«Haití es aquí. Haití no es aquí»

Haití: Un pueblo acorralado en la miseria y camino al exterminio. Agamben ilustraría sin esfuerzo el animo el Homo Sacer, logro maximo del poder, más acá de los campos de concentración Nazi en la realidad del pueblo de esa isla. Un camino de sufrimiento que el poder prolonga y profundiza al máximo (im)posible, porque genera enormes ganancias. Haití, el camino que el poder ha diseñado para el resto de la humanidad, pero…Hay gente que aún cree en el modelo Haití diseñado desde el poder y para las ganancias. Mucha gente. Por lo visto en las elecciones y «opinión pública», mucha más gente. Gente que cree por ejemplo que es imposible que el poder económico del capital transnacional al más alto nivel podría robarle al país más empobrecido y explotado o quitarle el agua y el pan de la boca a quienes apenas comen, no tienen un techo que los cubra y para quienes acceder a cualquier servicio público es un privilegio garantizado solamente a unos pocos. Hay gente que asume que es imposible que, por ejemplo, un expresidente, Bill Clinton, con ayuda de otro, George W. Bush, puedan aprovechar un terremoto para poner en marcha el «capitalismo de desastre» que consiste en conseguir ganancias enormes para oenegés, industrias, agentes y agencias que se lucran con el dolor y la miseria de modo que nada llegue a la gente y todo sirva para acumular ganancias, fama y gratitud de parte de las víctimas. Hay gente que cree que no se puede empobrecer, torturar, someter, masacrar a todo un país y además culparlos de la miseria que le causan quienes los señalan. Hay gente que no cree que Haití sea posible tal como es y la reconocen exclusivamente a través de lo que de ella dicen quienes la destruyen explotándola. Casi toda la gente cree que Haití ni siquiera existe y que lo que existe, negros, miseria, hambre, es culpa de ellas y ellos por negros. Todo lo de Haití se explota y allí sólo llega el destino diseñado de la «miseria humillante«.

En Miami Beach, en un hotel famoso, se hacía una fiesta con «los mejores Martinis«, para recoger fondos para las víctimas del terremoto. Un grupo de médicos esperaba una llamada de alguien muy cercano a Bill Clinton que manejaba la «ayuda humanitaria«. Una de ellas era cirujana plástica y había ido a la isla a «aprender a hacer amputaciones«. La conversación telefónica fue de «alto nivel«. El poderoso personaje decidía quién y qué iría (o no) en un vuelo a la mañana siguiente. El criterio no tenía que ver con estudios de necesidades y mucho menos con las decisiones y opciones de las víctimas. Haití había sufrido un terremoto para que el poder aprovechara la catástrofe y sacara ganancias. Unos privilegiados y unas mercancías tomarían el vuelo a la aventura y la ganancia. El socio de Clinton asumía el poder como experto en Haití. Era lo que podía hacerse…amputar, aprender a amputar. Las donaciones llenaban un vaso de cristal, sillas y mesas flotando en las piscinas del hotel, la gente que donaba, bailando…Haití les regaló el pretexto para esta fiesta. Muchas y muchos compraron las camisetas amarillas donde se declaraba el «amor por Haití».

Camille Chambers, en una entrevista con «Demoliendo Fronteras» desde Buenos Aires, retrata brevemente partes de esta realidad. Haití nos enseñó libertad en afro-descendiente y digno y sigue pagando por ello. Nos sigue enseñando. El poder contra Haití nos ilustra abiertamente sobre la civilización capitalista: el despojo, la masacre, la corrupción, el racismo, el patriarcado y la complicidad exitosa de casi toda la gente, de casi todas y todos nosotras y nosotros en todo el mundo. En lugar de (re)conocer a Haití como ilustración del sentido del poder y su dinámica y recursos, pero también y frente a estos la dignidad de las y los acorralados que aún sin agua y sin comida, bajo la ocupación militar extranjera y el desprecio del mundo se levantan una y otra vez, en lugar de identificar desde Haití el rumbo de destrucción, el destino de eliminación que allí se experimenta y que avanzará sobre el resto del mundo en el que para los poderosos, sobra gente, sobra capital que no esté en manos de las mayores corporaciones y hay que apropiarse de recursos que han hecho escasos con su codicia, en lugar de ver que por atreverse a liberarse lo castigan con la complicidad del mundo para diseñar y ensayar lo que harán y han empezado a imponer sobre el resto, en lugar de saber que «Haití es aquí«, ahora en las favelas de Río, en toda África y el «tercer mundo», en el mejor de los casos, aprovechamos la insubordinación y la catástrofe creada en la isla para compararla con Venezuela, o, en todos los casos, para verla como una enferma terminal que «ojalá muera pronto para que deje de sufrir». Explotamos así a Haití según el libreto del opresor, pero ese pueblo acorralado por la miseria y el abuso, se niega a morir y se levanta. Inspiración para nuestra propia dignidad y consciencia debería ser ese, el primer pueblo que sacó a Europa para hacerse libre y sigue gritando libertad cuando ya ni agua para el grito les han dejado. Mientras las maquilas esclavizan a las y los que tienen algo de fuerza, Haití nos anuncia en rebeldía que son dos los caminos: el de la miseria para que los más poderosos acumulen y hagan campañas humanitarias, o el de la dignidad hasta el último suspiro. Haití no es el problema sino quienes lo destruyen, explotan y desprecian y quienes creemos que es un problema de ellos y no el destino final de la civilización capitalista para todos los pueblos. «Haití, es aquí» y «Haití, no es aquí» como dicen Caetano Veloso y Gilberto Gil. Así No. Dominación y Despojo. ¿Dónde Estamos? En tiempo Real. Pueblos en Camino

Entrevista con: Camille Chalmers, intelectual y dirigente social haitiano

Escuchar la entrevista completa en Demoliendo Fronteras, Marzo 3 de 2019

Nueve años después del terremoto de enero de 2010 Haití sigue siendo el país más pobre de América a pesar de la gran campaña internacional que se realizó para juntar fondos que deberían haber sido destinados a la población. Desde entonces se sucedieron varios gobiernos y denuncias de irregularidades en el proceso electoral que llevó a la presidencia a Jovenel Moise en las elecciones de 2016.  En los últimos meses nuevamente se desarrollaron movilizaciones callejeras denunciando corrupción en el más alto nivel de gobierno.{Camille Chalmers, un reconocido intelectual y luchador social haitiano, profesor universitario y dirigente de la Plataforma Alternativa por el desarrollo de Haití (PAPDA), en esta entrevista explica la situación que atraviesa este país del Caribe.

¿En el año 2010 un terrible terremoto devastó Haití y se calcula que murieron unas 200 mil personas. ¿Qué pasó con la ayuda humanitaria que llegó después del terremoto?

Realmente después del terrible terremoto hubo muchos programas, se aprobaron muchos presupuestos, pero muy poco ha llegado realmente a tierra haitiana.  La mayoría de los recursos fueron absorbidos por organismos internacionales, por ONG internacionales y muchos gastos administrativos de viajes, de alquileres; pero muy poco ha llegado realmente al terreno y esto explica que después de casi diez años muchas cosas no se han podido reconstruir. Todavía hay edificios importantes que no se acaban de reconstruir y tampoco el centro de la ciudad. Todavía no hay proyectos de vivienda social que permitiría a la gente recuperar sus condiciones de vida. La gente está indignada por este flujo masivo de plata que utilizó Haití como pretexto para justificar otro tipo de plan, de acumulación sobre el desastre que se produjo. Lo que algunos llaman el capitalismo del desastre se ha verificado aquí no solamente en la captura de la mayoría de nuestros recursos, sino aprovechando las debilidades después del terremoto para acelerar el proceso de penetración del capital trasnacional que se metió en varias áreas estratégicas del país, siguiendo su trabajo de saqueo y de destrucción.

Los expresidentes de los Estados Unidos George Bush y Bill Clinton armaron un comité de reconstrucción y recaudaron mucho dinero, ¿qué pasó con esa iniciativa?

Se creó un Comité para la Reconstrucción de Haití dirigido directamente por el primer ministro de Haití y Bill Clinton y después de un poco más de dos años se cerró este organismo sin ninguna transparencia sobre la utilización de los fondos, sin ningún proceso de auditoría, y con mucha confusión sobre lo que se ha hecho. Hablan de 7 mil millones de dólares desembolsados pero eso no ha sido utilizado para el beneficio del pueblo de Haití ni ha generado un proceso de crecimiento ni de acumulación financiera para el pueblo. 

Y Haití sigue con altos niveles de pobreza…

Sí, los datos oficiales hablan de una situación muy preocupante, casi 75 por ciento de la población vive en la pobreza. Hay 1.3 millones de personas que están casi en una situación de hambruna, 3 millones de personas que no logran nutrirse de una manera equilibrada y una situación catastrófica desde el punto de vista económico y la moneda nacional perdió casi el 60 por ciento de su valor frente al dólar en tres años. También existe una inflación importante que ronda el 15-16 por ciento en los últimos tres años.  El estado se encuentra en una situación difícil desde el punto de vista del equilibrio fiscal porque el déficit fiscal se está profundizando cada vez más y porque se cerró el programa Petrocaribe que le permitía al Estado tener acceso a recursos abundantes a través del acuerdo con Venezuela.  Pero eso desapareció en noviembre de 2017, porque Venezuela no está en condiciones de hacer llegar los hidrocarburos a Haití. Todo esto se produce en medio de la aplicación de un plan de ajuste estructural con una agresividad muy visible por parte del Fondo Monetario Internacional que, por ejemplo, había recomendado un aumento del 51 por ciento del precio de la gasolina en julio de 2018.  Por otra parte existe una situación política muy difícil con un déficit de credibilidad de todos los poderes constituidos, del presidente, del primer ministro, del parlamento, del poder judicial y ya el último presidente fue electo en condiciones muy controversiales donde sólo participó el 18 por ciento del electorado.  Así que estamos en una situación de quiebre total a nivel de la conducción política del país y con un divorcio definitivo entre esos dirigentes y la población.

¿Qué pasó con Petrocaribe que desató protestas muy fuertes en las últimas semanas?

El acuerdo Petrocaribe con Venezuela es un acuerdo donde había 19 países del Caribe que se beneficiaban por el suministro directo de hidrocarburos de Venezuela.   La factura se paga 50 por ciento en efectivo y el 50 por ciento restante a 25 años con una tasa de interés anual al 1 por ciento.  Esas son condiciones muy ventajosas y permitían que el Estado haitiano tuviera acceso a una liquidez importante sin las condicionalidades impuestas por la cooperación clásica. Y a través de varios informes del parlamento de la cámara de cuentas la gente se dio cuenta de que hubo un desfalco enrome de esa mitad del 50 por ciento que el Estado debía invertir en infraestructura y programas sociales.  Hubo desfalco, desvíos, abusos horribles y facilitación para empresas americanas y la utilización escandalosa de esos fondos para fines privados, para las familias de la oligarquía y por supuesto eso no resultó en un efecto multiplicador de la economía interna.   La gente tomó la cooperación solidaria que se había hecho con Venezuela pero denunciando el desfalco que se había hecho con la mayoría de esos fondos y exigiendo transparencia, un proceso judicial ejemplar para la recuperación de los fondos robados.  Por eso hubo protestas para enjuiciar a los culpables  del desfalco del Petrocaribe.

Y además hubo represión por parte del gobierno…

Sí. Primero hicieron todo lo posible institucionalmente para parar el expediente Petrocaribe, pero no lo lograron y la gente se movilizó a nivel nacional con millones de personas en las calles en octubre, noviembre y también en febrero, así que las instituciones tuvieron que tomar el expediente y la corte de cuentas iniciar un proceso judicial para enjuiciar a los principales responsables.  Estas protestas fueron muy motorizadas por la juventud en las calles, con gran creatividad artística y cultural, con exposiciones, afiches, y eso desembocó el 7 febrero en una gran manifestación y un bloqueo de la circulación de las principales calles del país para exigir la renuncia del presidente, del primer ministro y la disolución del parlamento. Ellos siguen en sus cargos pero no gobiernan realmente. La situación es de absoluta ingobernabilidad y estamos en una tregua después de 12 días que el país fue paralizado al 90 por ciento y el gobierno trata de retomar  el control de la situación porque cuenta con el apoyo irrestricto del imperialismo norteamericano. Es prácticamente el único soporte que tiene porque está desacreditado y aislado políticamente, incluso de los aliados del poder. Los sectores progresistas se están agrupando para exigir la renuncia del presidente pero también para entrar en un proceso de reconstrucción nacional que permita no solamente reconfigurar la estructura del Estado sino también plantear otra orientación de política económica y abrir un proceso constituyente en sintonía con las reivindicaciones y los cambios de la política de los últimos 30 años.  Hasta suspendieron el carnaval nacional lo que es una cosa terrible en Haití, porque es una de las manifestaciones que agrupa a millones de personas en el país y es un espacio de gran creatividad cultural, pero tuvieron que suspenderlo porque sabían que el carnaval se iba a transformar en una manifestación política en contra del gobierno.

* Versión editada para NODAL de una entrevista realizada en el programa “Demoliendo Fronteras” de Radio10, Argentina

Haití es aquí, Haití no es aquí

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