, y en la cancillería cambiaron tres, cuatro funcionarios. Cada vez se vuelve a fojas cero. Cada vez se les tiene que decir que tienen que leer. Hasta el día de hoy no tienen un dossier para sustentar un ar­gumento coherente de defensa de la coca, siguen usando la falacia farmacocéntrica del principio activo para defender la hoja de coca, cuando en realidad hay que hacer un cambio de paradigma, la coca hay que defenderla como planta entera, no porque tenga tal o cual componente. Es muy frustrante la política del gobierno, pero eso no quiere decir que tenemos que pasarnos al otro lado, sino, seguir empujando para que el gobierno sea coherente con su propuesta y su campaña electoral y también que sea coherente con las expectativas que se depositaron en él.

¿Cuáles son las razones que nos impiden romper la “camisa de fuerza” del multiculturalismo?

Creo que es el temor a lo desconocido. Porque realmente todas las políticas para indígenas en el mundo, son políticas para minorías, no hay políticas para mayorías, no hay políticas desde una posición de mayorías. Hay que inventar esa política. Ser mayoría no es lo mismo que ser minoría. Ser mayoría con potencial hegemónico, con la capacidad de moverles el piso a los sectores mestizos, a pensar que quizá es mejor adoptar una adscripción a lo indio, que es más coherente, que tiene más futuro, como identidad y como modo de conocer el mundo. Eso solo hay en pocos lugares del mundo, como Bolivia. Lo hubo en África, con los movimientos negros. Pero aquí no podemos hablar de lo mismo, porque lo indio no es una cuestión de raza. En el África era el blanco y el negro, así de simple, el ne­gro que expulsa al blanco, pero resulta que también habían élites negras, habían sectores negros comerciales, había una burguesía negra. Además estás élites negras, que pertenecían a determinados grupos étnicos, fueron quienes vendieron como esclavos a grupos étnicos negros distintos y dominados por ellos. Entonces no po­demos hablar propiamente de un pueblo indígena en el África, más bien, se ha dado lo mismo pero contra los negros que tomaron el poder después de expulsar a los colonialistas, es decir, se dieron un montón de faccionalismos tribales contra esos gobernantes negros que simplemente heredaron la estructura colonial y la administraron a su favor. Por eso es que, siendo mayoría los negros y habiendo en algún caso incluso expulsado a los blancos, no son modelo, porque lo indio no es una cuestión racial. Por eso tenemos que inventar una política para mayorías. Por ejemplo, pienso que no deberían haber 36 justicias indígenas, que además son justicias minorizadas, frente a una justicia supuestamente universal. Debería haber una justicia, pero con los elementos que son el aporte de la justicia indígena, por ejemplo, la capacidad de resarcir daños, de lograr la reconciliación entre las partes, de lograr la reinserción del infractor en la sociedad o el arrepentimiento, y todo ese proceso de control social a que da lugar, al perdón de una falta o el arreglo de una trasgresión mediante estos mecanismos de solución que hay en los pueblos indígenas, deberían ser rasgos de toda la justicia. Qué tal si la clave no es de-mostrar que Chito Valle es culpable y meterlo a la cárcel, sino que devuelva el dinero que ha robado. Eso sería clave, resarcir daños. Esa debería ser la inspiración de toda la justicia, además la celeri­dad, la transparencia, el carácter público de los juicios. ¿Cómo no vamos a convertirnos todos a este modelo de justicia? ¿Qué tenemos que defender de la justicia positiva? ¿Qué tiene para ser defendida? Esa justicia solo beneficia al más rico y promueve la chicana, es una justicia que adolece de un barroco procedimentalista, es total mente barroca y enrevesada y solo estamos hablando de cuestiones de procedimiento. Falla en una cosa el procedimiento y vuelve a fojas cero. ¿Cómo vamos a defender eso? ¿Cómo vamos a suponer que eso es universal?, cuando en realidad hay un potencial mucho más fuerte, una universalidad mucho más profunda en la justicia co­munitaria. No en los linchamientos que se confundieron con la justi­cia comunitaria, por eso prefiero hablar de justicia indígena y no de justicia comunitaria. Ese es un ejemplo, de que habría que inventar una nueva forma de estructura organizativa para ser mayoría indí­gena y que lo indígena sea capaz de inspirar la totalidad de nuestras formas de vivir, de convivir, las formas de organizar la sociedad, las formas de hacer política. Eso es lo que no hay. Estos clasemedieros no conocen más que el partido político, no conocen más que repetir libros que han leído, no saben hablar idiomas nativos, entonces es muy difícil que ellos den ese salto. Han conseguido acomplejarlo al Evo, hacerle creer que no sabe nada, que él no es el técnico en estas cosas y las decisiones técnicas son las que pesan al final y derivan en unas formas populistas, clientelares, decisiones a dedo, que otorgan enorme poder discrecional y que desembocan en lo que ha pasado con Santos Ramírez.

En un artículo reciente[5]sintetizaste esta posibilidad, a la que hiciste referencia, de reinventar el país sobre la base de un modelo indígena como “hegemonía india descolonizada”, como alternativa a la mirada multiculturalista que trata lo indígena como asunto de minorías, como tema que corresponde a un pasado remoto y redu­cido a los bolsones rurales ubicados en los márgenes de la moderni­dad. ¿Podría ampliar esta su propuesta de hegemonía india?

La hegemonía india implica la indianización del conjunto de la sociedad. Para ello, no hay que pensar lo indio como un color de piel, sino como una conciencia histórica, de continuidad histórica, de la cual emanamos todos y todas finalmente, porque el lado in­dio de los mestizos es tan antiguo como el de los propios indios. Debemos reconocer ese pasado, ese horizonte común. Indianizar la sociedad, implica también, reconocer las evidencias de logros tec­nológicos, económicos, astronómicos, de conocimiento del entorno, de la peculiaridad geográfica, espacial e histórica del país, propor­cionada por los y las indígenas y hacer de ella una ventaja y no una desventaja que hay que superar, además debemos aprovechar que esos conocimientos están vivos, que no es una cuestión de ar­queología. Debemos asumir también, que esas modalidades cognoscitivas, epistemológicas indígenas están inscritas en la lengua. En relación a este punto, me parece clave que todos hablemos un idioma nativo. Una reforma educativa descolonizadora, digna de tal nombre, debería impulsar a que todos y todas aprendamos un idioma nativo: en La Paz aymara, en Cochabamba quechua, en cada región se debería aprender el idioma del pueblo indígena que está presente. Todos además deberíamos saber una lengua extranjera. Creo que esa universalidad sería mucho más posible y no esta postura cul­turalista, particularista, que encierra a los indios en un pasado re­moto, es un espacio alejado, intocado por la modernidad, cuando en realidad ellos fueron quienes marcaron la historia con una serie de movidas modernizadoras, fueron los artífices del mercado in­terno colonial, hicieron de la hoja de coca la primera mercancía moderna de la historia, fueron exportadores de grano desde las pi­querías cochabambinas y desde los ayllus del Norte de Potosí. Hoy somos importadores dependientes de grano. Entonces, si pensamos en indianizar al país, tenemos mucho más que ganar.

Sin embargo, en la actual coyuntura, la propuesta de indianizar el país parece difícil de realizarse, no sólo porque el gobierno quedó entrampado en la lógica del multiculturalismo neoliberal, sino so­bre todo, porque el movimiento indígena está altamente subordina­do a las directrices y políticas del gobierno. ¿Cuál es tu percepción sobre este tema?

Sí, coincido contigo, el movimiento indígena está muy subordi­nado, pero eso no ocurre solamente con el movimiento indígena, lo que llaman “movimientos sociales” están cada vez más encuadrados en las políticas del partido y en eso no hay mucha diferencia con lo que hizo el MNR. Hay un proceso de cooptación, pero también hay un proceso de disgregación y desafecto, es decir, sectores indíge­nas desencantados. Lamentablemente estos sectores desencantados están alimentando a la oposición de derecha, en la mayoría de los casos y, en otros casos, se están despolitizando. Hay sectores indíge­nas del oriente muy enojados, con la forma como se han chauchitado sus representaciones, sus escaños en el parlamento multinacional, que de multinacional cada vez tiene menos. Entonces ahí tú ya vez un fenómeno de desafección, pero que todavía tiene una forma des­organizada. Va a demorar mucho tiempo en rearticular su fuerza el movimiento indígena, porque supuestamente ahora el MAS es un gobierno de los movimientos sociales y del movimiento indígena, pero eso tiene mucho más de retórica que de realidad.

Se dice con insistencia que uno de los logros más importantes de estos últimos años y que se concretó con el triunfo electoral de Evo Morales es el tema de la autorepresentación indígena, entendido como la posibilidad de que un indio pueda votar por otro indio, de que los indios nos consideremos como sujetos de poder, como sujetos políticos, que es algo que hace años era casi impensable. Ahora, después de algunos años de gobierno y con la ocupación de indígenas en las esferas de poder, parece ser, que indio no es necesariamente sinónimo de transformación y emancipación para los propios indios. Haciendo un paralelismo con el tema de género, podríamos decir, que no es suficiente ser mujer y estar en las esferas de poder para que las políticas de género estén cambiando hacia la equidad de género ¿Qué opinión tienes al respecto?

Sin embargo, a pesar de lo que dices, es sintomático y es señal que esta sociedad ha cambiado, de que hay un cambio bastante pro­fundo, el hecho de que hasta la derecha tenga que tener candidatos indios. De los cinco candidatos, cuatro son indios: está el Cárdenas, Joaquino, Román Loayza, Alejo Véliz, que son personas, por más aculturados que sean, de una raíz popular indígena, hablan idiomas indígenas y eso ya te da pauta hasta qué punto este sentido común de que la presencia pública del indio era una anomalía ha cambiado y que bueno, el castellano mal hablado no es indicio de que no se sepa gobernar. Las posturas, como de este comentarista de derecha Carlos Valverde que insulta a Evo Morales, ya son posturas mar­ginales, casi dan risa esos niveles increíbles de racismo. Entonces, eso ya muestra cambios en el sentido común, lo cual es parte de todo proceso. Ahora, que la autonomía de esos personeros, de esa gente que habla a nombre de los indios es relativa y cuestionable y que, por otro lado, su convicción democrática sea también cuestionable, es otro tema. Porque ellos no hacen ese proceso que hicieron, por ejemplo, los caciques apoderados en los años 20’ del siglo pasado, que consistía en recoger la opinión desde abajo, un proceso de con­sulta que va desde el nivel más local, construyendo una plataforma. Eso es lo que hicieron los antiguos y auténticos líderes. Hoy nadie hace eso, salvo en algunas organizaciones en el Oriente, quizá en al­gunos aspectos de la vida orgánica de la CONAMAQ, porque tienen un sistema rotativo y no pueden eternizarse en el liderazgo. Enton­ces uno puede pensar que esas formas democráticas están siendo reemplazadas por la democracia del discurso, es decir, nuevamente es el indio el que tiene que aprender los modos de hacer política de las minorías mestizas criollas para poder ser legítimo en política y el pluralismo no incluye los modos plurales de hacer política y de ele­gir. Se siguen imponiendo las formas predominantemente liberales de la política. Y esto no es culpa de Evo, esto viene desde la ley de participación popular, con las reformas multiculturales. Con estas reformas lo que se hace es domesticar a los sectores indígenas, se los reconoce, pero tienen que hablar castellano y tienen que saber hacer un POA. Entonces ya hay un proceso de mediatización, creo que es muy difícil ser plurinacionales o como se llamen las políticas del Estado. Es mucho más fácil decir, que hacer las cosas.

 

Entrevista realizada en el 2009 por J. Ramiro  Balderrama F. para la revista “Subversión. Para pensar la sociedad más allá del capital y la colonia” 

 

Mayo 22 de 2015. Pueblos en Camino

 

 


[1]Entrevista realizada por J. Ramiro  Balderrama F. para la revista “Subversión. Para pensar la sociedad más allá del capital y la colonia” (2009).

[2]Socióloga boliviana. Fundadora del THOA en Bolivia. Docente emérita de la UMSA de La Paz. Su publicación más importante es “Oprimidos pero no vencidos”. Luchas del campesinado aymara y Quichua de Bolivia, 1900-1980 (1984, traducido al inglés y al japonés). Además, por su trabajo en THOA, es una conocida documentalista, por sus obras La Retirada de los Yungas y Viaje a la Frontera del Sur.

[3]Se refiere a la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961, donde la hoja de coca aparece clasificada en la “Lista 1” junto con la cocaína y la heroína. Según el texto de esta convención “las partes obligarán a arrancar de raíz todos los arbustos de coca que crezcan en estado silvestre y destruirán lo que se cultive ilícitamente” (art. 26). Nota del Editor.

[4]El artículo 49, inciso 2e que prescribe lo siguiente: “la masticación de hoja de coca quedará prohibida dentro de los 25 años siguientes a la entrada en vigor de la presente Convención” (Convención Única sobre Estupefacientes de 1961. Nota del Editor.

[5]Vease: Rivera, Silvia. “Violencia e interculturalidad. Paradojas de la etnicidad en la Bolivia de hoy”. En: Rac­ismo y Élites criollas en Bolivia, Revista Willka, Año 2, No 2, El Alto, 2008, pág. 201-224. Nota del Editor.

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