Y nos hemos dado cuenta de lo mucho que dependemos los unos de los otros para sobrevivir…

Hoy, nos hemos dado cuenta y por eso, entre todas y todos, desde este olvido pleno de memorias, capaz de la entrega y el afecto, tejeremos el camino hacia la libertad. Hace 20 años en Abril, desde Cochabamba, Bolivia, cuando también la lluvia era privatizada con toda el agua como parte de esa guerra contra los pueblos y la vida para la codicia, del incontenible, inevitable, predecible «ajuste estructural» que arrasaba y arrasa con el mundo desde el poder del capital, hace 20 años desde allí nos dimos cuenta que el agua y la vida no les pertenecen y que la solidaridad, el compromiso, el afecto, la ternura de los pueblos, a partir de ese darnos cuenta, nos hace incontenibles y les derrota. Nos dimos cuenta que entre todxs y por la vida, somos mucho más que esta mezquindad repugnante que somete el mundo a unos canallas. Que la normalidad es el problema.

Hoy, en este Abril, 20 años más tarde, cuando sirviéndose de la pandemia, desde el mismo poder pero peor y más poderoso pretenden extender aún más la guerra encubriéndola y aplastarnos aislados, esta palabra que desde Abril y Cochabamba nos nombra y es nuestra, que asumimos al compartirla, nos reclama camino. Ya que nos hemos dado cuenta de lo mucho que dependemos los unos de los otros para sobrevivir…sólo hay un camino de muchos caminos y creatividades, de todos los colores de la tierra y de los pueblos y es evitar el contagio desde abajo y al hacerlo, tejernos cara a cara, casa por casa, cuerpo a cuerpo, con la tierra y con la vida y salirnos a nuestros modos del aislamiento y de la obediencia debida, en el abrazo y la entrega, según se requiere y se puede, como hace 20 años en Cochabamba, porque vivir es dejar atrás esta pesadilla y hacernos lo que somos, lo que siempre hemos sido y nos han negado, lo que nos ha permitido seguir con vida a pesar de todo y levantarnos como en el espíritu de la Guerra del Agua para hacernos humanidad, agua y liberarnos del poder que nos somete, todo lo destruye, engendra pandemias y nos aisla. Ni contagio, ni aislamiento…Es la hora definitiva para la humanidad y la vida: «El aislamiento silencioso y obediente es lo que se espera de nosotros para enfrentar la crisis.
¡Pero el aislamiento no va a poder aplastar la solidaridad!
«
Fotografías de la Guerra del Agua de Aldo Cardoso, del perfil de fb de Óscar Olivera
¡Así Sí! Planes y Proyectos de Vida. Pueblos en Camino

Y nos hemos dado cuenta de lo mucho que dependemos los unos de los otros para sobrevivir…

Y nos hemos dado cuenta de lo mucho que dependemos los unos de los otros para sobrevivir…Algunas mañanas, muchos de nosotros, despertamos literalmente sintiendo que todo fue una pesadilla. De un día para otro la vida ha cambiado como la conocíamos y nos enfrentamos a algo totalmente desconocido. El enemigo invisible, le llaman algunos, pero pareciera más bien que por años nos hemos negado a ver la realidad en la que vivíamos.

Si hay algo que ha puesto al descubierto esta pandemia, es la tremenda desigualdad de nuestras sociedades. Muchos hemos sido golpeados por la doble tragedia de enfrentar la emergencia sanitaria sin tener agua en nuestras casas, o sin contar con acceso a un sistema de salud, a una vivienda segura donde cobijarnos y resguardarnos de la enfermedad, de vivir al día mientras hay otros que, a pesar y gracias a la crisis, continúan beneficiándose y acumulando ganancias. Esta realidad nos hace reflexionar sobre la importancia de contar con servicios públicos para todos y organizados para el bien común, el bien de todos, y no privatizados para el beneficio de unos pocos. 

Las calles se han militarizado. El aislamiento silencioso y obediente es lo que se espera de nosotros para enfrentar la crisis. Los intentos del Estado para amortiguar el impacto económico son insuficientes, tardan en llegar y son desiguales. Los trabajadores en las fábricas no cuentan con la seguridad en el trabajo y continúan su labor sin guantes, antisépticos ni barbijos. Los campesinos no pueden traer sus productos a las ciudades. No son suficientes los aplausos ni los agradecimientos para quienes, arriesgando sus vidas y las de sus familias, se encuentran en primera línea, empujando la cadena de la subsistencia: trabajadores de supermercados y hospitales, recogedores de basura, que por muchos años han recibido malos salarios y ahora recién los llamamos “esenciales”. Nos hemos dado cuenta de lo mucho que dependemos los unos de los otros para sobrevivir. Hemos caído en cuenta, recién, de las miles de cosas que dábamos por hechas. El miedo nos ha paralizado. 

Pero todos hemos aprendido que la enfermedad, la derrota, las dolencias y padecimientos son también un mensaje. Ese mensaje es despiadadamente claro y directo, nos dice que debemos parar, descansar, cambiar nuestros hábitos, cambiar el rumbo. Sin embargo algunos todavía nos resistimos a escuchar y buscamos una “cura” para eliminar lo que ha revelado nuestra vulnerabilidad, para volver rápidamente a la “normalidad”, cuando la normalidad fue justamente el origen del problema, de los problemas.

¿Cómo seguimos?

Y sin embargo, han surgido redes de solidaridad en algunos barrios, bancos de alimentos, estrategias de la gente de abajo para sobrevivir, para ayudarnos mutuamente. El miedo y el aislamiento no han podido aplastar la solidaridad.

Podemos también ver como la naturaleza a nuestro alrededor anda floreciendo a medida que nosotros, los humanos, nos retiramos para quedarnos en nuestras casas. El aire y las aguas se aclaran, reivindican sus derechos, recuperan su capacidad de regenerarse y descontaminarse. Los animales se re-adueñan de sus espacios vitales y avanzan hacia las ciudades desiertas y silenciosas. Un mensaje poderoso que nos habla de la interconexión y de la armonía de los elementos y de ciclos naturales, de cómo nosotros somos parte de ellos, y de cómo hemos tergiversado y adulterado esta relación. No podemos dejar de escuchar este mensaje.

Alimentar y alimentarnos saludablemente. Estamos aprendiendo a vivir sin lo superfluo, pero entendemos hoy más que nunca la importancia de comer bien, del agua y los alimentos que nos garantizan la sobrevivencia, de que debemos conectarnos otra vez con la tierra. 

Recuperar y recuperarnos el uno al otro son las tareas para el futuro inmediato. Que el distanciamiento social sea quien al final pueda juntar las individualidades en una colectividad. Solo la organización podrá vencer al miedo.

El tiempo recuperado, las relaciones familiares y humanas, la formación y el crecimiento personal, la espiritualidad y la conexión con la naturaleza son los recursos que nos pueden ayudar a imaginar y construir un futuro diferente cuando salgamos de nuestras casas.

Cochabamba, Bolivia
15 abril de 2020…a 20 años de la Guerra del Agua
Oscar Olivera, Orlando Luizaga, Tania Ricaldi, Marcela Olivera, Sonia Delgado, Maritza Cosio, Juliana Veizaga, Elisabeth Wilder, Margherita Tezza y Stefano Archidiacono

Equipo de la Fundación Abril

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