El puente entre l@s zapatistas y nosotr@s: resistir el horror/hilvanar trabajos colectivos y otro gobierno

En nuestros territorios urbanos quizá sea bueno voltear a mirar esa trenza entre trabajos colectivos y el sostenimiento de un gobierno propio en resistencia, mirar que uno sin el otro difícilmente puede moldear otro mundo posible. Hacer frente al horror con la construcción de nuestra propia forma de sanarnos, de educarnos, de alimentarnos, financiadas por nuestros propios trabajos colectivos, desde lo que sabemos, nos gusta y se necesita hacer, pero en abierta oposición al horror…

 
Hemos llegado a un punto en que no podemos ir más allá (…) llegó la hora de arriesgarse otra vez (…) unidos con otros sectores sociales que tienen las mismas carencias que nosotros, será posible conseguir lo que necesitamos y merecemos. Un nuevo paso adelante en la lucha indígena sólo es posible si el indígena se junta con obreros, campesinos, estudiantes, maestros, empleados…o sea los trabajadores del campo y la ciudad.
 
Sexta Declaración de la Selva Lacandona,  CCRI-CG-EZLN, 2005.
 
Veinte años han pasado desde que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) le declarará la guerra al gobierno federal mexicano en aquella madrugada del primero de enero de 1994. Pero la historia del EZLN no comienza ahí, ni tampoco termina con el cese al fuego doce días después, es parte de una trama larga de resistencia de los pueblos ante el poder y la dominación, de la que es necesario aprender para anudarla a todos los territorios posibles y así defender la reproducción de la vida con dignidad, hoy amenazada por un puñado de grupos económicos y toda la clase política a nivel local y global.
 
Esa labor de la paciencia rebelde que no espera, que anuda pueblos, organizaciones, colectivos, individuos, cada que le es posible, ha sido una de las prioridades del EZLN desde la Declaración de Guerra en 1994, cuando llaman al pueblo de México a sumarse a las filas de las rebelión, hasta la Sexta Declaración de la Selva Lacandona en 2005, donde se invita a luchar cada quién en su territorio, con formas propias, en contra del horror capitalista patriarcal en sus múltiples rostros de explotación, despojo, desprecio y represión y conformar un Plan Nacional de Lucha, ahora Mundial, pero desde una lógica donde realmente el pueblo manda, y los responsables que comisiona colectivamente para gobernar obedezcan.
 
En estos ocho años, una pregunta ha recorrido las discusiones políticas, foros, encuentros, así como las acciones políticas cotidianas de quienes hacemos parte de la Sexta, casi siempre echa en tono cabizbajo: ¿Es posible este puente entre la lucha zapatista y nosotr@s, trabajador@s del campo y la ciudad en todo el mundo? ¿En qué aspectos y cómo hacerle? Las líneas que siguen refieren brevísimamente a dos aspectos generales que me parecen sumamente importantes de trabajar y consolidar en nuestros respectivos territorios y que a mi modo de ver sintetizan estos 10 años de la fundación de los caracoles zapatistas, 20 años de resistencia y 30 años del nacimiento del EZLN, y que son nudos imprescindibles en la construcción de este puente entre l@s zapatistas y nosotr@s que ahora se llama La Sexta.
 
Resistir el Horror
 
Identificar y poner nombre a nuestros problemas no es fácil; tampoco lo es ponerle nombre a aquello que los ocasiona realmente, al enemigo; ni mucho menos combatirlo, resistirlo en todos sus niveles, ideológica, política y económicamente. Eso han construido los compas zapatistas! 
 
Hacer visible su dolor, pero no el dolor individual solamente sino el dolor como pueblos; hacer visible la constante explotación a la que eran y son sometidos –la lucha continúa- por parte de los finqueros, de los mestizos, de los indígenas de arriba; hacer visible el despojo de la tierra donde producen y reproducen su vida en aras de la construcción de complejos turísticos, o para extraer metales y minerales, o simplemente acaparar; hacer visible el desprecio por ser indígenas, por no hablar español, por no creer en un Dios blanco ni necesitar ser educados para ganar dinero; hacer visible que cuando decían y dicen NO! son asesinados, encarcelados, perseguidos. 
 
Pero no sólo lo han visibilizado sino que lo han resistido, se organizaron y se organizan –la lucha continúa- para combatir no solo al finquero, a los distintos niveles de gobierno, a las empresas trasnacionales, a los paramilitares, sino a los modos de pensar, de sentir, de hacer de todos ellos, a su lógica de acumulación de ganancia y poder. Y lo hicieron al paso que construían otros modos de pensar, de sentir, de hacer propios, recuperando la dignidad de decidir el rumbo de la vida de sus familias y de sus pueblos.
 
Aceptar que existe el mismo horror en nuestros territorios urbanos, aceptar que tenemos también dolores, visibilizar a los enemigos, sus modos de pensar, de sentir, de hacer, quizá sea uno de los hilos que tengamos que seguir tejiendo para anudar la lucha zapatista y la nuestra, hacer el nudo más fuerte.  Sin embargo, aceptar la existencia del horror en los nichos de sobrevivencia y/o comodidad aparente en los que vivimos no es fácil, duele cuando parimos la resistencia, duele porque la vida tiene que cambiar. Los No! ante el horror sólo se reafirman ejerciéndolos: no a comer veneno; no a educarnos para sostener el control de los de arriba; no al despojo de nuestra casa por declaratorias de “patrimonio cultural de la humanidad”; no a que la justicia sea una mercancía; no a ver con deseo la vida del enemigo que controla la ciudad desde los fraccionamientos privados y cuyas formas de pensar, sentir y hacer permean las nuestras; no al horror! Reconocer su existencia para encontrar la mejor manera de resistirlo, de organizarse colectivamente desde las formas aún comunes que se encuentran en las colonias, barrios, fraccionamientos, es no solo un deseo sino una necesidad para vivir.
 
Hilvanar Trabajos colectivos y Otro Gobierno
 
En estas dos décadas, la resistencia al horror de los zapatistas ha dado pie a hilvanar un proyecto de sociedad diferente, en el cual el sustento material, como es la alimentación y la vivienda, permitido en gran parte por la recuperación de las tierras producto del levantamiento armado, así como la construcción de un gobierno propio, han sido dos pilares muy importantes, ambos formando una misma trenza que es la autonomía.
 
En el Otro Gobierno –diametralmente distinto al de arriba- la unidad básica de organización es la comunidad, compuesta por varias familias, las cuales tienen trabajos propios al tiempo que colaboran en los trabajos colectivos para financiar su educación, su salud, su justicia, y a quienes se comisiona como responsables para hacer reales las demandas por las que se levantaron en armas en 1994. Entre toda la comunidad se elige quién hará los trabajos, quién los coordinará y quién los representará en el siguiente nivel de organización que es el municipal, donde también hay colectivos de trabajo para su mantenimiento. En éste nivel las responsabilidades son mayores pues muchas son las comunidades que hay que controlar, y mayor responsabilidad aún en el nivel más alto que es el regional o la Junta de Buen Gobierno del Caracol, que agrupa varios Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas. Dicha estructura, con sus funciones propias, es sostenida por el trabajo familiar y colectivo cotidiano y éste a su vez por la estructura del Otro Gobierno, formando ese caracol que no distingue inicio y final, el caracol de la autonomía zapatista en resistencia. 
 
En nuestros territorios urbanos quizá sea bueno voltear a mirar esa trenza entre trabajos colectivos y el sostenimiento de un gobierno propio en resistencia, mirar que uno sin el otro difícilmente puede moldear otro mundo posible. Hacer frente al horror con la construcción de nuestra propia forma de sanarnos, de educarnos, de alimentarnos, financiadas por nuestros propios trabajos colectivos, desde lo que sabemos, nos gusta y se necesita hacer, pero en abierta oposición al horror. Es algo que hay que comenzar a discutir, a hacer.
Hace veinte años el Votán Zapata, guardián y corazón del pueblo tomó el rostro de miles de indígenas que construyeron en resistencia Otro Gobierno y una serie de trabajos colectivos para sostenerlo. Hoy, treinta años después, Votán Zapata es la palabra y la acción que a través de nuestr@s maestr@s va caminando rumbo al corazón de nuestros territorios, cientos de ciudades y pueblos alrededor del mundo, esperando-haciendo la flor y construir los puentes aún inconclusos.
 
San Cristóbal de Las Casas, 9 de enero de 2014
 
Por: Rene Olvera Salinas 
 

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