El negocio global: Allá acumulan y acá nos matan
Las situaciones que vivimos las comunidades indígenas hoy en la Madre de los Bosques (Kauka), particularmente nuestro pueblo Nasa, se han transformado drásticamente en los últimos tiempos, debido al orden estructural mafioso que gobierna al mundo y al debilitamiento territorial de las organizaciones que fueron referente de la lucha indígena desde lo que llaman Colombia. En este texto, relataré acciones colectivas que alimentan la memoria de la lucha indígena desde nuestra Kauka; describiré el contexto actual en el que nos están criminalizando todas nuestras territorialidades; mostraré como el narcotráfico, negocio global capitalista, va más allá de la ilegalidad y está impactando nuestras comunidades; y retomaré la emergencia de cuidar y defender la vida con otras y otros. Todo lo que aquí comparto, no viene exclusivamente de una investigación ni lo escribo porque me crea experta, deviene de mi participación directa en las acciones colectivas que aquí conmemoro y de la reflexión colectiva que todo esto amerita. Este relato, es resultado de recientes círculos de palabra, de conversas comunitarias, de encuentros y desencuentros dentro y fuera del territorio. Así que, aunque me atreva a escribirlo y a firmarlo, es un tejido de incertidumbres y desafíos comunes.
Puntadas de memoria colectiva desde nuestra Kauka

No fue en la escuela donde aprendí sobre mi origen y sobre otros pueblos que luchan por la vida en medio de tanta muerte. La escuela y la sociedad, me enseñaron a avergonzarme de mis abuelas, a negar mi origen, a domesticarme para ser aceptada. Fue en mi juventud, acompañando a mi mamá a las asambleas, a las mingas (trabajo colectivo) y a los congresos comunitarios en nuestra Kauka, donde aprendí a autorreconocerme y a valorar la memoria de mis ancestros y ancestras. Aprendí a escuchar y a sentir caminando con las comunidades, desde la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca -ACIN, hoy Cxab Wala Kiwe -territorio del gran pueblo, organización fundada por mi mamá y otros compañeros Nasa.
Comprendí la urgencia de juntarnos para tejer resistencias y autonomías, más allá de los estados que nos imponen, en los recurrentes intercambios con otros pueblos y procesos del mundo. Esto explica mi distancia actual con varias instituciones indígenas que ejercen el rol del estado en los territorios, y mi simpatía, con otros movimientos más distantes geográficamente, que insisten en autogestión, autoorganización y autocuidado. Pero bueno, aquí trataré de retomar nuestras memorias para recordar etapas históricas y acciones relevantes de la lucha de nuestros pueblos, particularmente de la década del 2000 y 2010, cuando nos hicimos más visibles a través de las movilizaciones sociales provenientes de un movimiento indígena fortalecido y organizado desde los territorios, y no tanto desde la institucionalidad indígena que hoy prevalece.
Las memorias de los pueblos originarios, son antiquísimas, vienen de sociedades naturales (Ocalán, 2024) que preexistieron al patriarcado, al colonialismo, al estado, al capitalismo, al racismo. Tenemos memoria de lucha, desde antes de que nos llamaran indígenas y que a este territorio lo llamaran Colombia: tierra de Colón. Retomo aquí unas etapas, que desde nuestro proceso de comunicación indígena nombramos en el 2005:
La etapa de la resistencia, liderada por la Cacica Gaitana en el Siglo XVI con la lucha armada (Conquista Española), por Juan Tama y Manuel de Quilos –Ciclos en el Siglo XVII a través de la negociación (Colonia Española) y por Manuel Quintín Lame en los Siglos XIX y XX con el despertar de la consciencia y las acciones de hecho (en el Periodo Republicano). La etapa de recuperación reconocida por las tomas de tierras lideradas entre indígenas y campesinos con el lema “Tierra para la gente” y el nacimiento del Consejo Regional Indígena del Cauca-CRIC el 24 de febrero de 1971, logrando una de las reformas agrarias más reconocidas en América Latina. La etapa de la autonomía, motivada por el Padre Álvaro Ulcué Chocué, con el lema “gente para la tierra”, desde Toribío Cauca en la década de los 80, con la consolidación de la asamblea comunitaria, la creación de los Planes de Vida y la instalación de diversos espacios de formación. La etapa de la alternativa, sembrada desde el Congreso Indígena y Popular realizado en el 2004, cuando caminamos hacia Cali, llamando a la unidad de los pueblos para rechazar la agresión sistemática a través del TLC con EEUU y para reclamar el respeto a la vida.
Etapas de lucha que nos muestran la palabra caminada con tiempos y espacios propios, que permitieron pensar con la tierra y hacer con la comunidad. Evidencian cómo el uso de tácticas concretas, como la lucha armada, negociada y concientizada nos facilitaron pasar de la resistencia al terrateniente a la recuperación de las tierras. Así mismo, las tomas de tierra, y la fundación del CRIC, nos llevó a soñar con la autonomía a partir de cuidar los principios fundantes: unidad, tierra y cultura. Las asambleas comunitarias, los planes de vida y la formación política nos llevó a proyectar la alternativa, es decir, otro nacimiento tejiéndonos a otros procesos sociales y populares más allá de nuestra Kauka.
En esta etapa de alternativa, fue necesario tratar de entender las estrategias del agresor para organizar mejor nuestra resistencia y sueños de autonomía. Con ayuda de compañerxs no indígenas y nuestro compromiso comunitario, reconocimos, por lo menos tres estrategias concretas con las que vienen despojando nuestros territorios. Mismas que siguen vigentes y se han profundizado hoy, impactando gravemente nuestros principios fundantes hoy: unidad, tierra, cultura y autonomía.
Terror y la guerra. Con la creciente presencia de grupos armados legales e ilegales con cobertura territorial en aumento y acciones de combate, presión, represión, intimidación, reclutamiento forzado, propaganda y violación de derechos humanos y derechos fundamentales contra la población civil. Entonces, los actores armados intentaban imponer la polarización de modo que no quedara más alternativa que incorporarse a alguno de los actores en armas, cerrando espacios y negando de hecho la presencia y existencia del proceso indígena comunitario que defiende su derecho a ejercer control integral legítimo para la defensa y protección del territorio.
Económico-institucional. El desarrollo e implementación de mecanismos integrales que generan despojo y empobrecimiento de la población como sustrato para imponer “soluciones” a través de leyes, programas y proyectos institucionales. Proyectos que obligan a las comunidades a dividirse y a someterse, que van orientados hacia el desmantelamiento del proceso indígena que es reemplazado por control territorial transnacional para la exploración y explotación de recursos, programas asistenciales focalizados y a la vinculación de lo productivo-territorial al capital transnacional.
Propaganda ideológica. En cuanto a la estrategia de propaganda-ideología se realiza un sofisticado plan que, articulado con los dos anteriores, involucra desde el entretenimiento y la enajenación, el bloqueo a la información sobre la verdad y la transmisión de versiones distorsionadas de acontecimientos, procesos y organizaciones, hasta la promoción de cultos y sectas religiosas funcionales al proyecto económico, pasando por el currículo escolar y los discursos y prácticas culturales que tergiversan la realidad. La propaganda se desarrolla con el propósito de encubrir, enmascarar y legitimar las intenciones reales del proyecto de despojo cultural-territorial. (ACIN, 2004)
Así que, conocer y estudiar estas tres estrategias en su momento, nos facilitó organizarnos mejor para resistir y cuidarnos en comunidad. Por ejemplo, en la misma década del año 2000 se fortaleció el Movimiento Juvenil Álvaro Ulcué Chocué, un proceso que aglutinaba a miles de jóvenes Nasa autoformándose y conscientizándose sobre la lucha de los pueblos; además surgió la Guardia Indígena, hoy más conocidos como Kiwe Thegnas (guardianes del territorio); emergieron y se fortalecieron diversos espacios de formación crítica política en todos los ámbitos, destacados por su permanencia y su disciplina; se consolidó la masiva participación en asambleas, mingas y movilizaciones, porque la comunidad estaba sumergida en procesos sistemáticos de información, reflexión, decisión y acción.
Tanta era la efervecencia del pensamiento crítico desde el territorios hacia las formas de dominación, que en esa misma década se realizaron las movilizaciones sociales más grandes y reconocidas en el país, en articulación con otros pueblos, procesos y sectores sociales. A partir del Mandato Indígena y Popular del 2004, resultado de la acción colectiva, concluimos que:
El desafío que impone esta nueva época es grande. Tal vez el mayor que hayamos tenido que enfrentar en nuestra historia. Nos agrede y sufrimos un orden que está mal, que hace daño y que no sirve, eso lo sabemos y lo decimos con fuerza. No solamente están a riesgo nuestras culturas, nuestras comunidades, nuestros pueblos y familias. Es peor, la vida misma corre el riesgo de ser destruida por la ceguera de quienes se han equivocado y utilizan el mayor poder de la historia para convertir en mercancía todo lo que existe a través de su Proyecto de Muerte.
Con esto claro, en el 2004 realizamos la primera consulta popular en 6 municipios de nuestra Kauka, para preguntarle a la gente si estaba de acuerdo o no, con el tratado de libre comercio (TLC) que se firmaría con EEUU. El resultado fue abrumador: el 98% de las y los votantes le dijeron no al TLC con EEUU, porque sabían que no eran un tratado entre pueblos sino para beneficio de las transnacionales. Aunque años después se firmara éste TLC y muchos más, desde nuestra Kauka se dejó un importante precedente para los demás sectores sociales, que a partir de esta experiencia, retomaron la consulta popular -mecanismo de participación constitucional-, para frenar otros proyectos extractivistas. Lideramos muchas más acciones colectivas en la década del 2000, logrando la convergencia de los movimientos sociales del país frente a un contexto de guerra y despojo permanentes.
Otro ejemplo es, la Minga de Resistencia Social y Comunitaria de 2008, la movilización más gigantesca que salió desde el Kauka y terminó en Bogotá, capital del país. Ésta dejó en evidencia la credibilidad de la convocatoria y la gran capacidad de articulación del movimiento indígena. Esto fue un desafío abierto al régimen en rechazo a las políticas de guerra y de despojo, a la vez, una invitación seria a tejer una agenda propia con los procesos sociales. Por esta osadía, se nos vinieron varias formas de cooptación y captura (Almendra, 2017)[i], para frenar las luchas por la vida y someternos al control narco-capitalista que no ha parado de sembrar muerte.
Al mismo tiempo, reconocimos unas contradicciones que se empezaron a agazapar desde la misma lucha: un creciente autoritarismo interno en el que autoridades indígenas empezaron a tomar decisiones sin tener en cuenta la asamblea comunitaria; la “necesidad” de una organización indígena más parecida a la organización estatal, para relacionarse mejor con los gobiernos y las oenegés; una relación menos conflictiva con la insurgencia armada de cara a los acuerdos de paz de 2016. Contradicciones que no se abordaron desde la comunidad y tampoco desde las autoridades indígenas, entonces se profundizaron, al punto que fueron el preámbulo para todo lo que se vino en adelante, con la nueva ocupación territorial de parte de diversos grupos armados narcotraficantes que hoy se imponen a sangre y fuego en nuestra Kauka y más allá.
En síntesis, la memoria digna de los pueblos, nos muestra en sus huellas más antiguas y modernas, que veníamos tratando de hilar en colectivo, desde abajo y con la tierra, una agenda propia de los pueblos que había logrado frenar o por lo menos suspender temporalmente, la agenda ajena que se nos impone para “explorar, explotar, excluir y exterminar” (Rozental, 2011), los territorios de nuestros cuerpos, los territorios de nuestros imaginarios y los territorios de la Madre Tierra. Desafortunadamente, en esta última década, casi todo ha cambiado: asistimos a la institucionalización de la lucha indígena; al control de los armados sobre las comunidades; a la juventud y la niñez arrancada de sus hogares; a los campos convertidos en desiertos de coca y marihuana y al etnocidio contra nuestro pueblo Nasa.
El riesgo de convertir los sueños de territorios autónomos comunitarios en pesadilla con territorios criminales autónomos

En mi memoria de niña tengo presente a la mayora Benilda Mestizo y al mayor Aparicio Ul. Una pareja originaria del pueblo Nasa, quienes vivían cerca de la Escuela “El Voladero”, en el resguardo indígena de Jambaló, al norte de nuestra Kauka. A esa escuela llegó mi mamá como maestra de primaria, entonces Benilda y Aparicio, se convirtieron en lxs vecinxs más cercanos. Gracias a ellxs tuve mi primera relación con la planta de coca, precisamente porque todo el tiempo estaban mambeando (masticando la hoja). Me llamó la atención verles siempre el cachete abultado en un solo lado y los labios y dientes color verde oscuro. Ellxs me explicaron que la planta les daba las fuerzas necesarias para trabajar todo el día en el campo y les alejaba el hambre.
Después supe de los poderes curativos de la planta. Mi abuela Matilde y mi abuelo Gregorio, también del pueblo Nasa, aunque ya no mambeaban la coca cotidianamente, mantenían una relación recíproca con la planta. La sembraban, la cuidaban, la ofrendaban, la cosechaban y se curaban. A partir de ahí, sin saber qué tenía la planta de coca que la hacía tan poderosa, aprendí que era vital para el trabajo en el campo y para curar dolencias en la casa. Pero también empecé a comprender, que esta misma planta empezaba a mercantilizarse, cuando la sembraban en más cantidades, cuando se cosechaba desesperadamente y cuando se sacaba a escondidas para venderla.
La planta de coca, hace parte de nuestra ritualidad espiritual, siempre la convocamos para las limpiezas de cuerpo y para la armonización del territorio. Mi abuelo me enseñó, entre muchas otras cosas, que cuando tuviera un mal sueño, arrancara 4 hojas de la planta de coca, las sostuviera con la mano izquierda y volteara tres veces alrededor de mi cuerpo para alejar las malas energías. También la mambeamos en los rituales y la seguimos tomando en infusión para las dolencias del estómago. La planta de coca es sagrada y nos enseña la relación recíproca con la Madre Tierra: si la cuidamos, con ella nos alimentamos y nos curamos.
Hay una historia más larga de cómo nuestra planta sagrada fue satanizada y mercantilizada; de cómo a nuestros pueblos los persiguieron y de cómo nos prohibieron la relación espiritual y práctica con la coca, justamente para que hoy hablemos más de cocaína que de coca. Pero ahora, me quiero concentrar en narrar la forma como nos están ocupando nuestros territorios. Quizá a los señores de la guerra, hasta la década del 2010, les fue más difícil doblegar la lucha de los pueblos en nuestra Kauka. Por esto, desarrollaron tácticas más contundentes a partir de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (FARC), para frenar la resistencia y búsqueda de autonomía de las comunidades: nos introdujeron la masiva producción de coca y marihuana aprovechando el empobrecimiento de las comunidades.
Mientras nos desgastábamos con múltiples programas asistenciales y mesas de negociación con el gobierno, en los territorios los cultivos mal llamados de uso ilícito se expandían; buena parte de firmantes de paz ante recurrentes incumplimientos, optaban por reagruparse para conformar diversos grupos armados que trafican con cocaína; y al liderazgo social lo seguían diezmando para controlar hasta las organizaciones comunitarias. Con razón, los acuerdos de paz han traído más guerra, precisamente porque los poderes globales articulados a mafias nacionales, necesitan la guerra para despojarnos y/o controlarnos en nuestros territorios. Si no ¿cómo responder a los 25 millones de consumidores de cocaína en el mundo? Dolorosamente, en este territorio llamado Colombia, contamos más de 1.000 niñxs y jóvenes reclutadxs para los grupos armados desde el 2019[ii], 1.874 líderes asesinados después del acuerdo de paz de 2016[iii], 678 masacres con 2.471 víctimas también desde el 2016[iv].
En Kauca, pero también en Nariño y Antioquia, es donde más reclutamiento de niñas y niños hay, precisamente porque “…confluyen múltiples actores armados, economías ilegales, y profundas brechas sociales e institucionales. En estos territorios, la población infantil, juvenil e indígena se encuentra en una condición de alta vulnerabilidad frente a las dinámicas violentas…” (Indepaz, 2025)[v]. Como plantea Lina Noscué (2025), mujer nasa de nuestra Kauka: “más que economía llamada ilícita, se ha convertido en una fuerza devastadora, que ha fragmentado los tejidos comunitarios, familiares y ha debilitado profundamente a los movimientos sociales”. Y no es para menos, solamente aqu, entre 2022 y 2024, hubo por lo menos 606 reclutados y reclutadas (CRIC, 2024). Es probable que las cifras sean más altas, pero no todos se arriesgan a denunciar, por temor a represalias.
Además de robarse a la niñez y a la juventud más vulnerable, sobre todo a mujeres y de deshacerse de obstáculos que impidan su actuar criminal, pretenden suplantar a la autoridad indígena e intentan dominar la vida misma. No es casual entonces, que se hayan disparado también los asesinatos contra los pueblos indígenas, evidenciando un “plan sistemático de exterminio físico, organizativo, social, cultural, espiritual que en 2024 dejó 987 víctimas indígenas” (CRIC, 2025). Hoy entendemos mejor, el ataque mortal a las autoridades indígenas que se oponen a los actores armados. Hoy sabemos por qué están acabando con nuestros guías espirituales (18 asesinados). Hoy nos queda más claro, para qué están diezmando a los guardias indígenas (40 asesinados) que día y noche cuidan sus comunidades.
Tal vez por ambición, sobrevivencia o temor, contradictoriamente presenciamos el involucramiento de algunos referentes indígenas en esta maraña que nos somete. Quienes actúan como intermediarios tanto de empresarios como de actores armados, quienes han debilitado y hasta prohibido los controles territoriales para frenar el decomiso de marihuana en los territorios, y hasta se benefician directa e indirectamente de este negocio. En realidad, “…la situación en mi territorio es muy preocupante. Es muy triste reconocerlo, pero hay algunas autoridades indígenas que gobiernan con el bastón de autoridad en la mano izquierda y con el fusil en la mano derecha” (Aida Quilcué, 2024). Tampoco es un secreto, que muchos comuneros indígenas son quienes llenan las filas armadas y hasta se han convertido en cabecillas de esos grupos criminales.
Además del impacto de la producción y el tráfico de marihuana y de cocaína en el territorio, la vulnerabilidad de las comunidades en su conjunto y las recurrentes contradicciones de algunas autoridades indígenas, han llevado a que en la última década, la fuerza cohesionada y movilizada que nos hizo visibles al mundo, al menos desde el norte de nuestra Kauka, esté fraccionada y debilitada. En consecuencia, resulta que gran cantidad de comunerxs hoy se hayan convertido en la oposición más desafiante dentro del movimiento indígena. Que hoy hagan parte y/o colaboren con estos grupos armados y que sean los principales cultivadores de grandes extensiones de coca y marihuana.
Pese a los graves impactos para la colectividad, a las recurrentes prohibiciones, a sanciones y a llamados de atención de la organización indígena, las condiciones estructurales les empujan a depender de estas economías. Por ejemplo, en el texto “La economía de la marihuana, enclave productivo del norte del Cauca” (Indepaz, 2024), podemos leer cómo funciona, quienes controlan y cómo impacta este cultivo a las comunidades. También podemos observar cómo opera la principal agremiación de cultivadores de marihuana, en la que comuneros y comuneras que antes luchaban por derechos colectivos, hoy sólo luchan por derechos individuales:
El Gremio inició abriendo inscripciones para que quienes quisieran cultivar marihuana pudieran hacerlo siempre y cuando estuvieran registrados, si el productor no se inscribía simplemente no podía sembrar y si sembraba se le erradicaban las matas. A la fecha, y solo con una jornada de inscripción que se dio en el 2020, se indica que pueden haber entre 16.000 y 19.000 comuneros afiliados. Una vez realizado el proceso de inscripción, como primera medida, El Gremio estableció que cada cultivador solo podía tener un máximo de 500 plantas y en el caso de las personas solteras solo se les autorizó sembrar 250 plantas, condiciones por la que las comunidades reconocen una democratización del cultivo.
Quienes se han distanciado de la organización indígena se quejan recurrentemente de la perpetuidad de liderazgos en los cargos comunitarios, de malos manejos de los recursos comunes, de falta de transparencia en las elecciones de autoridades, de manipulación de las asambleas, de abuso de poder, entre muchas otras quejas que resuenan en asambleas y congresos, pero se las lleva el viento. Así lo afirma con tristeza otra comunera Nasa: “Siempre es lo mismo, vamos y nos quejamos y decimos lo que vemos mal. Pero nos dicen que no hay tiempo, que ese no es el tema. Parece que todo estuviera decidido y no necesitan discutir sino aprobar”.
No hay tiempo para abordar quejas y reclamos, porque la prioridad en los encuentros comunitarios, es la ejecución de proyectos que llegan de entes internacionales, de oenegés, del gobierno. No hay espacio para abordar contradicciones, que en tiempos anteriores, eran centro de la discusión asamblearia para llegar a acuerdos comunes. Tampoco hay autocrítica para la decisión colectiva, porque la prioridad es atender proyectos con responsabilidades más grandes. Así lo anuncian hasta los medios masivos: “De acuerdo con lo reportado en la plataforma de contratación estatal Secop, el pasado 13 de marzo el CRIC firmó, por contratación directa, un millonario convenio por valor de 57.694 millones de pesos con el Ministerio de Educación Nacional”, (El Espectador, 2025).
Aunque las quejas expliquen el distanciamiento de una parte de la comunidad indígena de la organización, no se justifica que se hagan cómplices de quienes victimizan a la misma comunidad. No puede ser posible, que nuestra juventud sea la que empuña las armas contra su comunidad; que autoridades estén haciendo acuerdos con los armados; que líderes defensores de la vida, estén involucrados en crímenes contra sus propios hermanos. Con temor, lo cuenta una mujer Nasa en Santander de Quilichao: “Hay autoridades involucradas en el asesinato de un compañero, pero todo quedó tapado. A unos les tocó ir hasta El Naya, para rescatar el bastón de mando, porque una de esas autoridades se fue al grupo armado y se lo llevó”.
Sin embargo, esto no es inaudito ni es el colmo, pues somos producto de una sociedad patriarcal y de un estado criminal. Nos está habitando una cultura narco-capitalista, que no sólo está cooptando el hacer comunitario, la organización social, sino que también, pretende definir nuestra relación con la tierra. Nuestro desafío concreto, está en reconocer la utilidad de la institucionalidad indígena para salir de esta trampa. Y además entender, que habitamos
… el orden imperial jerarquizado y patriarcal de estados nación sin maquillajes ni máscaras sometido a reyes y a plutócratas de todos los pelajes. Que pone en evidencia la incapacidad de la humanidad para resistir, impedir que nos recluten, liberar los territorios físicos de nuestros cuerpos e imaginarios, y liberarnos ética-estratégicamente, en acción, de un orden colonial de unos pocos machos que nos someten en todos los ámbitos y ante el espejo. Somos piezas del orden de muerte y codicia. O nos liberamos con nuestras agendas y capacidades éticas y estratégicas, o, aún a nombre de liberarnos, volvemos a tomar partido por alguno de los bandos de la destrucción y la codicia. No es una opción, es un imperativo: nos levantamos y nos liberamos o nos acaban de someter-destruyéndonos y usándonos para destruirnos y acabar con la vida. No es análisis ni propuesta. (Rozental, 2025).
Urge reconocer críticamente todas las formas de cooptación en curso, que van más allá del reclutamiento a la niñez y a la juventud. Debemos mirar también, la cooptación gubernamental, que recluta a las dirigencias indígenas, usurpa la agenda propia y nos impone una agenda ajena, mientras los armados ocupan y controlan nuestros territorios. Desafortunadamente nos habita una cultura narcocapitalista (Noscué, 2025), que se reproduce en todas las instituciones estatales, en nuestras familias, en nuestras comunidades, que invade nuestros territorios del imaginario, de los cuerpos, de la Madre Tierra. No nos está habitando una cultura narcocapitalista porque seamos indígenas, si no porque vivimos en una sociedad patriarcal, colonial, capitalista, racista que todo lo vuelve mercancía para la codicia transnacional. Veamos entonces, cómo funciona este negocio global en el que se benefician colosalmente las élites económicas llamadas legales en el mundo.
Política trasnacional: la forma narco-capitalista que nos controla

Recuerdo que la primera vez que escuché hablar de narcotráfico y de disputas por las rutas de sus mercancías, casi siempre se hacía referencia a las urbes, por ejemplo, se hablaba mucho de Cali y de Medellín, aunque la producción de estas mercancías se hiciera en territorios ruralizados. Se hablaba de personajes como Pablo Escobar, entre otros, no sólo por las “obras” que hacía en barrios empobrecidos, sino también por las bombas que explotaban y la gran criminalidad que expresaba en muchas partes. Se hablaba de su gran capacidad adquisitiva con la que lograba comprar fácilmente la ley y la justicia, también las vidas y las muertes de miles de personas. Pero no me voy a detener en esto, ahora sólo pretendo hacer un pequeño recuento, de cómo hoy la cocaína se convirtió en una de las mercancías globales.
En la actualidad, el panorama ha cambiado drásticamente, tanto que el narcotráfico pasó de ser un negocio liderado por capos y pequeños grupos al margen de la ley, a convertirse en la estrategia transnacional más relevante para acumular dinero hoy, es decir, la forma narcotraficante en la práctica, es política estatal. En la que gobiernos, leyes, instituciones, aparatos de seguridad, funcionarios… son medios para traficar y lavar los activos de esta criminalidad. Miremos entonces, los 4 niveles de la red del narcotráfico que nos presenta Andrés Espinosa Fenwarth (Naciones Unidas, 2025), basándose en un informe citado por Bloomberg Línea de International Crisis Group -centro de pensamiento de alcance global-.
- Los inversionistas que inyectan capital y abren nuevas rutas, por ejemplo, en Asia y Oceanía. “Son empresarios, políticos, personas de la élite que tienen acceso al sistema bancario”, son los encargados de lavar activos en paraísos fiscales como Dubái y Panamá.
- Los traficantes globales como el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación de México y al Primeiro Comando da Capital de Brasil (PCC). Estos controlan casi toda la logística transnacional del tráfico de drogas ilícitas.
- Los narcotraficantes globales. Además de los anterirores, se sumaron grupos criminales ecuatorianos, Los Lobos y los Choneros, que tienen el control de la cadena de suministro de cocaína mezclados con los embarques de banano hacia Estados Unidos -vía Costa Rica y Guatemala- y hacia Europa, a través del Océano Pacífico.
- Los grupos de distribución urbana. Estos reciben el pago en armas y en especie para la venta de drogas al menudeo, rentas que impulsan otras actividades criminales como la extorsión y el secuestro.
Todo un entramado mafioso, que garantiza la legalidad de lo ilegalizado, es decir, el lavado de activos. Donde se le lava la sangre al dinero obtenido por los grupos de crimen organizado para que entre “limpio” a las esferas más altas de la economía global. Sin demeritar la alta criminalidad y gran acumulación de dinero que tienen los carteles de México, podríamos decir que El Primer Comando de Capital de Brasil, es tal vez el grupo de crimen organizado más grande de este continente,
Que podría llegar a 40 mil miembros, buena parte de ellos en prisiones. A través del tráfico de cocaína estableció alianzas con la ‘Ndrangheta italiana y se cree que cuenta con sólidos apoyos en países africanos y europeos.
Lo que revelan las investigaciones de los últimos años es una creciente sofisticación en las operaciones de lavado de dinero, así como su participación en sitios web de apuestas en línea y la inversión en clubes de fútbol. En la actual investigación surgió que el PCC domina la cadena de la caña de azúcar, a través de la compra de haciendas, plantas refinadoras, puestos de combustibles y transporte. (Zibechi, 2025)[vi]
Mundialmente, necesitan controlar todo para garantizar el trabajo coordinado entre inversionistas extranjeros (de banca, bolsa de valores, finanzas transnacionales), traficantes globales, narcotraficantes globales y grupos de distribución urbana. Como diría Holloway, enfrentamos “la forma más natural del estado”, con el dominio capitalista y la expresión de poder sobre los territorios. Reconocemos entonces, que el estado, es maquinaria necesaria para el control narco-capitalista de la vida toda. Por esto, poco hacen desde esa institucionalidad para frenar extractivismos (oro, coca, marihuana, petróleo, gas…) y para evitar la guerra, pues se sirven de ella. Por esto, las estructuras estatales están al servicio del negocio global capitalista, los gobernantes son fichas claves de las estructuras criminales, la llamada fuerza pública protege esas mercancías y hasta las contrataciones, licitaciones y otro tipo de prestación de servicios de las instituciones públicas, están controladas por esos mismos grupos criminales. En lo que llaman Colombia, por ejemplo:
Estamos combatiendo mafias que están dentro de las instituciones públicas, sin excepción, en todos los poderes públicos, en clave de enriquecerse. Ni siquiera están haciendo un plan político para tomarse el poder. Están en clave de enriquecerse, de seguir acumulando riquezas a través de sus negocios ilícitos con fachadas y con la toma y la captura del estado. (Andrés Idárraga, Secretario de Transparencia de la Presidencia de Colombia, (2024)[vii].
Pese a que el actual gobierno de Gustavo Petro ha implementado medidas pacíficas para negociar la paz con los grupos criminales que promueven el narcotráfico desde estos territorios y que desde el 7 de agosto de 2022 hasta el 30 de junio de 2025, según información del Ministerio de Defensa, ha decomisado 2.345 toneladas de cocaína. No ha logrado frenar la guerra ni la expansión de la coca para la producción de cocaína en el país. Justamente, porque la demanda de drogas llamadas ilícitas sigue creciendo exponencialmente. Así lo publicó recientemente Nacionales Unidas:
… Con 244 millones de usuarios, el cannabis continúa siendo la droga más utilizada, seguido de los opioides (61 millones), las anfetaminas (30.7 millones), la cocaína (25 millones) y el éxtasis (21 millones). Los nuevos grupos de personas en situación de vulnerabilidad que huyen de la inestabilidad y el conflicto podrían hacer que estas cifras incrementen, advierte el Informe.
… La producción, incautaciones y consumo de cocaína alcanzaron nuevos máximos en 2023, convirtiéndose en la droga ilícita con mayor crecimiento de mercado. La producción ilegal se disparó a 3,708 toneladas, casi 34% más que en 2022. Las incautaciones mundiales alcanzaron un récord de 2,275 – lo que supone un aumento de 68% con respecto a 2019-2023. (UNODC, 2025)[viii]
Si sólo nos enfocamos en los veinticinco millones de consumidores de cocaína “identificados” en el mundo, vemos que suman más de la mitad de la población[6], de este territorio que llaman Colombia. Territorio que sigue siendo referente global de la cocaína y que este año se mantiene en el récord de producción y comercialización, “con 2.600 toneladas producidas y 253.000 hectáreas de cultivo, que representan el 70% de la producción y un 67% de la superficie cultivada a nivel mundial” (Ibíd). Llama la atención que Trump nos descertifique pese a que este gobierno ha realizado las mayores incautaciones y a que la producción de cocaína depende de la gigantesca demanda de EEUU y Europa. Mientras que entrega un salvavidas multimillonario al gobierno de Argentina, en el que su principal asesor financiero, Santiago Caputo, está siendo investigado por la Unidad de Información Financiera -UIF, por sospecha de lavado de dinero en ZEFICO, S.A., donde éste aparece como su único empleado (La Nación, 2025).
Con razón, la disputa territorial y la guerra contra los pueblos no da tregua. Precisamente, porque necesitan nuestros campos disponibles y nuestra mano de obra atemorizada, para seguir surtiendo mercados según la demanda global. No es casual que donde la atención social nunca llega, donde intermediarios se roban la producción de alimentos, donde la educación y la salud son un privilegio y donde los grupos armados controlan, se impongan “ofertas” y “oportunidades” rápidas. Así ha ocurrido en los departamentos como Nariño, Cauca, Putumayo, Caquetá, Guaviare, Norte de Santander y Antioquia, convertidos en los principales productores de coca. Allí no es rentable cultivar alimentos, pero coca y marihuana sí, porque se compran con valor agregado en la misma finca que se producen. Tanto así, que la biodiversidad de López de Micay en el Kauca se transformó en un desierto de coca.
La ausencia de condiciones de vida digna, el empobrecimiento y el acaparamiento de tierras, garantizan la mayoría de mano de obra barata para el negocio global, por ejemplo con la cocaína: el eslabón más precarizado y señalado es el productor y el cultivador de la hoja de coca. Mientras tanto, la codicia de una minoría (inversionistas, políticos, mandatarios), acumulan estrepitosamente ganancias al otro lado del océano. Nótese en los costos del kilo de cocaína: “…son más bajos en países de América del Sur, donde se encuentran los principales productores, con precios que varían de $1.500 USD a 1.800 USD/Kg. En contraste, los países de Asia y Oriente Medio presentan los precios más altos, superando los $ 200.000 USD/Kg… (CMCO, 2024). [ix]
La expansión del consumo de cocaína en Europa, Asía y África, tiene todo que ver con la expansión de la producción de la hoja de coca aquí. Los armados se disputan o se alían para controlar la producción, las rutas, los mercados y así atender la demanda global. En este territorio, existen tres tipos de regiones que indican el tipo de relación entre los armados: “En las zonas de disputa hay enfrentamientos entre dos o más grupos; hay otras donde coexisten, esto significa que allí los grupos no entran en abierta confrontación; y están las zonas de dominio, que son aquellas con presencia y control avanzado de un grupo.” (Fundación para la Paz, 2024)[x].
Además controlan, las llamadas economías ilícitas: minería, fauna, madera, contrabando, trata de personas, secuestros, extorsiones, robos, entre otras formas criminales que se convierten en la normalidad cotidiana. Como afirma Manuel Rozental, esto responde a una política trasnacional que está erosionando nuestro sueño de territorios colectivos autónomos y nos está empujando a la pesadilla de territorios criminales autónomos. Está clarísimo, como decíamos al inicio, el narcotráfico ya no es un negocio de unos grupos criminales al margen de la ley, el narcotráfico es la ley transnacional que nos controla y nos mata en los territorios para garantizar la codicia y acumulación global. En últimas:
El narcotráfico es un negocio que en lo fundamental financiero, apoya y enriquece al capital legal. Ninguno de nuestros estados ignora esto y ninguna de las clases poderosas del planeta, las más poderosas: la banca, las transnacionales y demás pueden decir que no tienen nada que ver con eso. Quiere decir que el narcotráfico produce dinero que le entra directamente a las arcas y enriquece a la gente más rica del mundo y les da el poder. (Rozental, 2019)
Retomar el camino de la mano de la comunidad

Antes de conocer a mi compañero de vida, estaba más patriarcalizada, colonizada, capitalizada y racializada que hoy, pese a que nací del amor de dos pueblos originarios en la Madre de los Bosques: pueblo Nasa y pueblo Misak. Es decir, que mi condición como mujer Nasa-Misak, no me exime de la sociedad que históricamente nos ha construido. Pese a que nuestra existencia es milenaria y a que nuestra memoria es más larga que la del patriarcado, la colonización, el estado y el racismo, seguimos atravesadxs por todas estas formas de dominación y las reproducimos en distintos niveles. A mi compañero de vida (Manuel Eduardo Rozental Klinger), le agradezco profundamente, la mujer Nasa-Misak que soy actualmente. Con su ejemplo coherente, me ha afianzado en la lucha por la Madre Tierra, me ha enseñado a reconocer contradicciones, me ha insistido en la autocrítica para trasformar y me ha exigido no tener precio para que no me puedan comprar. En ese mismo sentido, retomo las palabras de un guardia indígena que desde Toribío, Kauka, nos refiere a la palabra y acción en el espíritu de la comunidad:
Las contradicciones debemos mirarlas desde nuestra propia casa. Nos hemos preguntado: ¿Qué estamos comiendo?, ¿Qué estamos cantando?, ¿Cómo nos estamos vistiendo?, ¿Cómo nos estamos educando?, ¿Cómo nos estamos curando?, ¿Cómo nos relacionamos con el territorio?, ¿Será que las autoridades conocen realmente las necesidades de las comunidades?, ¿Será que las comunidades conocen todo lo que hacen las autoridades?. Nosotros también somos contradictorios cuando nos limitamos a aplaudir y a obedecer para que no nos quiten el trabajo o para no perder algún beneficio que nos brinda la institucionalidad indígena.
En nuestra Kauka, hemos aprendido que la máxima autoridad es la asamblea comunitaria. Ahí está la esencia de la discusión, decisión y acción conjunta de los pueblos. La asamblea comunitaria, ha sido el útero del movimiento indígena. Ha sido el espacio donde se abordan contradicciones, debilidades, errores, y a la vez, se buscan salidas, abordajes y se proyectan caminos comunes para fortalecer la lucha organizativa. Entonces, es necesario recuperar el útero del movimiento indígena para seguir pariendo vida. Tener la sabiduría para volver a reconocer contradicciones, tener humildad para hacer autocrítica y volver a enamorar a nuestros pueblos del hacer colectivo. Si recuperamos la asamblea comunitaria para priorizar asuntos críticos y temas de fondo de los cuales depende nuestra pervivencia, habrá futuro.
Es importante, retomar y recrear la lucha que nos ha garantizado pervivencia pese a las guerras. Los aprendizajes de ayer, necesarios hoy dado nuestro contexto, que nos deja el legado de la cacica Gaitana, Mandiguagua, Juan Tama, Quilos y Ciclos, Mama Dominga entre muchxs otrxs referentes de lucha que ni conocemos. Para ir más cerca, se requiere reconocer la palabra y la acción, de Edwin Dagua, Cristina Bautista, Sandra Liliana Peña, Argenis Yatacué, Fredy Campo, Edgar Tumiñá y muchos más que nunca abandonaron el control territorial, que siempre abonaron el pensamiento comunitario y fueron asesinadxs cuidando la vida de los demás. Como el compañero Carlos Andrés Ascue Tumbo, quien además de educar a la niñez, era cuidador del territorio, reconocido por su acción libertaria empeñado en evitar el reclutamiento que hace tiempo se nos salió de las manos.
Precisamente porque la estructura estatal despoja y vulnera a la niñez y a la juventud dejándolas sin salida, pero también la violencia doméstica, el maltratato infantil, el abuso a las niñas dentro de nuestros territorios, las empuja a ser parte de las estructuras armadas. Carlos Andrés, solicitaba abiertamente, más atención e inversión en espacios deportivos para evitar que los jóvenes empuñaran un arma. Él proclamaba además, la ternura y el cariño:
Hay que llegar a las personas que no están con nosotros. Hay personas que no salen de la casa, que cierran la puerta cuando ven a la guardia. A esas personas hay que llegarles de manera pedagógica, de manera cariñosa, mediante el amor. Mediante una pedagogía de la ternura y del cariño.
Tal vez, los Kiwe Thegnas, lxs guardias indígenas, sean el único elemento orgánico que le queda al movimiento indígena pese a las amenazas, a la arremetida armada, a los desplazamientos forzados, a los asesinatos, a la desaparición, al reclutamiento, al narcotráfico que está queriendo controlar todo. Pero también, pese al descuido y al olvido que sufren por parte de la misma organización indígena. A la guardia indígena también la están diezmando, precisamente por representar y accionar el cuidado del territorio. Ellas y ellos, son comuneras y comuneros que desde las bases territoriales se forman en la práctica concreta para proteger la Madre Tierra, defender la organización indígena y cuidar la vida de sus comunidades. En consecuencia, arriesgan la vida misma para garantizar la pervivencia de sus pueblos junto a sus territorios. Valdría la pena, equilibrar la balanza ahora que la organización indígena maneja millonarios presupuestos, para asegurar la vida digna de sus familias y retribuir a una labor justa en sus comunidades. Y además, garantizar la consolidación y el funcionamiento permanente, de los 19 semilleros del proceso Luuçx kiwe Thegnas, desde donde forman autogestionadamente a niñas y niños Nasa en el cuidado y defensa de la Madre Tierra desde el norte de nuestra Kauka.
Así mismo, se requiere establecer una agenda propia del movimiento indígena, que vaya más allá de los partidos políticos, de los gobiernos de turno, de los empresarios, de las mesas de negociación, de los caciques de turno, de los grupos armados y del negocio global capitalista. Una agenda propia que resurja de entender el contexto actual revisando críticamente la historia de nuestros pueblos, pero también que nazca desde las realidades y necesidades concretas de nuestras comunidades en el marco de la colectividad. Más allá de la legalidad y la ilegalidad en la que nos tienen atrapados, una agenda propia que ponga en su lugar a la agenda ajena. Encaminada desde el territorio, esta agenda nuestra, daría la legitimidad que hoy hace tanta falta en todas las estructuras organizativas.
Igualmente, necesitamos aprender y reaprender con y de otros procesos sociales y populares del mundo, que están viviendo y resistiendo de manera ejemplar, todo este entramado de violencias que beneficia al negocio global capitalista. Saber desde la resistencia cotidiana, ¿cómo lo están haciendo lxs zapatistas, lxs mapuche, lxs kurdxs, lxs purépecha, lxs ocupa …? , conocer de sus fracasos, de sus desafíos, de sus contradicciones, pero también reconocer referentes importantes, como por ejemplo, la larga lucha de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó en Antioquia. Quienes desde la experiencia concreta reconociendo debilidades en la convivencia colectiva, han forjado compromisos comunitarios que se han convertido en palabra y acción, y que hoy son los escudos internos que garantiza máximos de autoorganización, de autogestión y de autocuidado. Ellas y ellos siguen resistiendo, pese al asedio paramilitar/estatal que ha cobrado más de 400 víctimas desde hace 27 años cuando se organizaron como comunidad de paz. Ellas y ellos caminan estos compromisos, que hoy son imposibles en nuestra Kauka.
Los miembros de la CDP se comprometen a:

Necesitamos también, tejer lazos de solidaridad recíprocos con referentes externos. Reconocernos con la autonomía zapatista, justamente porque están viviendo la misma guerra narcocapitalista contra sus bases comunitarias[xi]. Es vital, tejernos estratégicamente para aprender juntos/juntas de esta arremetida transnacional que beneficia el negocio global capitalista y está llegando a lugares antes impenetrables por su fortaleza organizativa. Asímismo, mirarnos en la autonomía kurda, precisamente porque se ha convertido en el referente de la lucha contra el patriarcado y los estados. Necesitamos una relación recíproca, en la que allá puedan aprender de nuestra relación y liberación con la Madre Tierra, y acá podamos aprender, que de la libertad de las mujeres dependen las otras libertades y que si la “autonomía avanza, los estados retroceden”.
Nos hace falta retomar palabra y acción en el espíritu de la comunidad, así como en algunos lugares se ha retomado el cuidado a la niñez y la juventud, la producción orgánica, el intercambio económico entre pueblos, el cuidado territorial y se caminan las mingas desde adentro. Ojalá volviéramos a marchar, pero “para expresar nuestro compromiso de unirnos y de trabajar tejiendo la solidaridad recíproca que hace falta para defender la vida. Esta vez sabemos que solos no podemos y que nos necesitamos mutuamente para entender, para resistir y para crear un país y un mundo posible y necesario” (Mandato Indígena y Popular, 2004).
Ojalá honráramos la memoria de nuestras muertas y muertos. Ojalá escucháramos sus reclamos. Ojalá esta vez sí acudiéramos a sus llamados. Ojalá volviéramos a unirnos, como nos lo exigió nuestro compañero Fredy Campo, dos años antes de que fuera asesinado cruelmente frente a su familia:
Las amenazas más grandes que hemos tenido, han sido por sacar a los actores armados de nuestro territorio y hemos quemado las armas. La fuerza está en la base y han dicho que aquí ningún grupo armado es bienvenido. Estos quieren debilitar a la Guardia Indígena y a la organización, pero aquí hemos dicho que no queremos las armas, porque nos traen desarmonía. El tema de la coca y la marihuana está queriendo coger fuerza, por eso debemos unirnos. Este es el mensaje a otros pueblos indígenas y demás territorios, que sepan que si no nos unimos nos van a debilitar el territorio. El lema es que guardias somos todos, por eso, toda la comunidad es responsable de cuidar el territorio.
Vilma Rocío Almendra Quiguanás, Madre los Bosques, Kauka, Territorio que llamaron Colombia, septiembre de 2025.
[i] Ver (Almendra, 2017), Entre la Emancipación y la Captura: memorias y caminos del pueblo Nasa.
[ii] Instituto Colombiano de Bienestar Familiar- (ICBF, 2025).
[iii] Morir en un país que amabas, (El Espectador, 2025)
[iv] Masacres en Colombia, (Indepaz, 2025).
[v] “Reclutamiento forzado en Cauca y Nariño: una forma de control armado sobre el territorio y la vida, (Indepaz, 2025).
[vi]Leer texto: Capitalismo es sinónimo de crimen https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/09/05/opinion/capitalismo-es-sinonimo-de-crimen
[vii] Entrevista de Cecilia Orozco (La Raya, 2024).
[viii] Informe Mundial sobre las Drogas 2025 de UNODC: La inestabilidad mundial agrava el impacto social, económico y de seguridad del fenómeno mundial de las drogas.
[ix] Leer Estimación Global del precio de las drogas ilícitas, Centro Internacional de Investigación y Análisis contra narcotráfico marítimo -CMCO-, 2024.
[x] Revisar la geografía del accionar de los actores armados en “Paz Total: los grupos armados ganan con cara y con sello”.
[xi] Ver la reciente denuncia desde Chiapas: https://mujeresylasextaorg.com/2025/09/30/la-continuidad-de-la-contrainsurgencia-en-chiapas-despojo-creacion-de-conflictos-e-incursion-de-fuerzas-militares-y-estatales-contra-el-ezln-cdh-frayba/


