Hay granos de arena que forman montañas

Ubicado desde un lugar necesario, real, arraigado, Tomás Astelarra desborda el ámbito geográfico, político-administrativo de un país, de un estado-nación. Escribe desde el tejido de pueblos y pregunta. Bueno, escucha, reconoce las preguntas, que son desafíos compartidos y lo hace desde el hacer pensando la rebeldía, la transformación, sin fórmulas ni vanguardias. Desafíos compartidos. Desde los pueblos. Ámbitos distintos en medio de la misma coyuntura. Narco y mafiosidad como estrategias de acumulación e imposición para la supervivencia. Tema político, sin duda, en el ámbito del despojo global y de las búsquedas del cómo resistir y salir. Una mirada otra, una invitación a reconocernos en un nosotras y nosotros desde ámbitos colectivo-comunitarios en un contexto donde el capital penetra y controla, coopta y decide mientras nos impone fragmentar, separar y no ir identificando muy desde abajo y adentro experiencias, vivencias, prioridades y espacios a fuerza de lucha para respirar y pensar, sin abandonar las condiciones que nos asfixian, sin limitarnos a someternos a su ámbito para impedirnos tener una agenda propia. Pueblos en luchas y resistencias y en lucha, resistencia y alternativas al capital. Cabe mucho más que hemos negado en “la política”. Cabe y hay que nombrarlos desde allí donde asfixia y se busca tejiendo. Se trata de encontrarnos desde lo que se vive, se sufra, se lucha, para ser nosotras y nosotros frente y más allá de ellos. Acá no hay recetas, sino recorridos y preguntas frescas y necesarias. Asambleas para tejer luchando. Pueblos en Camino.

Hay granos de arena que forman montañas

 

 

“La sangre tiene razones que hacen engordar las venas. Pena sobre pena y penas hacen que uno pegue el grito. La arena es un puñadito. Pero hay montañas de arena”, decía Atahualpa Yupanqui en su Payador Perseguido.

 

Había una alegría exultante en el ambiente. Bajo el inclemente sol los vecinos del barrio Moreno, militantes del M26 (Movimiento 26 de abril) del Frente Popular Darío Santillan golpeaban los bombos y coreaban murgueras revindicaciones sociales y de justicia. Adentro del Palacio de Justicia de Rosario, en juicio oral, un tribunal dictaba una condena de entre 24 y 32 años a los narcoasesinos de Jere, Mono y Patón, tres jovenes vecinos y militantes del M26. Era el triunfo de la vida frente a la muerte. De la organización frente a un estado, en el mejor de los casos, impotente de ejercer la justicia. En el peor de los casos un estado criminal. En medio de una cobertura mediática sin precedentes para un hecho de estas características, frente a la evidente y sana alegría de los vecinos y militantes, amparado por la sombra de una carpa estructural, tomando agua y fumando un cigarrillo, mi distancia con los hechos me permitía dos reflexiones. La primera no era esperanzadora. Si bien evidente consuelo, ¿que cambios estructurales provocaba el fallo en la criminalización de la pobreza, el avance del narcotráfico, la corrupción de las fuerza policiales y el amparo de la justicia institucional frente a los miles de pibes que día a día mueren acribillados en los barrios? Eran cuatro perejiles, cuatro otros pibes de barrio que eligieron una forma de vida entre las pocas que se le presentaron, quizás con algo de comodidad y falta de información o voluntad de cambio, condenados a un sistema carcelario espeluznante que seguramente no modificará su accionar en el futuro. Por otra lado, era evidente que el gobierno socialista rosarino estaba utilizando mediáticamente el juicio para brindar a la población un mensaje: nosotros juzgamos al narcotráfico. Un mensaje evidentemente falso, insisto, por falta de capacidad o falta de voluntad (complicidad). 

 

 

La segunda reflexión respondía a la primera y era asombrosamente esperanzadora. ¿Qué es lo que hacía que esos otros tres pibes de barrio que habían elegido y visto truncado por las balas el camino de la esperanza, el trabajo comunitario, fueran elegidos como mensaje mediático, consiguieran la atención de una justicia y un poder político que raramente pone su vista en los pobres si no es para condenarlos? La organización barrial, comunitaria, ligada a una red de otras organizaciones, intelectuales, medios independientes, abogados y otros seres que dieron visibilización al reclamo de justicia de las familias, que lejos de aceptar el hecho como una fatalidad, militaron la esperanza y más allá de la condena, situaron a sus hijos como un referente de una generación que no opta por el narcotráfico y el consumo, la esclavitud laboral o el individualismo. ¿Qué es lo que hace que Luciano Arruga, Atahualpa Martinez Vinaya, Kevin Molina, Daniel Solano sean nombres visibles en medio de una anónima multitud de pibes asesinados? La voluntad familiar ligada a la organización local ligada a organizaciones nacionales. Inútil, evidentemente falso, caricaturescamente ridículo, que el estado, el gobierno y el sistema judicial pudiera adjudicarse ese “triunfo” de la “justicia”. El triunfo era de la sociedad, de la organización comunitaria, del pueblo. Y esa señal, inocentemente replicada en los medios masivos de información ligados al poder, tenía un mensaje claro: solo la organización comunitaria puede brindar o reclamar justicia para nuestros pibes. ¿Cuantos rosarinos habrán entendido ese mensaje que no incluye sólo el reclamo de justicia sino también se enlaza con la posibilidad de brindar alimento, trabajo, salud y educación frente a un estado y una empresa empeñada, por falta de capacidad o voluntad, en hacer lo contrario? 

 

 

Las otras patas del narcotráfico.

 

Dice Carlos del Frade, periodista y militante rosarino y parte de la Comisión Investigadora Independiente por el triple crimen de Moreno : “Mientras los grandes medios de comunicación y las redes sociales afirman que la expectativa de vida llega hasta pasados los setentas años, este avance científico no llega a muchas pibas y pibes de estas regiones ¿Qué hacemos nosotros ante esta realidad? El narcotráfico es el ciclo capitalista actual de acumulación de dinero fresco e ilegal, que alimenta otras actividades legales. Y junto a las armas conforman esa manera de concentrar efectivo sin rendir cuentas a nadie. Hay muchas armas y muchas drogas entre los pibes y el pueblo en general porque así se mantiene el sistema. Luchar contra el narcotráfico es luchar contra el capitalismo”. Dice Raúl Zibechi, periodista y militante uruguayo: “Usualmente se suele hacer una separación entre el narco y el capitalismo o el estado como si fuera algo anormal, pero la forma de acumulación capitalista es una forma de guerra, de destrucción de los pueblos, y es muy similar a la de los narcos. Si uno observa el resultado de la actividad narco, es un enriquecimiento de actores, de personas, de familias… en una empresa rigurosamente capitalista, usando métodos de extrema violencia. La minería, los hidrocarburos, la soja…tienen formas similares. Por otra lado vemos que hay una confluencia de intereses entre narcos, policías, militares, burgueses, que están seriamente interesados en aniquilar al movimiento popular, en destruir el tejido social, todo aquello que pueda ser una resistencia a sus intereses. Por otro lado el lavado de dinero del narco ha permitido que la banca financiera siga existiendo”. Dice la intelectual y activista mexicana Raquel Gutierrez en referencia a las protestas populares exigiendo justicia en México por los 43 estudiantes de Atyonzinapa y tantos otros miles de desaparecidos: “Desde comienzo de la guerra contra las drogas, en la narrativa oficial, todo lo que pasaba, todas las muertes que goteando han llegado al número patético de 80.000 personas asesinados y 20.000 desaparecidos, tenían que ver con el narco. Esa narrativa esta rota y no puede ser recompuesta y cambia la manera en como sociedad vamos comprendiendo las cosas. Por eso estamos diciendo: “No fue el narco, fue el estado”. Atyonzinapa mostró la punta de un iceberg, una trama de complicidades entre actividades empresariales legales, fuerza policiales, con una presencia muy difundida del ejército. El discurso conexo con la guerra contra el narco era el de la corrupción, como si hubiera instituciones políticas que funcionaran y que simplemente a veces se corrompen, Lo que se exhibió  en Atyonzinapa fue el hecho de que la estructura política permite que empresariados que representan vínculos con lo criminal y lo no criminal, compran la actividad política, tienen un mercado político. Es esta trama oscura de complicidades la que se ha roto y eso es lo que nos tiene en este estado de alerta y movilización. Porque por fin vamos pudiendo entender y nombrar lo que está pasando”.

 

 

La situación mexicana es un evidente calco de la colombiana años atrás. No es casual. Durante años, el capitalismo ha desarrollado y experimentado la tecnología narcoparamilitar en Colombia, comprobando que es una herramienta efectiva para la acumulación de capital, la extracción indiscriminada de recursos naturales, el despojo del territorio de los pueblos, la erradicación de cualquiera resistencia, amen del exterminio masivo de la población sobrante. Es el modelo a imponer en toda Latinoamérica. ¿Sino como es posible que el mayor genocida y etnocida de la historia contemporánea del continente, con un extenso prontuario de vinculaciones al narcotráfico y al paramilitarismo, un tal Álvaro Uribe Velez (dizque elegido como el hombre del siglo por los propios colombianos en el History Channel) de la vuelta al mundo asesorando gobiernos en políticas de seguridad, sacándose la foto con candidatos presidenciales como Mauricio Macri o Sergio Massa, reuniéndose (aunque sin foto) con diferentes funcionarios del gobierno nacional argentino? Ningún gobierno por más progresista que suene escapa a esta geopolítica capitalista. ¿Si no cómo se explican los acuerdos de seguridad interior firmados por el gobierno de Evo Morales con el de Colombia, en manos de Juan Manuel Santos, evidente continuador del modelo de Uribe por más que se empeñe en sostener lo contrario? La continuidad de políticas de judicialización y criminalización de las voces disidentes al desarrollo capitalista hoy encarnado por el “proceso de cambio” boliviano, la sanción de leyes represivas para los pueblos como la nueva Ley de Minería, despiertan una señal de alerta en el más indígena y progresista de los gobiernos de la región. 

 

¿Y ahora quién podrá defendernos?

 

Alguien podría sentir terror y pensar que estamos desamparados. Pero dizque que no, que la esperanza había estado en el pueblo. En la organización popular y su capacidad no sólo de generar nuevas propuestas de sociedad, economía, justicia, educación, salud y formas de hacer política, sino también de exigir a la antiguas y corruptas formas institucionales de modificar la forma en que lo hacen. No es casual que Jere, Mono y Patón pertenecieran al M26 que forma parte del Frente Popular Darío Santillan, movimiento de organizaciones bautizado en honor a un militante asesinado por el estado el 26 de junio de 2002 en plena efervescencia de las protestas sociales, de los piqueteros, el que se vayan todos. Un cuadro de primera línea que no sólo se encargaba de la autodefensa y comunicación de su organización, sino que también había encarado una toma de tierra para la construcción de viviendas sociales y una bloquera (emprendimiento de producción de bloques de cemento para la construcción). Es la misma bloquera que hoy da trabajo a una serie de compañeros del FPDS al igual que otros emprendimientos productivos que van de textiles y panadería a huertas orgánicas y redes de distribución de la economía social en alianza con otros movimientos sociales, sindicales, indígenas y campesinos. Sin dejar de lado la protesta social e incluso reclamándole al estado fondos sociales que amplifican con su propia actividad redistribuyendo el trabajo y las ganancias en sistemas que hasta contemplan los préstamos informales entre organizaciones. “Uno dice: es a pequeña escala y pasaron diez años, pero para nosotros son elementos de cambio que van dejando una huella histórica. No es que se cambió la sociedad ni se cambió una lógica de pensar la producción, pero se demostró en una escala testimonial que es posible que los compañeros laburen y vivan con una subjetividad distinta, menos alienada, menos explotada”, aclaraba Pablo Solana, ex vocero del FPDS a diez años del 2002 en el complejo Roca Negra, que también cuenta con una radio comunitaria y un bachillerato popular. “Si vos venías hace diez años nos encontrabas quemando gomas y hasta quizás te comías un palazo. Hoy ya tenemos alimento, ya tenemos trabajo, y hasta podemos pensar en otras cosas, como recibirte bien. Yo una vez dije que si queríamos cambiar la realidad ahí tenía que haber una escuela. Lo dije como un sueño. Hoy la escuela ya tiene egresados”, comentaba Carlos, militante del FPDS y parte del emprendimiento de herrería. 

 

 

Vuelve a hablar Zibechi: “Hoy la principal lucha a corto plazo es la lucha contra la impunidad y de esa manera ir despertando luchas en todos los lugares que sea posible. Sería muy presuntuoso decir: este es el camino. Los que dicen: este es el camino, son los que ya tienen un camino, que son las elecciones y llegar al gobierno, y conseguir un lugar a la sombra del poder. Es un camino que está probado y que el capital acepta. Lo que yo creo que es un camino inútil. Ese es un fenómeno que hay que tomarlo en cuenta. Las instituciones en Europa son burguesas, y la izquierda entonces es burguesa. En Latinoamérica la institución es narco, entonces la izquierda puede transformarse en una izquierda narco. El zapatismo es el ejemplo mas acabado de este tipo de nuevas estrategias. no es el único camino, cada lugar tendrá que crear su estrategia. Los movimientos populares tienen que actuar como el campesino ante una planta nueva. Cuando hay una planta nueva que esta creciendo, el campesino no la pone en medio de la calle que la pisen, sino que la protegen. Los movimientos lo que tenemos que hacer es proteger una parte de nuestra estructura. Si no estamos entregados a los medios, la inteligencia, a la represión y la perversión. Decidir la visibilidad cuando sea conveniente pero no visibilizarlo todo el tiempo. Los militantes tenemos que saber que esto no es para dos días, sino que se necesita una militancia permanente. El pueblo a veces se desespera y lucha y está muy bien, pero hay una organización de actividades cotidianas, de abrir espacios que es fundamental, si la cual las energías populares se dispersan o alguien la utiliza pa conseguir un cargo”. 

 

Vuelve Gutierrez: “Este proceso de protesta es paralelo a la construcción de sistemas autónomos, hasta de justicia paralelos, de autonomías, vuelve el que se vayan todos, formas de autogobierno. 

 

 

Las cosas cambian lento y de fondo, los zapatistas han dado un apoyo muy claro, salieron 20000 bases de apoyo con la consigna “su dolor es nuestro dolor”. Los padres de las víctimas de Atyonzinapa han ido a visitar a los zapatistas. Por otro lado tienes las escuelitas zapatistas donde del orden de 6 o 7 mil personas han ido a la zona zapatista en Chiapas a aprender cómo es esta construcción lenta de otra manera de vivir a partir de aprender tomar acuerdos, regular las convivencia colectiva, dotarse de fines y ejecutarlos. Esto está sirviendo enormemente para pensar que no podemos seguir pidiendo al estado que se recomponga, no se puede, ya se vio su grado de podredumbre una y otra vez. Ya algunos cuestionan en las movilizaciones que no estamos hablando con el poder porque el poder no va a darnos nada. Estamos hablando entre nosotros mismos y tenemos que mantener una movilización que permita reorganizar de manera general nuestra forma de vivir. Eso es muy potente. Eso es parte de la vieja tradición zapatista cultivada por las comunidades insurrectas de Chiapas, que han estado construyendo su propia capacidad de autogobierno y defendiendo su territorio. Ahora, cómo lo piensas eso en el conjunto de la República es la pregunta del millón. Eso es en lo que estamos tratando de entender”.  

 

Comunidades en transición.

 

La experiencias son numerosas, a veces invisibilizadas, desde las ancestrales tradiciones del ayllu y la justicia comunitaria en Bolivia, a nuevas construcciones de organización indígena campesina como el zapatismo o la experiencia de los pueblos del Cauca colombiano, a procesos como el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) encarado por el sindicato Sinaltrainal,  que permitió, además de un juicio oral en manos de representantes y referentes de organizaciones sociales de todo el mundo, la recopilación de información que construyera un mapa del saqueo multinacional a través de la tecnología narcoparamilitar en Colombia. Por supuesto que frente a la evidente violencia mundial, también surgen las autodefensas, la guerra de guerrillas, las milicias campesinas aymaras, los ponchos rojos, no como forma violenta de tomar el poder institucional, sino como mecanismos de preservar el poder local, el autogobierno, en tiempos de evidente zozobra en el esquema de desarrollo humano. Cuentan con una importante ventaja frente al apabullante poder armamentístico del capitalismo: el conocimiento y capital social sobre el territorio.

 

 

“Es una crisis, un engaño transitorio, pero hay mucha experiencia acumulada. El capital está arremetiendo, tomó la iniciativa agresivamente, si no te cooptan te asesinan. Es difícil seguir construyendo frente a la escasez de recursos y situaciones de coerción dura. Por el momento va ganando es la posibilidad de consumir, impregnada por la cultura del narco, hay en esencia un problema ético. Le doy la espalda a todo lo que soy y los que siento y me someto. Pero hay personajes que no necesitan agua potable ni tecnología, y van reclutando en la penumbra. La lección es que el consumo no afecta al de al lado, ni al enemigo, sino a mi también. Imaginate si aprendemos eso. Nadie nos derrota. Si Bolivia es capaz de retomar eso, de volver a los ayllus, no encerrarse en el pasado y retomar posiciones. “El capital se va pa atrás”, opina Manuel Rozental, colombiano, exilado y arraigado a varios pueblos y procesos, médico, comunicador, actual editor de Pueblos en Camino, con una importante experiencia en el Cauca donde creó el Tejido de Comunicación. Es que hay granos de arena, que forman montañas.

 

 

 

 

Tomás Astelarra

Diciembre 14 de 2014

 

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