Paz-terror, “rehabilitación y consolidación”: Noticias de otro “caso aislado”.

Si uno estuviera en el lugar de Juan Manuel Camayo, no podría creer que aún está con vida. Si uno pudiera ponerse en el lugar de las 119 personas asesinadas después de los acuerdos de paz Estado-FARC, o en el de los procesos, pueblos y defensores de la vida, la dignidad, la autonomía y los territorios frente a la arremetida capitalista en toda Colombia, todo este horror que nunca se detuvo y que ahora se recrudece, tal vez, no sería ignorado. Ayer trataron de asesinar a Juan Manuel. Según el Gobierno de Colombia y quienes denuncian cada caso “aislado”, se trata de eso, de un caso aislado más. Cada uno responde a las mismas amenazas y a los mismos propósitos estratégicos implementados por toda la geografía nacional. Pero según reza el libreto institucional, las amenazas son falsas, los atentados aislados, los motivos diferentes. Pero no lo son. En Colombia no se negoció el fin del conflicto social. No se acordó un camino para ponerle fin al despojo. Por el contrario, el modelo, es decir, el despojo, la conquista de territorios y riquezas, la destrucción planificada y fría de resistencias y procesos arraigados a territorios no se tocó. No se negoció. Por eso hoy mismo cada espacio que deja la guerra Estado-Insurgencia es ocupado por el capitalismo. Compran, engañan, amenazan y matan para conquistar. Han pretendido desmovilizar simultáneamente las insurgencias y las resistencias y alternativas populares: “Rehabilitar y Consolidar”. Colombia reordenada y re-mapeada para las necesidades de acumulación. ¿Lo están logrando? En gran medida sí, cuando observamos el afán de inserción y la confusión de tantos en la maquinaria de despojo. Pero, de otra parte, amenazan, intimidan, señalan y matan, venga de donde venga el discurso del posconflicto, porque saben que sabemos que aunque lo nieguen, esto que están haciéndonos, está pasando y responde a un plan y que ellos son el desprecio, el terror y sus súbditos y nosotras/nosotros, no somos ellos, vengan de donde vengan, sino la vida, la dignidad y la autonomía tejiéndonos más allá y mucho más acá del capitalismo y de su maquinaria de mentira, terror y compra. En Colombia, como en México, Dakota del Sur, Guatemala, Wallmapu, Gaza, Siria, Kurdistán y el planeta entero. No somos casos aislados, somos la vida que por defenderse y defenderla, la aplastan según sus agendas y remuneraciones de oficio…y, pues, nos cueste lo que nos cueste, en cada acto horrendo y en cada gesto de terror o falsedad los reconocemos y nos abrazamos para tejernos y para “liberar este mundo a como dé lugar.” En tiempo Real. Pueblos en Camino.

Paz-terror, “rehabilitación y consolidación”: Noticias de otro “caso aislado”.

Intento de homicidio: Así fue

Juan Manuel Camayo, indígena Nasa del resguardo de Las Delicias en el Norte del Cauca, miembro del Concejo Municipal del Municipio de Buenos Aires, Coordinador Jurídico del Cabildo de Las Delicias, sobrevivió un atentado e intento de homicidio alrededor de las 18:30 horas del día de ayer, febrero 1 de 2017. Había asistido a una sesión del Concejo municipal en la que se trató, una vez más, el tema de las amenazas contra comuneros y líderes de ese municipio por parte de las “Águilas Negras”, uno de los nombres que ahora se dan los escuadrones de la muerte o paramilitares. Entre otras actividades recientes en defensa de la autonomía y de los territorios, Juan Manuel participó en las decisiones y acciones que llevaron al decomiso de una retroexcavadora utilizada para minería y en la resistencia y suspensión de un proyecto minero para extracción de bauxita en ese territorio ancestral. Juan Manuel fue uno, entre otros muchos indígenas que perdieron un ojo por disparos de perdigones con ese propósito por parte de miembros de la policía nacional y del Escuadrón Móvil Antidisturbios ESMAD, durante las acciones de Liberación de la Madre Tierra en 2006. Está terminando la carrera de derecho en medio de estas dificultades y ha ocupado cargos de responsabilidad en su resguardo y proceso incluido el haber hecho acompañamiento a víctimas del conflicto armado, adquiriendo una posición de liderazgo en las comunidades por este trabajo. Fue parte del equipo del Tejido de Comunicación y Relaciones para la Verdad y la Vida de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca.

Según lo relató Juan Manuel ante la Fiscalía, visiblemente afectado, pero, al mismo tiempo, asombrosamente ecuánime, así se sucedieron los hechos:

Alcanza un bus escalera (chiva) al que sigue de cerca para brindarse protección y compañía ya que viaja solo en su moto. Al llegar al puente de La Teta, debe tomar alguna distancia del bus ya que el puente es angosto y solamente cabe la chiva. En el espacio que se crea entre el bus y la moto, se atraviesa una motocicleta con dos hombres, cerrándole el paso. Juan Manuel vira rápidamente y en ese momento le disparan impactando el espejo retrovisor. Juan Manuel se tira de la moto a un cañaduzal al lado de la vía y huye corriendo y escondiéndose en medio de esta vegetación. Siente que le disparan en varias ocasiones, pero no recuerda cuantas en medio de la huida. Eventualmente, protegido por la noche, vuelve a salir a la vía. Los sicarios han desaparecido llevándose su moto. La chiva no se detuvo. Por fortuna, una persona desconocida pasó por allí y al escuchar su relato lo llevó hasta la vecina ciudad de Santander de Quilichao.

La amenaza paramilitar

A mediados de diciembre de 2016, aparece este panfleto de amenaza de las Águilas Negras.

Señalan que: “Ya empezamos a hacer justicia por nuestras propias manos demostrando con algunas muertes selectivas en diferentes regiones del país, en el Norte del Cauca donde ha operado el Sexto frente de las FARC y que tiene colaboradores en muchos municipios como los son: Caloto, Villarica, Guachene, Puerto Tejada, Corinto, Buenos Aires, Zuarez (sic) entre otros.”

Luego aseveran:

“Seguiremos asesinando ya que la lista es larga y lo lograremos.”

Concluye la amenaza con una lista que empieza justamente por “Buenos Aires: DEYANIRA PEÑA, Mesa de Víctimas y HECTOR MARINO CARABALI Marcha Patriótica.”

Seguramente, en cumplimiento de estas amenazas, se reportaron dos atentados homicidas recientes en el Norte del Cauca, cuyas víctimas, afortunadamente salieron ilesas. Se trató de NILSA UL ZAPE en la vereda de Morales, del mismo municipio y ALDEMAR ZUÑIGA en Lomitas, Santander de Quilichao (la misma zona donde atentaron contra la vida de Juan Manuel).

El día 1 de febrero, el Concejal de Buenos Aires ESAÍ APONZA CHARRUPÍ, colega de Juan Manuel Camayo, manifestó en sesión plenaria del Concejo su preocupación por las constantes amenazas hechas a la Mesa Municipal de Víctimas, de la que él hace parte y además había procedido a presentar la respectiva denuncia por estas amenazas ante la Fiscalía en Buenos Aires. Esaí también fue víctima de un atentado en días pasados cuando llegando a Suárez en compañía de su hijo, se dio cuenta que le habían cortado con segueta el buge de la motocicleta en la que se transportaban, lo cual pudo haber causado un grave accidente. Esaí no tiene dificultades con nadie en particular, excepto por las amenazas contra la Mesa de Víctimas, según lo manifestó él mismo ante el Concejo.

La única explicación posible: “Rehabilitación y Consolidación” territorial para el despojo.

El objetivo estratégico del capital transnacional ha sido acceder a territorios tanto para proyectos extractivos como para megaproyectos al servicio de la acumulación. El Plan Colombia, diseñado y redactado originalmente en inglés en los EEUU fue un instrumento fundamental al servicio de este objetivo(1). Con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, se combinaron acciones de guerra legales e ilegales involucrando a la fuerza pública y a escuadrones de la muerte en colusión, asesorados, financiados, entrenados y orientados por el Pentágono. Al igual que en otros países del continente como México, Guatemala y Honduras, la evidente colusión y articulación entre fuerzas del estado, escuadrones de la muerte, carteles del narco-tráfico y transnacionales para desplazar y someter poblaciones y reordenar los territorios para proyectos de acumulación capitalista, ha sido la característica esencial de este plan de despojo, terror, ocupación y exterminio en Colombia. En el 2002, como parte de la Fase II del Plan Colombia, se promulgó el Decreto sobre Zonas de Consolidación y Rehabilitación. Dicho decreto legalizó una arremetida y control militar de territorios de interés esencial para el capital transnacional tanto por las riquezas y recursos presentes en ellos como por la necesidad de desmantelar con el pretexto de la guerra, procesos indígenas, campesinos, populares de resistencia, autonomía y alternativa al capital desde territorios colectivos. La implementación del decreto que transfería estas zonas al control de comandantes militares bajo mando directo del Presidente de la República y con financiación directa de los EEUU y bajo orientación de sus asesores militares y firmas de mercenarios, incluyó acciones coordinadas con paramilitares con masacres, captura de presupuestos, partidos políticos y cargos públicos e instituciones en colisión con carteles del narcotráfico. Este gigantesco operativo de conquista se justificó una y otra vez con el argumento de rehabilitar zonas sometidas a la insurgencia armada expulsada por la fuerza, para consolidarlas articuladas y encadenadas a proyectos de acumulación del capital. Así llegaron concesiones mineras y de hidrocarburos a gran escala, monocultivos (caña de azúcar y palma africana, lo mismo que coca), hidroeléctricas, gigantescas obras de infraestructura vinculadas al comercio transnacional, todas articuladas a privatización de recursos genéticos, biológicos y naturales y de bienes comunes como el agua, los bosques y las tierras. Con el pretexto de la guerra y en la perspectiva de la “Rehabilitación y Consolidación” de la conquista y el despojo, todo el peso del terror, de la legislación y de los tratados de “libre comercio” se concentró contra pueblos arraigados a territorios que fueron identificados como obstáculos a este proyecto de acumulación global. Transnacionalización capitalista de los territorios para la acumulación en un contexto de crisis global a través de una guerra contra los pueblos en resistencia-alternativa arraigados a estos territorios.

“El Modelo no se negocia”: La paz de la rehabilitación y consolidación.

Bajo esta lógica y sin alterar en absoluto el objetivo estratégico del capital, se negocia la paz. Ahora mismo, los combatientes de las FARC se desplazan de los teatros de operaciones militares a zonas de concentración para su eventual desarme. Comenzarán en breve las negociaciones entre el Estado y el ELN. El fin de esta guerra, insurgencia-estado, que ha servido como pretexto para el despojo, debe servir, desde la perspectiva del capital, para acceder a los mismos territorios, riquezas y recursos a los que pretendieron acceder con la guerra. Es, la guerra por otros medios. Desmantelados los teatros de operaciones militares, los pueblos y procesos deberían poder consolidar su organización para no ser amenazados por unos y otros en la defensa de sus procesos y proyectos contra el despojo capitalista. Esa es la esperanza del fin de la guerra: no es posconflicto, sino, por fin, el conflicto sin que se le niegue con el terror y la guerra. Esto lo sabe el Estado al servicio de actores estratégicos del capital transnacional, lo sabe el Capital y debe actuar, está actuando en coherencia y consecuencia con su objetivo estratégico de reordenamiento territorial, rehabilitación y consolidación de la ocupación y del despojo. La guerra es ahora directamente contra los pueblos que protegen sus territorios del extractivismo y defienden sus culturas. Para eso se denomina “paz” al fin del conflicto armado insurgencia-estado. El aparato de terror militar-paramilitar-narcotráfico-Estado-Transnacionales, entra, como cuando se decretaron las zonas de rehabilitación y consolidación, a ocupar los territorios y a someter por la vía del terror, la cooptación y todos los dispositivos de captura combinados. Una vez más, la relación y coordinación entre estos actores e intereses viene siendo sistemáticamente negada por voceros oficiales al más alto nivel. Ante el asesinato de líderes y defensores en todo el país, “El ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, aseguró la semana pasada que fueron 58 las personas asesinadas durante el año que pasó. Y al igual que el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, y el viceministro de Defensa, Aníbal Fernández de Soto, el ministro Cristo señaló que no existe una sistematicidad en estos crímenes.” Simultáneamente, los recursos del posconflicto, las vanidades e intereses de poder, la ingenuidad y el engaño esperanzador, dividen, capturan, desmantelan de manera sistemática no sólo procesos de resistencia, sino también, dinámicas, mecanismos y espacios organizados de análisis y denuncia. El plan de Consolidación y Rehabilitación avanza ahora mismo y lo hace comprando consciencias, distrayendo y engañando, amenazando y asesinando y de nuevo, como siempre, negando que estén haciendo lo que están haciendo.

Cada uno de los panfletos ha sido analizado y hemos encontrado que la mayoría son falsas amenazas, son instrumentos de miedo entre la población y por eso los hemos podido descartar como fuente o indicio de grupos organizados”, afirmó el Director de Seguridad de la Presidencia de la República. Mientras tanto, los informes y testimonios del terror organizado y coordinado al más alto y sofisticado nivel llegan desde todas las regiones de Colombia. Por ejemplo, el informe titulado “Ocho días de operaciones neo-paramilitares de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia” de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz del 1 de febrero de 2017, las múltiples denuncias y testimonios de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, la denuncia reciente desde el Resguardo de Buena Vista en el Valle del Cauca y los atentados, amenazas y denuncias del Norte del Cauca que aquí relatamos, se suman a decenas de otros informes, testimonios y denuncias y al reciente asesinato de la líder indígena Yoryanis Isabel Bernal defensora de los derechos de la mujer Wiwa, asesinada el 26 de febrero en Valledupar, 15 días después del asesinato de la líder de CONPAZ Emilsen Manyoma y su esposo Joe Javier Rodallega, ambos degollados en Buenaventura, ambos previamente amenazados por apoyar la documentación de asesinatos y desapariciones forzadas para la Comisión de la Verdad. Tres asesinatos recientes de los 119 cometidos por toda la geografía de Colombia desde la firma de los acuerdos de paz. Todos, como el atentado contra Juan Manuel, Esaí, Nilsa, Aldemar, de acuerdo con la estrategia de encubrimiento, son consecuencia de “falsas amenazas” y casos aislados entre sí, sin ninguna “sistematicidad” entre ellos.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó: Con nuestra presencia apoyamos nuestro proceso

Obnubilados por las promesas o los recursos, enceguecidos por la posibilidad del poder y por la ilusión de una paz de discursos, recursos e imágenes, muchos de quienes hasta hace muy poco, de manera sistemática y valiente denunciaban el plan de terror para el despojo del capital, hoy buscan nido pragmáticamente dentro de esa maquinaria y silencian las voces que deben y quieren levantarse para que haya paz. Las voces que son objetivo militar del terror del capital que se está tomando el país. Nuestra solidaridad y denuncia no bastan. Tenemos que entender que si ellos rehabilitan y consolidan el territorio para su beneficio, será a costa de nuestro sometimiento y muerte. Para eso están asesinando. La paz de los pueblos sin dueños, no cabe en su modelo. Asesinos de oficio cumplen con el plan del posconflicto en coordinación con perfumados funcionarios y estrategas, cooptados líderes y organizaciones y un Nobel de la Paz que lo recibió a nombre de las víctimas mientras estas siguen cayendo.

Pueblos en Camino
Febrero 2 de 2017

  1. Sarmiento Angola, L. Plan Colombia conflicto e intervención. Nueva Sociedad. Marzo-Abril 2001. en http://antigua.mamacoca.org/junio2001/sarmiento_plan_conflicto.htm

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