Desempolvando a los muertos

Algunos cráneos se asoman por las puertas entreabiertas de sus pequeñas casas de madera. De origen maya, están a la espera del encuentro con un viento que traerá de regreso a sus almas. Para el Día de Muertos, Pomuch se viste de fiesta. En este pueblo del estado de Campeche, se celebra una tradición que a simple vista podría parecer tétrico. Cada año, una semana antes del festejo, cientos de personas acuden a este lugar para limpiar los huesos de sus difuntos y, de esa manera, no dejar que la muerte se lleve también el amor que sienten por ellos. 

 
 
Agachado, Arnulfo toma uno por uno los huesos de su suegra y con una tela quita el polvo pegado de la piel seca. De repente, el cráneo se rueda y aquel hombre lo sujeta cuidadosamente. Esta labor la heredó de su abuelo y ahora él la comparte con su sobrino de ocho años que, muy atento, escucha todas sus indicaciones. «Me siento orgulloso de haber aprendido esta tradicion y poder enseñarla para que no se pierda.» 
 
 
Concluida su tarea bajo el sol arrecio, Arnulfo junto con su padre y esposa regresa los restos hasta la parte mas alta del osario. La tarde cae y sus dos hermanos, quienes perdieron la vida a causa del sarampión, en la época de Gilberto, explica Arnulfo refiriendose al huracán de 1985, deberán esperar su turno para el día siguiente.
 
En las estrechas calles del panteon, que se van perdiendo entre las filas de cajas de concreto, se encuentra, desde hace casi nueve años, don José Alfonso Hernández Aké quién se encarga del mantenimiento del lugar. Después de tres años en la tumba, se saca el cuerpo que en algunos casos se ha momificado. «Hay que cortarlo en varios pedazos con un cuchillo para que entre en la caja de madera para luego guardarlo en un osario. No es un trabajo fácil, pero alguién lo tiene que hacer.»
 
Para estas fechas, los muertos están de fiesta. Personas como don José se encargan de la limpia de los difuntos. Empiezan por las piezas más grandes como las piernas, los brazos, la cadera, luego las costillas y después las más pequeñas. Terminan siempre con el cráneo que muchas veces conserva su cabello, incluso algunos su bigote y hasta su sombrero. Los acomodan en una caja de madera cubierta por un mantel bordado o pintado con motivos que recuerdan a la persona, este pedazo de tela representa la ropa de las almas y al ser su festejo deben de portar los mejores vestidos. 
 
Entre las casas pequeñitas y coloridas se alcanzan a ver huesos abandonados, algunos arrastrados por la lluvia y otros sin un lugar donde su alma pueda llegar el primero de noviembre. «Al ver algunos muertos olvidados me da mucha tristeza, ¿como pueden dejar tirados los huesos de sus seres queridos?», refiere José Isabel Dzul Quimé y añade que en el panteón se construyó un lugar para albergar a los difuntos sin casa. 
 
«No le tengo miedo a la muerte, lo único que le temo es a que me abandonen y mi alma quede vagando y nadie me encienda velas para encontrar el camino », narra Dzul Quimé. En este pueblo también se dice que no hay que llorar mucho al muerto, pues su alma no podrá descansar. Es por eso que en este dia la gente prefiere recordarlos con alegría, «ahí vamos a ir todos tarde o temprano, uno tiene la vida contada y al pensar en eso me contento». 
 
Anécdotas e historias se escuchan en este panteón, uno de los posibles orígenes de esta tradición, relatan, proviene del ritual maya Hanal Pixan, que significa comida de muerto; muchos no saben o nunca les contaron el origen o el porqué de esta particular tradición, pero dicen que para ellos no es tan relevante pues por algo sus abuelos lo realizaban, pero lo mas importante es continuar esa herencia cultural de sus ancestros. 
 
En Pomuch nada es casualidad, todo tiene una razón de ser, sentencia Cristina Poot Poot mientras limpia a su padre, madre y esposo. La celebración del día de muertos inicia con el recibimiento de los niños y continua al siguiente dia con la llegada de los Nacuch Pixán o almas grandes. Las casas deben de estar completamente limpias, exige la tradición, de lo contrario las almas no disfrutarán de su festejo y se pondrán a realizar los quehaceres del hogar. 
 
En las primeras horas del día, cada familia prepara diferentes platillos, exclusivos de esta festividad. Mucbill pollo o pibipollo es un tamal de pollo o puerco que se cocina bajo la tierra con leña y piedras ; además de caldos de pollo, dulces y frutas. Todo este ritual se realiza en las casas. Se encienden velas en los altares y se recitan rezos. Después de comer van en peregrinación al cementerio para rezar de nuevo y recordar al difunto con veladoras y flores. Ocho días después viene el Bix, la despedida de las almas, que están listas para regresar al otro mundo.
 
Esta tradición, muy arraigada en Pomuch, enorgullece a su gente. Para preservarla y darla a conocer, existe una voluntad política desde hace dos años que, con diferentes iniciativas culturales, desea incentivar el turismo en este pueblo de casí once mil habitantes, quizá con el riesgo de que se pierda la esencia de este ritual por la mercantilización de una cultura ancestral como ha sucedido en muchos pueblos de México.
 
Autores: Carolina Bedoya Monsalve y Tristan Delamotte
 

 

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