Cauca -Colombia: El espacio, la muerte y el olvido

En diciembre de 1991 paramilitares asesinaron salvajemente a 20 indígenas nasa que se habían tomado pacíficamente la hacienda El Nilo – Caloto – Cauca. Un año después de peleas jurídicas fracasadas el gobierno aceptó la culpabilidad de este crimen, le pidió perdón al pueblo nasa y se comprometió en entregar 15.663 ha de tierra para la gente. Tras el incumplimiento de los acuerdos de reparación de víctimas por parte del gobierno colombiano, las comunidades del pueblo nasa volvieron a ocupar las fincas del norte del Cauca. Hace un año, el 16 de diciembre 2014 la comunidad de Corinto inició nuevamente la Liberación de la Madre Tierra y meses después se retoma de nuevo la finca de la Emperatriz en Caloto. Compartimos un poema del compañero Yanakona, Fredy Chikangana, quien escribe en memoria de los 20 nasas masacrados en El Nilo. Pueblos en Camino.

El espacio, la muerte y el olvido
En homenaje a los hermanos paeces (nasas) de Caloto 16 de diciembre 1991
Arriba, sobre el infinito del río Cauca
Arden y tiritan las estrellas, se agolpan, se acurrucan,
Algún horror observan desde su espacio indisputable.
Abajo, sobre las montañas
La noche huele a muerte; solo se escucha el llanto de los grillos
Y un murmullo que se lleva el viento.
Un niño llora por los caminos
Y sobre el vientre de la madre tierra la sangre se coagula,
A lo lejos un perro aúlla.
¡Oh dolor! de hermanos nasa masacrados, ¡Oh tristeza! que abofeteas nuestro honor,
¡Oh dioses! ¿Dónde estás?,
¡Oh noche misteriosa! ¿Qué balas asesinas rompieron tu silencio
Quebrantando voces indias?
¡Oh dolor! de hermanos nasa masacrados, ¡Oh tristeza! que abofeteas nuestro honor,
¡oh dioses! ¿Dónde estás?,
¡Oh noche misteriosa! ¿Qué balas asesinas rompieron tu silencio
Quebrantando voces indias?
¡Oh dioses! de la tierra, del viento, del tiempo,
¡Castiga a los culpables!, búscalos que en cualquier lugar se esconden
Y si el hombre no castiga, tú dioses, no olvides a tus hijos,
Muestra el camino que esclarezca la sangre derramada.
¡Oh noche! ¿por qué noavisaste que entre las sombras estaba el enemigo?
¡Oh árbol! ¿Por qué no caíste con tu astilla protectora?
¡Oh dioses! ¿Qué más designios vienen a nosotros?
¿Acaso no somos hijos de la tierra?
Es por la tierra que mucha sangre ha corrido miestras nuestros
Espíritus gritan desde el espacio infinito: Justicia, justicia, justicia.

 

Por: Fredy Chikangana
Poeta Indígena Yanacona

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