Celebramos 21 años de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó

Hoy cuando la Comunidad de San José de Apartadó cumple 21 años de vida digna, todas y todos celebramos esa crianza de lucha que pese a la guerra que sigue invadiendo sus territorios, ellas y ellos han mantenido en comunidad. Así como lo dijo hace unos años el compañero Emilio Tuberquia: “criamos a nuestros hijos según nuestros usos y costumbres. Creemos en esta tierra. Nos cuidamos unos a otros y… nos van a matar. Mientras nos matan, vivimos.” Así lo siguen reiterando hoy: “Hace 21 años hablamos de cambiar el mundo. Hoy decimos que hemos cambiado el mundo porque hemos sido comunidad”. A pesar del odio, de los cálculos siniestros, de las masacres y amenazas, de la persecución incesante, allí están celebrando la vida, una vida completa, limpia, en paz. Desafiándonos a sumarnos al mundo otro que ya hicieron realidad, el propio Jesús Emilio nos recordaba: “Nosotras y nosotros ya estamos haciendo nuestra parte. Lo que podemos, ¿y ustedes?” Felices 21 años y que vengan más, en buena compañía y en libertad. Que la sombra del fascismo que nos amenaza y les amenaza aún más a ustedes ahora mismo, nos movilice a sumarnos a su comunidad, nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Acá van para el festejo, las palabras de Eduardo Galeano y las fotografías de Operazione Colomba tomadas hoy mismo como testimonio de vida y libertad. Así Sí! Prácticas y Saberes. Pueblos en Camino.

Una guerra disfrazada
Eduardo Galeano

Llueve muerte.
En el moridero caen los colombianos por bala o por cuchillo,
por machetazo o por garrotazo,
por horca o por fuego,
por bomba del cielo o por mina del suelo.

En la selva de Urabá, en la orilla de los ríos Penacho o Peranchito,
en su casa de palo y palma, una mujer llamada Eligia se abanica contra el
calor y los mosquitos, y contra el miedo también. Y mientras el abanico
aletea, ella dice, en voz alta:
Qué rico sería morir naturalmente.

A principios del siglo veinte, fue la guerra de los mil días.
A mediados del siglo veinte, fue la guerra de los tres mil días.
Y poco después la guerra volvió, volvió sin haberse ido, y a principios
del siglo veintiuno los soldados practican el tiro al blanco con los
colombianos desarmados, Hitler resucita y muere de envidia viendo actuar
a los paramilitares, y los guerrilleros secuestran civiles inocentes.

Esta guerra, mortal para Colombia, no es tan mortal para los dueños de Colombia:
la guerra multiplica el miedo, y el miedo convierte la injusticia en fatalidad del
destino;
la guerra multiplica la pobreza, y la pobreza ofrece brazos baratos;
la guerra expulsa a los campesinos de sus tierras, y esas tierras jamás volverán a sus
manos;
la guerra asesina a los sindicalistas, para que los derechos obreros no tengan quien
los defienda;
y la guerra enmascara el negocio de la droga, para que la droga siga
siendo un negocio donde los norteamericanos ponen la naríz y los
colombianos los muertos.

La guerra se disfraza de fatalidad del destino. Los expertos
violentólogos acusan al país: dicen que Colombia está enamorada de la muerte.
Está en los genes, dicen. Es la marca en la frente.
¿Este país jodón, querendón, enamorado de la muerte?
¿Por qué no se lo preguntan a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó?

Fotografías que nos comparten las y los compañeros de Operazione Colomba desde la Comunidad de Paz de San José de Apartadó

 

Marzo 24 de 2018

Pueblos en Camino.

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