Carlos Pérez: “El agua tiene mayor valor porque representa la vida para todos”

A los 6 años, Carlos Pérez Guartambel, ahora de 44, empezó a aprender a valorar el agua. Su padre lo reprendió porque rompió un cántaro lleno que traía para que su madre preparara los alimentos. En la parroquia rural de Tarqui, al sur de Cuenca, era habitual que los niños cargaran pomas con el líquido para llevarlo a sus hogares de pozos lejanos.

 
En la parroquia rural de Tarqui, al sur de Cuenca, era habitual que los niños cargaran pomas con el líquido para llevarlo a sus hogares de pozos lejanos. “Deberías tener cuidado. Esa agua es la única que nos regala la Pacha Mama (tierra) para nuestras necesidades” era una frase típica de su padre que aún resuena en su memoria.
Carlos creció en el seno de una familia indígena en Victoria del Portete. Por la necesidad de conseguir agua para su casa participó en la construcción del primer sistema de agua comunitario de la zona Irquis-Victoria del Portete, en 1975. Creció entre mingas comunitarias (que aún se mantienen), siembra y ganadería. Siente amor y respeto por la Yacu Mama (madre agua) y la Pacha mama, dijo Miriam Chuchuca, dirigente indígena azuaya.
 
Actualmente, este abogado atiende casos relacionados con problemas sociales como disputas de agua y tierras. En el 1994, cuando las autoridades del Municipio de Cuenca de esa época intentaron retirarles la gestión y administración del agua a las comunidades lideró sus primeras jornadas de protestas. José Morocho, campesino de Tarqui, recuerda que les organizó e impidieron ese objetivo institucional. Eso también le mereció la confianza de los campesinos y por eso ha sido dirigente de varios sistemas comunitarios de agua y de la Federación de Organizaciones Campesinas del Azuay. Desde hace tres años es Presidente del sistema Tarqui-Victoria del Portete, que tiene 1 500 usuarios, quienes pagan USD 2 al mes por el servicio.
 
Morocho preside las mingas de limpieza de las captaciones y la reforestación en las cuencas hídricas de la zona. Para Pérez, a más de toda su vivencia con la naturaleza, en sus luchas por el agua siempre le acompañó su esposa, Verónica Cevallos, quién falleció del año anterior. “Ella era mi motivación y mi fortaleza; y desde el cielo me sigue dando fuerzas para nos desmayar para que las venideras generaciones tenga la suficiente agua”. En el gobierno de Lucio Gutiérrez, en el 2002, también lideró las marchas en contra de la privatización del agua que movió a miles de azuayos.
 
Un año más tarde asumió la lucha contra del extractivismo y los megaproyectos mineros como Quimsacocha y Río Blanco, ubicados entre los cantones Cuenca, San Fernando y Girón. Son territorios llenos de pajonales que retienen el agua. Frecuentemente recibe delegaciones de ambientalistas y activistas del exterior y a ellos les invita a conocer la zona de Quimsacocha y les explica la importancia hídrica. Según Pérez, la minería a gran escala contaminaría y reduciría el agua de las fuentes de los sistemas comunitarios y de la Empresa Municipal Etapa (Cuenca). Por las protestas estuvo preso en cinco ocasiones (tres en el actual Gobierno) acusado de sedición, terrorismo, sabotaje y obstrucción de los servicios públicos.
 
Hace un año cumplió la última sentencia de ocho días en prisión. Pero asegura que valió la pena porque con el apoyo de la gente evitaron que los proyectos mineros avanzaran en las reservas naturales. “El agua tiene mayor valor porque representa la vida para todos”. Cuando organiza los reclamos contra la minería o encuentros comunitarios empieza con rituales en honor al líquido vital y a la naturaleza. Desde el jueves pasado hasta ayer, por el Día del Agua, realizó la Fiesta de la Yacu Mama, en la parroquia Tarqui. Llegaron delegaciones de la Amazonía y de la Sierra y hubo danzas y ceremonias ancestrales. Allí emitió un documento con una declaración sobre la protección del agua. Pidió que no se realicen extracciones mineras en fuentes hídricas.
 
 
Ahora desde la Ecuarunari colabora en la recolección de firmas para exigir una consulta popular para que el pueblo decida sobre la explotación petrolera en la reserva de la biósfera del Yasuní. Para Pérez, este parque nacional es el proyecto más sublime de la vida, una propuesta de vida y esperanza para las poblaciones venideras. “Alguien que no sintoniza con la naturaleza con el agua y la vida no entiende el valor del Yasuní”. Considera a la Ley de Aguas como la más grande deuda del Gobierno con los ecuatorianos, principalmente, con los campesinos, porque quedó pendiente desde noviembre del 2008.
 
Él agrega que esta normativa debería acabar con la privatización del líquido vital y entregarles lo que le corresponde a las comunidades.
 
Por: Lineida Castillo, Redactora
Email: lcastillo@elcomercio.com
Fuente: El Comercio

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