Palabras para: Tejernos, reconocer nuestro exterminio y preservar la Vida

“… Creemos en un Mundo-Mujer-Pacha, que no ha llegado a develarse todavía, pero existe, nos nutre y nos conforta; que ha perdido y sangrado mucho aunque es imprescindible, y que ahora puede quedar aplastado por mafias autoritarias, fascismos renacidos y mentiras de todos los colores…”

 

 

El texto que continúa es el resultante de varios meses de diálogos y lecturas, quienes aportaron sus valiosos testimonios despojados de interés y de egolatrismo intelectual fueron Vilma Almendra y Manuel Rozental (Pueblos en Camino). Trabajaron semanas para escribir y manifestar estas líneas rizofórmicas; l@s escuchamos y nos contaron acerca de esas otras-voces que suceden en nuestro abajo, a la vez nos dieron cuenta clara de nuestro exterminio. Desde Enbuscadelos.com.ar logramos tomar algunas notas (lo hicimos como pudimos en las formas de las no formas que se Devienen y suceden), y en el Colectivo Devenir salió publicado e impreso el rizoma.

 

Desafío propuesto: ¿qué hacemos desde nuestros espacios con testimonios de este tipo?

 

 

Palabras para: Tejernos, reconocer nuestro exterminio, y preservar la Vida

 

Cuando Morfeo nos advertía que la Matrix estaba en todos lados y que éramos esclavos de nuestras mentes, quizás le faltó traer esa problemática un poco más hacia acá. Del mismo modo cuando nos quedamos inmovilizados y absortos ante nuestros problemas y cotidianos es probable que nos falte profundizar, no levantamos las cabezas hacia nuestros entornos, hacia los territorios cercanos, no estamos preparados para eso, nunca nadie nos lo recomendó. A la vez, en las luchas que no vemos de esos otros Pueblos, tampoco vemos que las formas de sometimiento son similares a las que padecemos.

 

El libro “Palabras para Tejernos, Resistir y Transformar…” de alguna manera se atrevió a llenar ese vacío del cual en la actualidad pocos se atreven a hablar. Fue escrito desde muchas voces que provienen de distintos países de la región, a partir de la iniciativa Pueblos en Camino. En el tejido de palabras se señalan diversas problemáticas territoriales, teóricas y prácticas invisilizadas desde larga data. Revela también desde varios ángulos cuestiones de fondo a las cuales nos estamos enfrentando, aún cuando no lo sepamos o no seamos conscientes de ellas.

 

Tuvimos la grata fortuna de poder conversar con dos de los miembros de Pueblos en Camino, quienes participaron en la elaboración del libro desde Colombia, Vilma Almendra y Manuel Rozental; y para entender de qué va la cuestión dejamos un fragmento que ell@s se animaron a plantear ya en las primeras páginas: “… Creemos en un Mundo-Mujer-Pacha, que no ha llegado a develarse todavía pero que existe, nos nutre y nos conforta; que ha perdido y sangrado mucho aunque es imprescindible, y que ahora puede quedar aplastado por mafias autoritarias, fascismos renacidos y mentiras de todos los colores…”

 

Estas palabras marcan un sendero, un hacia dónde vamos, un hacia dónde podemos evitar ir. A quienes se animen a entrarle al libro quizás les suceda lo mismo que a nosotr@s, así, abofeteados en nuestros interiores más profundos caeremos en la cuenta de que lo planteado por Morfeo es incompleto, no alcanza sólo con liberar nuestras mentes y saber de la existencia omnipresente de la Matrix, falta ese pasó más, el cual nos conduce a evitar ser cómplices de nuestro  exterminio, de nuestra propia muerte…

 

No todo el panorama es desalentador, en el otro extremo del puente se halla lo más simple, aunque quizás sea también lo más complejo: la reproducción y la preservación de la vida.

 

Cuéntennos por favor primero de qué se trata Pueblos en Camino.

 

No somos voceros de Pueblos en Camino, porque no tenemos voceros. Somos, eso sí voces desde allí. Pueblos en Camino es una propuesta, una apuesta y un desafío ante el espejo y frente a las transiciones (para mal o para bien) de nuestros tiempos. El punto de partida es ese compromiso con “tejer resistencias y autonomías entre pueblos y procesos”, que nos identifica. Autonomías desde pueblos y territorios, con horizontes de la política y de lo político diferentes y aún incompatibles con lo que la concepción y práctica de la política significan e imponen. Una política-otra desde la defensa, la resistencia y la reproducción de la vida en común y colectivo. Horizontes, tramas, experiencias, sabidurías, saberes, búsquedas desde ámbitos y sentidos otros que no caben, ni han cabido nunca, en los límites que la política (Capital-Modernidad) impone para servir inevitablemente al proyecto de acumulación, exclusión y despojo. En este sentido y desde allí, tejidos entre pueblos y procesos, que priorizan, claro, resistencias desde esos otros horizontes comunitarios y populares de la política y lo político al Capital, a la conquista permanente, al despojo en la fase transnacional corporativo-especulativa que amenaza a la vida toda.

 

El impulso y la dinámica que viene dándose surgen de diversas vertientes y experiencias que siguen sus cursos autónomos, pero que a su vez generan espacios de encuentro, palabra y acción. Un común denominador es la experiencia que nos deja nuestra participación directa en luchas colectivas, en procesos que surgieron  y surgen desde la penumbra a la que son condenadas, generan momentos de levantamiento y movilización y, en la mayoría de los casos, son retornadas bajo los términos que impone el sistema en sus dinámicas y condiciones, a la oscuridad y aparentemente desaparecen en el fracaso. En realidad, nos identifica saber que esta dinámica de luz y sombra no reconoce la verdad de los procesos ni el movimiento de los comunes y los pueblos.

 

No somos ni un colectivo cerrado, ni una institución u organización. Somos, en torno de ese tejer desde y con los pueblos. Llegamos acá inicialmente, como impulso solamente, desde, por ejemplo, la Minga Canadá-Colombia, cuyos protagonistas fueran las “Luchas populares invisibles” (mujeres, afro-descendientes, indígenas, campesinas, sindicatos) y sus planes de vida en resistencia sin supeditarse a la solidaridad institucional, ni a las insurgencias armadas o partidos de izquierda. También desde la Minga de Resistencia Social y Comunitaria y su agenda de los pueblos y acciones de movilización colectiva desde el territorio y pueblos indígenas del Cauca en Colombia y, en particular, del Tejido de Comunicación para la Verdad y la Vida del Norte del Cauca y su experiencia de tejer y caminar palabras colectivas desde territorios y ámbitos de pueblos y comunidades, no-circunscritos por la geografía política de los Estados Nación.

 

Pero estos son apenas unos de los pre-textos e impulsos que nos llevaron a estarnos encontrando personas concretas con raíces en procesos populares. Entre nosotras y nosotros estamos trayectorias que no pueden restringirse ni caracterizarse desde oficios particulares. Precisamente, nos hemos servido en lo posible de los oficios, en contextos diversos, para pervivir, aprender y participar en luchas y procesos. El activismo, la escritura militante y crítica, la investigación, la docencia, las diversas formas de lucha directa, la comunicación, las responsabilidades en movimientos indígenas, populares y sociales, las militancias partidistas son apenas ejemplos que ilustran eso de que vamos siendo a través de lo que hacemos. Nuestros orígenes son tan diversos como nuestros países de nacimiento, militancia, residencia o exilio. Bolivia, Argentina, Colombia, Perú, México, Uruguay, Brasil, Venezuela, pero también Canadá, Grecia, Bélgica, Francia, entre otros. Una manera de presentarnos, tal vez, sea nombrar ese desafío que nos convoca y nos reclama no suplantar, no callarnos y no quedarnos en la palabra. En nuestros encuentros y actividades diversas tejemos conjuntamente intentando entender contextos, siempre exigidos por el reclamo de nuestro referente, nuestro “lugar de enunciación” que son los pueblos en movimiento, desde abajo reproduciendo la vida y resistiendo. Pueblos en Camino, por lo dicho, es un tejer abierto a los encuentros y reconoce que “ni somos los que estamos ni estamos los que somos”.  No convocamos ni reclutamos para que se nos sumen, por el contrario, nuestras historias y caminos reflejan nuestra vocación de sumarnos a y desde horizontes comunitarios, reconocer, aprender, aportar a los caminos de los pueblos con la Madre Tierra frente a la amenaza de exterminio y por la resistencia y superación del Capital-Modernidad y de la conquista.

 

Uno de nuestros instrumentos, la página web abierta a insumos, ayudas, críticas, expresa éstas búsquedas y sentido en sus secciones: ¿Dónde Estamos? Análisis y lecturas que aporten a debatir y comprendernos en contextos y procesos. ¡Así No! Posiciones argumentadas y firmes de denuncia y rechazo. ¡Así Sí! Experiencias, saberes y caminos desde abajo, y, ¿Cómo Así? Señalando oportuna y permanentemente errores, abusos y contradicciones de quienes habiendo asumido el mandato de servir a las causas, se sirven de ellas.

 

¿Cómo fue el proceso como colectivo de entender entre much@s que era necesario bajar a palabra lo planteado en el libro?

 

Quienes escribimos los textos que recoge “Palabras para Tejernos…” veníamos encontrándonos en teleconferencias casi semanales, cuyos contenidos, de una parte nos informaban sobre situaciones y de otra, abrían espacios de reflexión, intercambio abierto, debate. Uno de los efectos de estos intercambios es que el conjunto de lo dicho se teje como mucho más de lo que se planteara individualmente y desde un contexto en particular. En consecuencia, nos descubrimos intencionalmente reconociendo ese conjunto y frente al mismo retomando nuestras perspectivas. Desde noticias, pasando por análisis, pero siempre en torno de vivencias y experiencias comunes, colectivas, comunitarias. La presión del actuar, del hacer, del manifestarnos, de pasar del análisis estaba y está siempre presente. Es nuestra identidad. Es allí cuando Raquel Gutiérrez Aguilar nos propone hacer un libro y se asume como tejedora del mismo. Lo más difícil estaba hecho: lo esencial lo teníamos en común, el sentido ético, la razón de ser y hacer. Raquel propone un plazo para aportar textos y una extensión para los mismos. Acordamos una dinámica de edición que consistió en que cada cual asumía la responsabilidad de leer por lo menos un texto de otra persona, para ayudar en lo gramatical básico y también, aportar preguntas, dudas, críticas o comentarios. Acordamos respetar totalmente los contenidos y posturas de cada quien. La riqueza de los intercambios frente a los textos y la oportunidad de leernos y re-conocernos fue maravillosa. El “sentido común” del libro queda en evidencia en el título de mismo y en su editorial. Ambos surgen de aportes que intentan nombrar lo común y lo logran sin ninguna dificultad. Raquel se echa encima la tarea de unificar y editar en definitiva los textos redactados y revisados y en dos meses, a partir de la propuesta, la primera edición mexicana de Pez en el Árbol está en diagramación e imprenta y sale 15 días más tarde, a tiempo para estar disponible en las Jornadas Andino-Mesoamericanas de los Pueblos Indígenas. Por iniciativa de Óscar Olivera y con una introducción suya se hace una segunda edición en Bolivia y luego una tercera promovida por Raúl Zibechi en Chile, mientras avanza una edición italiana. Fue fácil hacerlo porque, como lo decimos en el editorial, “creemos en la ética de lo colectivo. No estamos en esto para “ganar” debates o colgarnos medallas sino por esforzarnos por aportar a otros colectivos y, de modo muy particular, a toda la humanidad sencilla y sensible, humilde y hermana, que siente que las cosas no pueden seguir siendo así. Nos gusta poder decir que no sabemos…Así, poco a poco, nos vamos descubriendo en un lugar común. Del lado de los pueblos, en medio de esta guerra en su contra desde el poder. En contra nuestra.”

 

En el libro y en otros contenidos que difunden señalan constantemente la existencia de contradicciones en lugares donde los meta-análisis tradicionales no las reconocen, así las sintetizan y nos presentan unidades temáticas indivisibles, homogéneas y simplificadas. ¿Por qué es importante y necesario esa tarea de des-armar lo establecido e identificar a las contradicciones?

 

Una manera de sintetizar simplificando el desafío que plantea la pregunta es reiterar lo dicho antes al referirnos al ¿Cómo Así?: Hay quienes a nombre de servir las causas, se sirven de ellas.

 

Todos los textos del libro, desde Raúl Zibechi hasta Héctor Mondragón, desde Raquel Gutiérrez Aguilar hasta Pablo Mariman y Natalia Sierra, todos, incluidos, por supuesto los nuestros, plantean y rechazan con firmeza la agresión del Capital, la guerra contra los pueblos, el despojo y la destrucción por el afán de acumulación en esta fase neoliberal o post-neoliberal como explica Pablo Dávalos, del régimen global. En consecuencia, es claro que nos convocan, sin lugar a dudas, la consciencia de ese “Proyecto de Muerte” y nuestro compromiso explícito con los tejidos de resistencias, luchas y alternativas al mismo. Simultáneamente y en coherencia con esta posición, reconocemos que vivimos “tiempos confusos y turbulentos” en los que las formas de dominación conocidas y nuevas, “son defendidas por aquellos que dicen combatirlas mientras las apuntalan”. En otras palabras, resistir al capital y luchar por defender y construir alternativas desde abajo resulta coherente con señalar las contradicciones de dirigencias, movimientos, partidos y gobiernos indígenas, campesinos o de izquierda. Existen por ejemplo, burguesías izquierdo-parlantes que defienden, promueven y acumulan a partir del extractivismo, los megaproyectos y la especulación financiera, así como existen líderes de organizaciones y movimientos indígenas y populares que aprovechan las causas y discursos para obtener beneficios y poder dentro del sistema. Desafortunadamente, no se trata de excepciones ni de casos aislados. Conocidos son, para citar solo unos ejemplos, la construcción de la vía a través del TIPNIS en Bolivia, la explotación del ITT Yasuní en Ecuador, los megaproyectos del Brasil entre los que se destacan las represas hidroeléctricas de Xingú en Altamira, los monocultivos del agronegocio corporativo en Argentina, Uruguay, Brasil y Bolivia, la minería extractiva corporativa transnacional en todos los países con gobiernos progresistas, entre muchos otros que resulta imposible enumerar.

 

Debemos reconocer que existen sin duda diferencias entre los gobiernos “progresistas” y los de derecha, pero también, que tienen en común el modelo corporativo-financiero-extractivista que define al Capital transnacional. En este contexto, se ha convertido en práctica recurrente, a nombre de, “no darle ventajas al enemigo capitalista e imperialista”, o de que “quienes no están con nosotros (la “izquierda”), están con ellos (la derecha), el encubrir, legitimar y promover estos proyectos, en torno de ideologías, doctrinas y discursos incuestionables so pena de señalamientos, amenazas y marginaciones. Junto con quienes resisten y sufren directamente las consecuencias de megaproyectos y despojos, lo contradictorio sería abandonarlos por defender la doctrina y el discurso.

 

Ante estos tiempos oscuros y confusos, resulta indispensable y difícil poder distinguir entre nosotrxs y ellos. El hecho de pronunciar un discurso, pertenecer a un partido o movimiento de izquierda o indígena, haber sido candidatos electos a nombre de movimientos y movilizaciones populares, no es garantía de coherencia con la defensa de lo colectivo, de la reproducción de la vida, de los territorios y con la resistencia al Capital. Por eso, en cuanto resistimos al Capital abiertamente de derecha y su proyecto totalitario y corporativo, decimos que “(n)os convoca una militancia que rechaza doctrinas y fórmulas. Sentimos una repugnancia compartida hacia autoridades, vengan de donde vengan; y hacia sus fórmulas llenas de soberbia y desdén”. Puestos a escoger, nos definimos con y desde los pueblos, por la vida y la Madre Tierra y contra el Capital y el abuso. Hacemos eco de las palabras de Hugo Blanco: “No les enseñen Marxismo-Leninismo. Enséñenles a defender el agua”.

 

El libro también se teje con situaciones territoriales prácticas, a partir de la acción desde abajo, ¿es posible que consideren intencionalmente no caer en el vacío del mero discurso, o de lo que es peor, intelectualizar cómo hoy se estila para marcar agendas afines a los poderes de turno?

 

Nos aterra la posibilidad de caer en la trampa del extractivismo intelectual y académico que explota en sus términos, aprovecha y re-define para su beneficio según sus criterios, las “legítimas luchas y causas populares”. Seguramente el texto que aborda más directamente desde “situaciones territoriales prácticas, a partir de la acción desde abajo” la época que estamos viviendo sea: “La Paz de la Mama Kiwe en libertad, de la mujer sin amarras ni silencio”. En nuestros intercambios y actividades tenemos como referente los procesos y tramas colectivas y comunitarias. No vemos, por ello una contradicción entre un análisis económico sobre, por ejemplo, “La crisis del afán de lucro” (Héctor Mondragón) y las acciones desde abajo, pues, el sentido de este y otros trabajos similares es aportar saberes que permitan a los procesos superar engaños y confusiones intencionales y sistemáticas del régimen para comprender sus contextos y definir el sentido de sus luchas a consciencia y con autonomía.

 

“Nosotros nos asumimos, también, como paridos y tejidos por la Madre Tierra y nos esforzamos por aprender a vivir bajo su mandato. Por eso, sentimos asco del patriarcado machista inseparable de la modernidad agotada y de la codicia del capital que nos sigue robando procesos, discursos, muertas y muertos, años de lucha, compañeras y compañeros. Creemos en un Mundo-Mujer-Pacha, que no ha llegado a develarse todavía, pero existe, nos nutre y nos conforta; que ha perdido y sangrado mucho aunque es imprescindible, y que ahora puede quedar aplastado por mafias autoritarias, fascismos renacidos y mentiras de todos los colores.” Así nos asumimos, en esa búsqueda larga a la que nos convocamos y de la que tenemos más por aprender a muchas voces y luchas. No sabemos y por ello, nos necesitamos.

 

Lo mencionan muy claro en las palabras iniciales de “Palabras para Tejernos…”, ¿pero podrían darnos un pequeño pantallazo acerca de por qué es necesario construir (tejer) voces colectivas?

 

Ante esta “Crisis de Sistema-Mundo”, como lo señalara Wallerstein, nos vemos abocados, a un proceso de “bifurcación” como consecuencia de que el sistema llega a su límite. De allí la transición. Aún el lenguaje no nos alcanza ni nos sirve para nombrar lo que viene, le pertenece a lo que existe y que ya no sirve. Se agota. Las explicaciones que tenemos del mundo y de la realidad no alcanzan y esto porque las maneras de hacer, profundizan la crisis. Las respuestas desde el sistema son siempre promesas para salir haciendo más de lo mismo que ha causado los problemas. El resultado es mayor crisis, mayor despojo, más incredulidad y más grietas. Estando allí, reaparecen como relevantes y necesarios saberes y prácticas, recogidos en principios que se basan en tejernos colectivamente y tejer la historia a los territorios, a los ritmos de la Madre Tierra, a la vida. Hoy esto no es poético ni utópico ni primitivo. De lograrlo a escala planetaria y desde todos los pueblos, la humanidad pervive. O nos tejemos a la vida y sus ritmos protegiéndola, o desaparecemos. Es un desafío práctico. Ante este desafío, hay experiencias y saberes colectivos, prácticas comunitarias y categorías, palabras otras, cuyos saberes resultan indispensables para defender la vida y garantizar el futuro. Pero también, hay un repaso crítico de la historia que rompe estructuras que asumimos aún como normales y son erradas. Entre estas, el patriarcado en el propósito explícito de crear una “mujer” sometida a lo masculino para condenarla a reproducir y cuidar de la fuerza de trabajo.

 

Lo común, que nunca desapareció y ha resistido, reaparece ahora, en estos tiempos en los que la alternativa para el sistema es eliminar excedentes de población y apropiarse de la vida toda para seguir acumulando. Ante esta amenaza de genocidio, etnocidios y ecocidios como necesidad práctica del sistema, la política de lo común, lo colectivo y lo femenino arraigado a ritmos de la reproducción de la vida supera la política electoral, el estrecho margen de las democracias electorales y el ámbito de las resistencias que no son la cara contraria que complementa la dualidad en la que se perpetúa el sistema. Son mundos otros. Haceres-otros. Miradas-otras. Palabras otras y surgen acá y allá “agrietando el capital” (como lo dice John Holloway) y la modernidad. Enfrentamos la necesidad de ese mundo en que quepan muchos mundos, colectivo, diverso, disperso. Nadie puede quedarse por fuera. Reclama, para seguir con vida, ponerle un Basta! al capital totalitario y defender bienes comunes, movilizarnos, tomar calles y campos, expulsar transnacionales y luchar, con fuerza y con claridad mientras adquirimos consciencia y coherencia en la lucha.

 

Esto tal vez no evite la catástrofe de la transición, pero es nuestra oportunidad de hacerla y no de nos la impongan desde el terror y la muerte, tejidos entre Pueblos con la Madre Tierra recogiendo como semillas saberes colectivos no como cárceles de costumbres sino como materiales para trabajar la realidad, los desafíos y salir a luchar retomando lo que es colectivo y común. Nunca antes se había visto el planeta tan necesitado de todas y todos para deshacerse de un sistema suicida y pervivir. Son las lecciones de las luchas populares grandes y pequeñas, de Mingas, de bases de apoyo Zapatistas que hacen Escuelita de la Libertad para que nos pongamos el espejo y aportemos a la tarea.

 

El libro quizás no lo explicita, pero está muy latente en la mayoría de sus voces que la lucha, es en realidad por evitar nuestro aniquilamiento/exterminio, ¿podrían contarnos de qué formas se manifiesta el exterminio en nuestros cotidianos?

 

La historia del capital, es la historia de un espiral de exterminio. Exploración, explotación, exclusión y exterminio en la perspectiva de acumulación concentrada rige este proceso. Vamos de un ciclo de exterminio al siguiente, de lo contrario, el sistema y sus beneficiarios no sobreviven. Pero, como la historia la cuenta el ganador, las víctimas del exterminio no la relatan y todo va bien. Debemos levantarnos sin respetar los límites de las fronteras y tejidos como pueblos y luchar, de muchas y todas las formas por detener el abuso, el despojo, el exterminio. Esto no da espera y es lo único que puede detener este proyecto de muerte.

 

Dicho esto, retomamos para compartir, notas de una conversación previa: Estamos en una conversación en colectivo, que incluye a quienes nos encontramos como Pueblos en Camino, en una búsqueda que sentimos igual a la de muchas y muchos en la impotencia del no-poder. Hasta ahora, hecha la salvedad del lenguaje que no sirve para nombrar lo que hace falta, la llamamos entre el exterminio y la reproducción de la vida. Partimos de saber por experiencias recurrentes que aun cuando resistimos el exterminio, caemos en la trampa de las urgencias que nos impone, de las tareas, del activismo, de los discursos, de lo práctico y terminamos siendo el exterminio. Porque exterminio no es solamente la suela que te aplasta, sino quienes solamente vemos la suela obsesionados con detenerla. Somos el exterminio, suela y víctima, bota y reprimidos. Resistimos el exterminio en sus términos. Nos volvemos el exterminio y no nos queda espacio ni tiempo para la vida. Allí nos quieren y nos tienen. De allí que lo esencial de lo otro, de la libertad del lenguaje-hacer, del otro-nombrar termine siendo el título del discurso y el lugar común que no se discute y salpica sazonando los manifiestos y las tareas. Luchamos por la justicia, la libertad, el socialismo, la democracia, la participación y demás. Nombradas, “pasemos a lo práctico”. Es decir que eso, lo que reclama y abre grietas, se asume, se deja quieto, se abandona y nos dedicamos a no abrir ni a transformar. La lucha armada se hace por la libertad, pero se transforma en lucha armada y punto. La libertad es una palabra sin más. Nos convertimos en soldados, posiciones, tácticas, reclutamiento, armamento, obediencia, ira ante la muerte y muerte por la ira. Todo ello suplanta y entierra lo que nos lleva a la lucha armada. El instrumento nos quitó la libertad y la libertad la transformamos en instrumento. Y así los partidos, los movimientos, las causas nuevas, la poesía, el trabajo de sembrar y cosechar. Hay que salir, resistir, luchar, claro. Pero hay que tener palabra para caminar.

 

En función de lo que dicen: ¿Cómo resistir el exterminio en los términos y condiciones de la reproducción de la vida? ¿Cómo resistir la bota que de hecho nos aplasta sin convertirnos en expertos en suelas e ignorantes de lo que pueda haber más allá de estar debajo de la suela? Hacerlo sin cometer el error fantasioso y esquizofrénico de negar el exterminio que de hecho nos va a aplastar y es hoy peor que el fascismo, en la ilusión de que ya volamos y no estamos bajo la suela. ¿Cómo estar bajo la suela sabiéndolo y ser más que los dos lados de la ecuación del exterminio?

 

Allí viene a la memoria, por ejemplo, Jesús Emilio Tuberquia, desde la Comunidad de Paz de San José de Apartado. Él dice que los van a exterminar y lo saben. Lo están haciendo. Él dice que no tienen esperanza, que se liberaron de la esperanza para no engañarse. Porque esperanza (un viejo truco del lenguaje y de la Historia) distrae, entretiene y transforma en fantasía lo que debe ser aquí y ahora. Consciencia del exterminio y entierro de la esperanza. Claro esto, son Comunidad de Paz. Rechazan a todos los actores armados y las armas en su territorio y viven la vida otra, sembrando su comida, criando a sus hijos en lo concreto de semillas y afectos y no esperan la muerte, la conocen, la rechazan, esa que traen los exterminadores y su lenguaje es la cotidianidad. Ya ganaron, mientras los matan, porque viven y son libres. “Los demás verán si vienen a conocernos, se suman a reproducir la vida y hacen su parte. Por eso les cuento. Mientras nos exterminan vivimos con coherencia y sin esperanza. Tenemos hijas e hijos y les dejamos por el tiempo que dure y hasta donde alcance este vivir y reproducir la vida.”, asevera sereno y sonriente.

 

Preguntaba el Raúl Zibechi, ¿cómo se sale de un campo de exterminio? Esa es la pregunta y esta historia sin mayúscula ni lenguaje de barrotes es un ejemplo, nos parece. Pero sentimos que ese es el planeta bajo este sistema mundo y sus crisis: El exterminio. Y allí, sin esperanza, mirándolo a la cara, está, ha estado siempre y ahora se necesita más que nunca, eso otro que pervive, resiste y lucha.

 

En lo concreto, avanza el capital. El extractivismo se impone. La Alianza del Pacífico se consolida. Los ejércitos bajo el Pentágono se integran. Ellos tienen planes al servicio de superar su crisis. Si lo hacen, exterminan a la mayoría, la despojan, la desplazan, lo están haciendo. La consciencia de esta amenaza sin que nos paralice y nuestro tejido a la resistencia desde los colectivos nos convocan.

 

En torno de esto, visto de muchas maneras, dicho en polifonías y convertido en desafío, venimos trabajando a ver si logramos nombrar la pregunta, el desafío, para que de nuevo, desde muchas miradas, trabajemos, por lo menos, textos que se hagan un libro, mientras por donde podamos estamos buscando tejernos entre pueblos y procesos, desde autonomías, resistencias concretas y movilizaciones por la vida.

 

Para terminar nos abusamos de sus gentilizas y les pedimos un pequeño consejo, de Herman@s, ¿cómo hacemos desde nuestros espacios, sean individuales o colectivos para reafirmarnos dignamente en ese-otro-modelo-posible?, ese que trata de la reproducción y la preservación de la vida.

 

No sabemos y no podemos saber. Ese es el desafío. Habría que escuchar y aprender de los muchos pueblos y personas que lo han intentado y lo vienen haciendo. Habría que meterse en esto en todas partes. Hay que hacer realidad en luchas y movilizaciones colectivas ese “para todxs, todo, para nosotrxs, nada”. Ese es el Camino de los Pueblos que hace falta recorrer y hacer respetar. Es el sentido y la enseñanza del proceso Zapatista, sin recetas ni vanguardias, desde el mandar obedeciendo hacia un mundo en el que quepan muchos mundos. Es un mundo en madre, en femenino, en mujer y este es el tiempo para encontrarnos y tejerlo. Es el sentido y el llamado de la época que nos tocó vivir. Como bien lo dice el Mandato Indígena y Popular: “Marchamos para expresar nuestro compromiso de unirnos y de trabajar tejiendo la solidaridad recíproca que hace falta para defender la vida. Esta vez sabemos que solos no podemos y que nos necesitamos mutuamente para entender, para resistir y para crear un país y un mundo posible y necesario.”( http://www.nasaacin.org/mandato-indigena-y-popular )

 

El libro se puede descargar en: Pueblosencamino.org

 

El testimonio fue publicado parcialmente en la Revista Devenir, edición Mayo 2014, visor Online de dicha publicación

 

Fuente: Enbuscadel@as Guerrer@as de la Paz

 

 

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